Opinión / Columna
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Juan José González Figueroa
El caso Sectur y el recorte de las neuronas
El Sol de México
9 de octubre de 2009
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En 1973, en los tiempos de Luis Echeverría Álvarez como presidente de la República, el Departamento de Turismo dejó de ser tal para convertirse en una Secretaría de Estado que resultaba estratégica para apuntalar la imagen de un México contemporáneo que pugnaba por alcanzar el desarrollo. Ese año Agustín Olachea dejó la titularidad en la cartera de Turismo y el Presidente de la República designó a Julio Hirschfield Almada nuevo secretario de Turismo.
La jugada era magistral. El Gobierno federal, acusado de populista y de alentar posiciones radicales que incomodaban a los sectores empresariales conservadores, le hacía un guiño a la iniciativa privada y daba espacio a un cuadro hecho, formado, en la doctrina del libre mercado. Además, la Secretaría de Turismo, que a partir de entonces se denominó Sectur, se constituyó como verdadero eje captador de miles de millones de dólares. En ese tiempo los recursos petroleros eran exiguos. No se captaban las divisas que posteriormente se obtuvieron. Al contrario, se tenía que comprar gasolina al exterior. La materia turística era, por tanto, pieza clave tanto económica como política.
Sectur regulaba el mercado turístico. Promovía eventos nacionales e internacionales que iban desde los tianguis turísticos hasta los certámenes Señorita Turismo. Sectur se conjuntaba a la perfección con el Consejo Nacional de Turismo, que encabezaba el expresidente Miguel Alemán Valdés. Sectur, en pocas palabras, dictaba la letra, el cómo, cuándo y por qué en el sector. Por ejemplo, su Dirección de Servicios Turísticos y Empresas Privadas ejercía supervisión y control de tarifas y servicios en hoteles, restaurantes, agencias de viajes; y, por supuesto, preparaba los cuadros de guías de turistas que ilustraban a los visitantes extranjeros. Impensable limitar a Sectur. ¡De locos pretender desaparecerla!
Ahora, en 2009, luego de despilfarrar los cientos de miles de millones de dólares que generaron al país las exportaciones petroleras (tema que debiera explotar cualquiera de las fracciones parlamentarias de oposición con el fin de que el señor Fox explicara los pormenores de su administración catastrófica), al gobierno de Felipe Calderón Hinojosa no se le ocurre otra forma para atenuar los negativos efectos de la crisis económica que desaparecer secretarías de Estado y, por supuesto, despedir personas, generar más desempleo.
¿Cuáles son las razones para eliminar de un plumazo Sectur? Hasta el momento nadie del gabinete presidencial lo ha explicado. Simple y llanamente se ha dicho que se ahorrarán recursos al cerrar dependencias. El inepto Rodolfo Elizondo, mejor conocido entre los decentes panistas como El Negro Elizondo, no ata, no da pie con bola; vamos, ni siquiera balbucea una defensa. Sucede que Sectur desde hace años, desde antes de la llegada del panismo, dejó de ejercer supervisión y control sobre el ramo turístico. Se entronizó el capitalismo a lo salvaje; no fue el dejar hacer y dejar pasar; fue, en pocas palabras, que cada quien hiciera lo que se le diera la gana. Por allí anda un expediente, el relativo a la gestión de un señor de apellido extranjero en el Fondo Nacional de Turismo (Fonatur), que ejemplifica el caos.
Al gabinete presidencial parece que le queda demasiado grande el traje. No pueden y recurren a la salida fácil del recorte. Más bien les recortaron las neuronas hace mucho tiempo y son incapaces hasta el momento de diseñar una estrategia que permita obtener del turismo más recursos económicos. ¿Cómo? Empezando por designar en Sectur a alguien que conozca el ABC de la materia; a alguien que convoque a propios y extraños para que aporten en un rubro que no es como el petróleo, que resulta renovable y que no se acaba ni en este ni en el próximo sexenio. Los destinos de playa, arqueológicos y culturales, los tenemos a montón. Señores del gabinete ¡por favor, a trabajar y olvídense de la desaparición de Sectur y de la generación de desempleo. Ambas fórmulas resultarán al tiempo explosivas y todos, más temprano que tarde, seremos afectados.