Opinión / Columna
 
Pablo Marentes 
Aniversarios
El Sol de México
7 de octubre de 2009

  En 2011 habrán transcurrido quinientos años del naufragio de Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar frente a las costas de Quintana Roo. En 2007 se cumplieron cuatrocientos años de haberse iniciado las obras de desagüe del Valle de México. El año próximo, celebraremos el bicentenario del inicio de la Guerra de Independencia y el centenario del comienzo de la Revolución mexicana.

Gonzalo Guerrero es el náufrago español que se integró en 1511 a una de las culturas y sociedades que encontraron los adelantados españoles cuando iniciaron la exploración de los variados territorios del continente americano. Guerrero se casó con una mexicana de ascendencia maya con la que procreó los primeros dos o tres mexicanos cuyas proporciones de genes son iguales a las que tenemos el 95 por ciento de quienes hoy vivimos aquí y casi el 100 por ciento de quienes han emigrado. El amor por su mujer y sus hijos lo enfrentó en combate a los soldados de Hernán Cortés. Es un mexicano por adopción, por vocación. Los hijos de Guerrero no fueron producto de la violación mítica de la Malinche, de quien todos los mestizos somos hijos.

Las obras del desagüe del Valle de México iniciadas en 1607 por Luis de Velasco durante el primer año de su segundo virreinato, fueron realizadas por ingenieros, técnicos, maestros de obras, canteros, oficiales, aprendices y albañiles de aquí, entonces y hoy. En 1998, 391 años después, se concluyeron los desahogos pluviales finales que evitan que las atarjeas aledañas al Zócalo regurgiten e inunden el corazón del Centro Histórico.

El 16 de septiembre de 1810, Miguel Hidalgo, cura de la ciudad de Dolores, toca a rebato la campana de su iglesia parroquial. Y soltó la insurrección. El movimiento, precursor de otros en el continente, no es solamente político: persigue transformaciones económicas y sociales que hoy 200 años después, siguen en curso.

El 20 de noviembre de 2010 habrá transcurrido un siglo del estallido en Puebla de la Revolución mexicana. La secuela que se inicia a partir del asesinato del presidente Madero el 22 de febrero 1913 y la promulgación del Plan de Guadalupe el 26 de marzo, es señalada por la historiografía contemporánea universal como la primera revolución social del siglo XX y una de las más cruentas. En los veintitrés años que transcurren entre el 5 de febrero de 1917, y el 1 de septiembre de 1940, se establecen las bases de uno de los más vastos y complejos procesos de transformaciones políticas, económicas, educativas de la historia contemporánea.

La importancia nacional y universal de cada proceso enumerado, hacían indispensable la reflexión en torno a ellos en esta primera década del siglo XXI. Habría sido pertinente sacarlos de las oscuras gavetas en donde los encerraron hace 20 años.

Ninguna proposición de instituciones de investigación histórica, o de historiadores serios, fue escuchada para definir la agenda de conmemoraciones. En cambio proliferan las ediciones de narraciones rebuscadas, pletóricas de anécdotas inconexas, presentadas en mentirosa secuencia que permite a los historiadores por encargo, calificar a la historia de México como una sarta de traiciones y atentados en contra de la nación. Ni un solo protagonista, ni un episodio escapa al variado y amplio acervo de calificativos denigrantes que les adjudican los autores de los best sellers. Los mexicanos "somos" bandidos, mentirosos, tranzas. El mexicano es corrupto por atavismo. El mexicano es traidor. Desde Acamapichtli y Huitzilihuitl hasta Belisario Domínguez, pasando por Hidalgo, Morelos, Ocampo, Lerdo, Juárez, Felipe Ángeles, Emiliano Zapata, Francisco Villa, en cada hecho que registra la historia mexicana todos han actuado como grandes farsantes, inventivos mentirosos, vituperables delincuentes. Ningún personaje histórico mexicano le llega a los talones a los de "allá". "Allá" significa Estados Unidos y Europa occidental. México, concluyen los historiadores de nómina, es producto de la corrupción, del asesinato político, de los engaños, del incumplimiento de la palabra dada.

Las generaciones que cursan la secundaria, la preparatoria ahora leen únicamente la basura histórica que les hace ignorar que México ha sido un país siempre asediado. Que Miguel Hidalgo se enfrentó a 300 años ininterrumpidos de arbitrarias decisiones burocráticas, eclesiásticas y militares. Que la pérdida de la mitad del territorio no se debió a la estupidez o la siesta de un irresponsable, sino que fue producto de una trama expansionista urdida muchos años atrás. Que Lincoln no ayudó a Juárez cuando Napoleón III invadió México. Que Francisco Madero fue víctima de un diplomático estadunidense dipsómano, mentiroso y torpe y de un general irresponsable.

¿Por qué califican los encumbrados burócratas a 100 millones de mexicanos como ignorantes contumaces? ¿Porqué no decidieron conmemorar la Independencia y la Revolución con sencillos pero bien redactados textos, que describieran, que redescubrieran, que reseñaran el difícil camino que han tenido que recorrer miles de generaciones de mexicanos desde hace 500 años? Lo agradecerían los únicos cien millones que se quedarán en este pobre y desesperado territorio, ahora que los buenos, encabezados por el mejor, decidan vivir en Estados Unidos, Canadá o en algún país de Europa occidental, donde todo es bueno, sano, seguro, civilizado y...¡wow! ¿Veees?

ticobrae@gmail.com
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas