Opinión / Columna
 
Alejandro Díaz 
La década de Brasil
El Sol de México
6 de octubre de 2009

  El que la ciudad de Río de Janeiro haya sido elegida para celebrar los Juegos Olímpicos 2016 no es casualidad. Después de los XV Juegos Panamericanos en 2007 y del Campeonato Mundial de Futbol 2014, los Juegos Olímpicos de Río 2016 culminarán la inserción de Brasil en el mundo moderno como nueva potencia mundial. La designación de Río confirma lo exitoso que ha sido el gobierno de Luiz Inácio "Lula" da Silva en su tarea de insertar a su país en actividades diplomáticas, culturales, deportivas y empresariales en el concierto de las naciones. Una de las naciones conocidas como BRIC (Brasil-Rusia-India-China) y parte del G-20, sólo le falta lograr llegar a ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

A pesar de su protagonismo, los problemas de Brasil no son pocos ni son menores. Un país enorme de una población concentrada en la costa oriental y con problemas de comunicación que se complican por su tamaño y sus territorios no habitados. El quinto país más grande y el sexto más poblado de la tierra, Brasil tiene una distribución de la riqueza aún más inequitativa que la de nuestro país pues su índice de inequidad según Gini es de 56.7 (México 47.9, Estados Unidos 45.0, y 25.0 los países escandinavos). También carece Brasil de suficiente inversión y de buena infraestructura; padece de una educación deficiente, una alta criminalidad, exceso de burocracia y corrupción, males que compartimos por desgracia casi todos los países de América Latina.

Aunque Brasil ya ha logrado eliminar el hambre, aún el 24 por ciento de sus casi 200 millones de habitantes siguen estando en la miseria (en México las estadísticas muestran que por la crisis la pobreza extrema ha crecido del 14 al 18 por ciento). A pesar de que ese país está fuertemente industrializado (aviones, automóviles, barcos, maquinaria pesada, equipo militar, etcétera.), su ingreso medio por habitante en 2008 fue dos terceras partes del de México, aunque esta situación cambiará en el futuro por su menor dependencia de exportaciones a Estados Unidos, lo que hará que salgan más pronto de la recesión y vuelvan a crecer a ritmos de 4.6 por ciento anual, como lo hacían antes de que la crisis internacional se impusiera.

Lula asegura que, por su dinamismo, Brasil se convertirá en la quinta economía mundial (actualmente es la octava) en una década. Afirma que crecerán producción, exportaciones y empleo hasta llegar al nivel de las economías desarrolladas, y que tanto el Mundial de Futbol 2014 como los Juegos Olímpicos 2016 serán la mejor muestra del alto nivel alcanzado, lo que hará que más de 21 millones de turistas lo visiten anualmente.

En los 113 años de Juegos Olímpicos de verano, Sudamérica nunca ha organizado una Olimpiada, y el reto para Brasil, y para Lula, es enorme. El 85 por ciento de los brasileños apoya la celebración de los Juegos Olímpicos aunque voces discordantes afirmen que los 28,000 millones de dólares requeridos para infraestructura deportiva, habitacional y de transporte que se han utilizado, o que se requerirán para la celebración del Mundial y de los Juegos Olímpicos podrían ser mejor empleados en solucionar la carencia de escuelas, hospitales y vivienda de todo el país.

Sin duda Lula es el presidente brasileño más popular en los últimos 100 años, y su partido podría quedarse en el poder durante largo tiempo si la constitución le permitiera a él reelegirse. Pero respetuoso de las normas, a diferencia de presidentes de dos países vecinos, Lula no modificará la constitución; esperará los cuatro años que prevé ésta para poder volver a postularse.

Sin embargo, al Partido dos Trabalhadores (PT) le falta suficiente unidad y, sobre todo, otro líder carismático que pueda suceder a Lula en la presidencia, a pesar de los éxitos que Lula ha logrado para Brasil. Es posible que su antecesor, Fernando Henrique Cardoso, o su adversario en 2002, el gobernador de San Pablo, José Serra, lleguen a ser quienes continúen su tarea, aunque nada descarta que el propio Lula regrese para contender en 2014 y así cerrar con broche de oro la década de éxitos de Brasil. Sin duda, Lula merece inaugurar los Juegos Olímpicos de Río 2016 que se lograron gracias a su trabajo y a su carisma.

alediaz@elsoldemexico.com.mx
 
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