Opinión / Columna
 
Los Grandes Días 
Manuel Mejido 
Esquiroles políticos
Organización Editorial Mexicana
24 de septiembre de 2009

  * Panistas y perredistas olvidaron agravios y diferencias políticas

* En Oaxaca resurge la alianza "Todos Unidos Contra el PRI"

* Los candidatos de los tres estados saldrán del blanquiazul

Con el propósito expreso de disminuir la fuerza electoral del PRI en todo el país, lograda durante los comicios del 5 de julio, PAN y PRD se empecinan en formar una alianza antinatural, olvidando agravios pasados y negándose a reconocer la oposición de sus preceptos ideológicos de derecha e izquierda.

Para derrocar al priísmo en Oaxaca, que representa el gobernador Ulises Ruíz, las dirigencias panistas y perredistas trabajan para revivir su alianza de 2004, que en aquellos días pretendía vencer a José Murat Casab. Sólo que ahora, la ambición de ambos partidos trata de concretar el acuerdo para la mayoría de los 570 municipios que conforman el estado.

Como ocurrió hace casi seis años, el candidato impuesto por el blanquiazul será Gabino Cué, quien es militante de Convergencia, pero vinculado con el PAN, Elba Esther Gordillo y con el expriísta, ahora panista, Diódoro Carrasco.

La dirigencia nacional del PRD debe analizar la conveniencia o no de una alianza con los panistas, porque el perredismo en Oaxaca es la segunda fuerza política y ha incrementado su presencia en los últimos tres años. En cambio, el blanquiazul se ha mantenido en el tercer lugar. De tal manera, Jesús Ortega sólo prestaría el membrete.

El triunfo de Ruiz Ortiz sobre Cué Monteagudo, en el 2004, fue por una diferencia de casi tres por ciento. Resultado que, como era de esperarse, impugnó el derrotado y el Trife tuvo que validar la elección. En la misma contienda electoral, los priístas mantuvieron la mayoría absoluta en el Congreso estatal.

Dos años después, la violencia de las protestas magisteriales y la represión de la administración de Ulises Ruiz provocaron el desgaste del gobernador y el rechazo popular al PRI. Por eso ahora, unidos PAN y PRD confían que el pueblo oaxaqueño les conceda el triunfo en las urnas el 1 de agosto de 2010, sin advertir los problemas que acarrearía un gobernante de derecha sometido a la supervisión y los intereses de la izquierda.

Tan confiados están las dirigencias panista y perredista de los buenos resultados que podrían obtener en Oaxaca con su alianza antinatural, que pretenden llevarla al cabo en los comicios de Durango, el 4 de julio de 2010, y en Puebla, el 14 de noviembre del próximo año.

Rodolfo Elizondo, secretario de Turismo, es el candidato idóneo para la gubernatura duranguense, aunque en esa entidad la alianza PAN-PRD no podrá debilitar el trabajo del gobernador Ismael Hernández Deras y a un PRI que cuenta con el 75 por ciento de apoyo ciudadano, según diversas encuestas.

Para Puebla, el contendiente de la alianza (que deberá ser llamada "Todos Unidos Contra el PRI"), será Rafael Moreno Valle Rosas, un expriísta y actual senador panista que cuenta con todo el apoyo de las huestes de su abuelo, gobernador entre 1969 y 1973.

En las tres gubernaturas donde podrían aliarse, el PRD únicamente iría de comparsa panista y no representará ningún beneficio a la izquierda mexicana, que desde el 2006 quedó dañada por el descrédito mediático implementado por el foxismo y agravado por los constantes enfrentamientos entre las tribus perredistas y la desbanda de sus militantes en los pasados comicios.

Tanto Durango como Puebla y Oaxaca siempre han sido gobernados por el PRI. Tienen la mayoría de sus alcaldías, el control de los congresos estatales y consiguieron todos los diputados federales elegidos el 5 de julio. Será difícil que izquierda y derecha unidas puedan echar al tricolor de los tres palacios de gobierno.

Una alianza lógica, si es que puede aplicarse el término en la política mexicana, sería entre priístas y perredistas, para derrocar al partido del Presidente de la República. Pero, en el PRI, conocen de cierto el aumento de su popularidad y no quieren compartir sus triunfos y, los segundos, niegan una unión con "el partido que sometió a los mexicanos durante 70 años". Pero en cambio, se alían con quienes durante los últimos nueve años condujeron a México al fracaso.

La pasada reforma electoral debió establecer reglas claras para las alianzas partidistas en procesos electorales, porque la ambición por el poder ocasionó que los políticos y gobernantes carecieran de ideologías y vendieran su liderazgo al partido que mejor pague.

La democracia no debe servir para camuflarse entre todos los partidos. Debe significar el respeto al voto que a últimas fechas ha sido ignorado y los gobernantes impuestos por los tribunales electorales, que arrebataron la legitimidad a las urnas y a la decisión de los electores.

mejido@elsoldemexico.com.mx
 
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