Opinión / Columna
 
Los dichos y los hechos 
César Camacho 
La Consumación de la Independencia
El Sol de México
29 de septiembre de 2009

  México cumplió ayer 188 años de vida independiente.

Persuadido por José María Morelos y animado por sus propias convicciones, Vicente Guerrero mantuvo encendido el fuego de la lucha independentista desde la escarpada sierra que cubre buena parte del territorio del estado del país que ahora lleva por nombre su apellido. Guerrillero, más que militar, ese insurgente fue el más tenaz de los libertadores; aguantó el acoso de las fuerzas realistas, en muchos episodios prácticamente solo, durante casi una década de lucha; intuía y confiaba en que su esfuerzo encontraría eco y merecería respaldo, aunque desconocía de dónde provendría el impulso definitivo.

Con el triunfo de la revolución liberal de Rafael de Riego en España en 1820, se impondría nuevamente la Constitución de Cádiz de 1812 y con ella, la égida de la metrópoli sobre la Nueva España. Esto desencadenó en México una conspiración conocida como "de la Profesa", encabezada por terratenientes, comerciantes de origen español y jerarcas de la Iglesia católica proclives a la independencia, siempre y cuando antes se pacificara el territorio. Para ello, lograron que el virrey enviara Agustín de Iturbide a combatir a Vicente Guerrero.

Tras infructuosos intentos dado que el insurgente conocía como nadie la serranía, Iturbide escribió a Guerrero pidiéndole que se reunieran para pactar la independencia, lo que a ambos interesaba: a Guerrero como continuador del movimiento iniciado por Hidalgo y Morelos, a Iturbide en tanto representante de los intereses de criollos y españoles que vivían en América. Se reunieron primero en Acatempan y después en Iguala.

Juntos conformaron el Ejército de las Tres Garantías: religión católica, independencia de México y unión entre los bandos de la guerra y, con sus fuerzas sumadas, derrotaron al ejército español en agosto de 1821. El 24 de ese mes se firmaron los Tratados de Córdoba con el Virrey Juan O'Donojú, que reconocían la independencia de México. Abanderando ese galardón, Guerrero e Iturbide entraron triunfantes a la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821, finalizando así una lucha de 11 años. Al otro día se firmó el acta de independencia. La libertad, desde ese entonces, se convirtió en el gran valor de la cultura política mexicana.

"La libertad -como dijera Octavio Paz- no necesita alas, lo que requiere es echar raíces." A casi doscientos años, ese pareciera ser el reto de la generación de nuestro tiempo, lograr que la libertad se materialice en aspectos benéficos para la vida cotidiana de los mexicanos.

La libertad, entendida como requisito de la democracia, exige reciprocidad. Siendo un valor, la libertad es inmaterial y como tal, inexistente a la vista de quienes aún no entienden que no es algo que se adquiere, sino un modo de vivir; que no es premio, sino conquista; que no existe la libertad, sino su búsqueda, y que es ésta, la única que nos hace realmente libres. Dotar de eficacia a la democracia mexicana, podría ser la mejor manera de rememorar el movimiento libertario y honrar a los héroes. Festejar las proezas de los mexicanos de antes, sólo tiene sentido, si los de ahora nos comprometemos a cumplir nuestros propios desafíos.

ccq@cesarcamacho.org
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas