Opinión / Columna
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Corresponsal en Francia
Carlos Siula
Empiezan los dolores de cabeza para Merkel
Organización Editorial Mexicana
30 de septiembre de 2009
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París, Francia.- Las exigencias del Partido Liberal Demócrata (FDP), que reclama cuatro ministerios importantes en la próxima coalición de centro-derecha, pueden convertirse a corto plazo en un dolor de cabeza para la canciller alemana Angela Merkel.
El líder liberal Guido Westerwelle aspira a ser designado, conforme a la tradición, como vicecanciller y ministro de Relaciones Exteriores, y pide para su partido Finanzas, Justicia y otro puesto relevante, además de otras carteras ministeriales y secretarías. Para no comprometerse directamente, expuso sus condiciones de forma clara a través del dirigente Philipp Rösler: "Aunque somos más pequeños que [sus antiguos aliados] socialdemócratas, pensamos defender el FDP piensa defender sus posiciones con más energía que el SPD".
Angela Merkel mantuvo su sangre fría y reiteró que se tomará un largo período para reflexionar con serenidad y sin apremios en la formación del nuevo gobierno. Su objetivo en materia de plazo consiste en tener listo el gabinete para el 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre. Pero ya anticipó que aprovechará el cambio de coalición para aumentar el peso de la democracia cristiana en el gabinete y darle al Partido Liberal Demócrata (FDP) el peso que les corresponde en función de su caudal electoral. Eso explica la airada reacción liberal.
Merkel, que obtuvo un mandato extremadamente condicionado para dirigir el país hasta 2013, dijo que le gustaría tener formado el nuevo gobierno para "recibir a los jefes de Estado y de Gobierno que llegarán a Berlín" para asistir a esa histórica celebración.
El proyecto de reducir el peso específico de sus aliados, sin embargo, amenaza con transformarse en la primera fricción con Westerwelle, que surgió de las elecciones legislativas del domingo pasado como el hombre clave del nuevo tablero político. Apoyado por más de 14 por ciento de los votos -que constituye el mejor resultado electoral en la historia del FDP-, Westerwelle advirtió que no aceptará modificaciones en la relación de fuerzas dentro de la coalición.
El equilibrio 50-50 que caracterizó la Grosse Koalition que gobernó desde 2005 a 2009 traducía simplemente el peso respectivo de los aliados. Los dos aliados habían obtenido un virtual empate en las urnas, que arrojó una fuerza equilibrada en el Bundestag: 226 diputados de la democracia cristiana y 222 del Partido Social Demócrata (SPD).
En el próximo Parlamento, en cambio, la CDU/CSU de Merkel tendrá un bloque de 241 legisladores contra 93 del FDP.
La segunda divergencia puede surgir de la diferencia de métodos que tienen los dos aliados para abordar las prioridades de la agenda política y económica.
La principal urgencia consiste en decidir las medidas de acompañamiento necesarias para sostener la reactivación económica. La recuperación que comenzó a insinuarse en el segundo trimestre no modificó la reticencia de los bancos a facilitar el crédito, sobre todo a las pymes, que representan la columna vertebral de la economía germana. El incesante aumento del desempleo, que afecta a 3.9 millones de personas, es otra prioridad que deberá enfrentar la coalición. Pese a todo, las perspectivas para el periodo julio-septiembre son moderadamente optimistas. El dilema ahora consiste en desmantelar el programa de sostén adoptado en el último año. Pero ese proceso deberá ser gradual para no provocar una recaída y, al mismo tiempo, será preciso estimular la reactivación en sector precisos que deberán permanecer en terapia intensiva durante algunos meses más.
En los próximos dos meses, la nueva coalición deberá definir la posición que deberá defender Alemania en la conferencia sobre cambio climático que se realizará en Copenhague en diciembre. "Los trabajos preparatorios son insuficientes", declaró Merkel la semana pasada antes de asistir a la cumbre del G20 en Pittsburgh. Ese tema puede abrir un serio debate con sus aliados liberales, pues Westerwelle no considera la tema ecológico como una prioridad.
En forma paralela, Merkel decidió hace tiempo intensificar el desarrollo de tecnologías verdes para que, a largo plazo, puedan alimentar el modelo exportador. Ese programa prevé fabricar un millones de automóviles eléctricos antes de 2020 y desarrollar las energías eólica y solar para reemplazar progresivamente el petróleo y el gas.
Westerwelle también quiere lanzar rápidamente la liberalización del régimen laboral a fin de facilitar las contrataciones y despidos. Pero Angela Merkel tiene menos prisa y es partidaria de una reforma más moderada para que ese tema no cristalice una oposición encabezada por los sindicatos y el PSD, y permita una resurrección política de la social-democracia.
La nueva coalición deberá definir rápidamente el perímetro de las posiciones que sostendrá en esta etapa de la construcción europea que se abre en los próximos días. Concluida la formación del nuevo Parlamento Europeo, el nombramiento de José Luis Durão Barroso para un nuevo mandato de cinco años, las elecciones parlamentarias de Alemania y Portugal y el referéndum en Irlanda sobre la Constitución -previsto para el próximo viernes-, ahora los 27 tendrán que definir los próximos objetivos de la UE. Ese objetivo, aparentemente anodino, es crucial para un bloque donde cada país tiene una idea diferente de Europa.
La primera pregunta a la cual deberán responder Merkel y Westerwelle es si desean que el eje franco-alemán siga siendo el verdadero motor de la construcción europea. Aunque no les seduzca demasiado la perspectiva de trabajar con el presidente francés Nicolas Sarkozy, es evidente que en el actual contexto Alemania no tiene otras opciones al alcance de la mano.
El nuevo Gobierno también deberá intervenir con urgencia para reformar el sistema bancario alemán. La crisis reciente demostró las fallas de los mecanismos de supervisión. Sólo la enérgica intervención del Gobierno evitó la caída de varios bancos regionales. La democracia cristiana y los liberales no tienen la misma idea sobre la forma de actuar. El FDP teme que el proyecto de reunificar los actuales organismos de control pueda poner en peligro la independencia de la Bundesbank.
El otro tema que pesará sobre la nueva coalición es Afganistán. Si bien los dos líderes son partidarios de mantener la presencia alemana en la operación de la OTAN, la presencia de la opinión pública -francamente hostil- puede introducir un factor de perturbación.
A pesar de la afinidad ideológica, la convivencia entre Merkel y Westerwelle no será fácil e incluso puede convertirse en un factor permanente de inestabilidad.
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