Opinión / Columna
 
Enrique de la Madrid 
Adiós a un revolucionario
El Sol de México
3 de octubre de 2009

  El agrónomo, genetista, fitopatólogo y humanista Norman Borlaug, también conocido como el padre de la Revolución Verde y de la agricultura moderna, falleció el pasado 12 de septiembre en Dallas a la edad de 95 años. Según palabras del Primer Ministro de la India, Manmohan Singh, "la vida y obra de Borlaug fueron testimoniales de las grandes contribuciones que un hombre puede hacer por la paz y el progreso".

Y efectivamente fue una trayectoria digna de admiración. Borlaug llegó a México en 1944 como fitopatólogo asociado al Programa Mexicano de Cooperación Agrícola. Este proyecto conjunto entre la entonces Secretaría de Agricultura y Fomento y la Fundación Rockefeller tenía el propósito de sanear las cosechas de trigo que eran constantemente devastadas por la roya de tallo. Tras varios esfuerzos, el científico norteamericano logró desarrollar las primeras variedades de trigo en 1948 -Kentana 48 y Yaqui 48- resistentes a estos hongos, permitiéndole a México aumentar sus niveles de producción de trigo y alcanzar su autosuficiencia productiva en 1956. Cabe destacar que 1955, el programa conjunto ya había arrojado cerca de seis mil cruces de trigo inmunes a los hongos.

Tras dos décadas de trabajo con científicos mexicanos, Borlaug desarrolló en 1962 dos derivados de trigo enano -del grano de trigo Norin 10, Pitic 62 y Pénjamo 62- que permitieron alcanzar rendimientos dos a tres veces mayores a los de las variedades clásicas. Esto permitió que el país exportara hasta medio millón de toneladas de trigo a principios de la década de los años sesenta y que entre 1961-1965 y 1982-1984, la producción mexicana de trigo y maíz aumentara en un promedio de 5.1 y tres por ciento anual respectivamente.

De hecho, a partir de 1960, se lanzaron en cerca de 50 países más de 400 variedades derivadas de las cruzas de trigos desarrollados en México. Algunos de estos países fueron la India, Pakistán y Turquía, cuyos rendimientos productivos por hectárea se incrementaron aproximadamente en un 250 por ciento, así como, China, Israel y la exUnión Soviética, entre otros. Esto permitió que la Revolución Verde se expandiera principalmente a los países subdesarrollados, evitando así una hambruna mundial en la segunda mitad del siglo veinte.

Todos estos logros hicieron a Norman Borlaug merecedor del Premio Nobel de la Paz en 1970, quien, convencido de que "no habrá paz en el mundo con estómagos vacíos", declaró en 1975 que la agricultura y la ganadería deberían ser prioridad de inversión sobre todos los demás sectores con el fin de erradicar el hambre en la humanidad. El deceso de Borlaug no sólo representa la pérdida de un gran científico y humanista, sino una gran responsabilidad adquirida por las generaciones presentes y futuras para erradicar el hambre a nivel mundial.

En la actualidad se calcula que el número de hambrientos a nivel mundial es de mil millones de personas, cantidad alarmante que, sin embargo, representa la menor proporción que se ha registrado en la historia con respecto a la población total y que incluso representa una cifra inferior al número de personas con sobrepeso y obesidad. No obstante, el reto actual de la agricultura mundial radica en la producción de 70 por ciento más de alimentos para dos mil 300 millones de personas adicionales para el año 2050.

Los próximos 12 y 13 de octubre se llevará a cabo por la FAO, en Roma, el foro sobre "¿Cómo alimentar al mundo en el año 2050?", que servirá de antesala para la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria del 16 al 18 de noviembre próximo. El logro de las metas propuestas depende en gran medida de los acuerdos y la voluntad política de los gobiernos y sus respectivas sociedades para promover el desarrollo productivo sustentable y erradicar el hambre.

edelamadrid@financierarural.gob.mx
 
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