Opinión / Columna
 
Alejandro Díaz 
Selección y genética
El Sol de México
22 de septiembre de 2009

  El 12 de septiembre falleció Norman Borlaug, Premio Nobel de la Paz 1970, después de una larga y fructífera vida a la edad de 95 años. El trabajo del doctor Borlaug transformó la agricultura en México, y en el mundo entero, en forma trascendente, y merece un enorme reconocimiento pues dedicó su vida y habilidades a estudiar las mejores formas de desarrollar variedades de las plantas que alimentan al mundo. Si no fuera por sus trabajos el mundo habría padecido hambrunas en la segunda mitad del siglo XX, y seguramente también habría sufrido algunas guerras por ellas. México es de los países que más agradecido debe estarle, pues fue en Sonora donde comenzó en la década de los años 40 a estudiar variedades de trigo para seleccionar a las más resistentes a la roya, plaga que azotaba los trigales y mermaba buena parte de las cosechas. Gracias al trabajo conducido por él, México es autosuficiente en trigo desde 1956.

Poco después, al frente de un equipo estudió variedades enanas de trigo, así como nuevos métodos de siembra, abono y cosecha que multiplicaron la producción no sólo de trigo, sino de todos los cereales con que se alimenta la humanidad. Gracias a su dedicación, México, que pasó de 40 millones de habitantes cuando él hizo sus primeros hallazgos a los casi 110 millones que somos ahora, dio pasos firmes para alcanzar la autosuficiencia alimentaria. Su trabajo pronto fue conocido en todo el mundo, y en 1961 la India lo llamó para que ayudara a mejorar sus cosechas de trigo, logrando en pocos años casi duplicar las cosechas tanto de ese cereal como de arroz. Es entonces que se llamó a su estudio La Revolución Verde, pues incrementó en 250 por ciento la producción mundial de cereales en comparación con la de 1950. El reconocimiento mundial lo hizo acreedor al Premio Nobel de la Paz 1970.

La población mundial se incrementó sustancialmente durante el siglo XX gracias a los avances de la medicina, pero hubiera enfrentado terribles hambrunas si no fuera por el doctor Borlaug y su equipo. Su técnica para incrementar los rendimientos por hectárea en todo el orbe logró más que el aumento de la superficie dedicada a la agricultura, la mayor parte a costa de superficies boscosas. Salvó muchos bosques de la destrucción, mejoró el ingreso de los agricultores y proveyó de alimentos al mundo.

Pero el trabajo del doctor Borlaug no se redujo a sólo estudiar el rendimiento de las diversas variedades de plantas o su resistencia a enfermedades, sino que con los prototipos encontrados se establecieron plantaciones experimentales que sirvieron como base de un modelo de siembra que fue el gran éxito de su labor. En su proceso de selección se encontró que al incrementar el rendimiento de las plantas de trigo, éstas se encorvaran por el peso de la espiga por lo que procedieron a buscar especies enanas que fueran capaces de sostener espigas más robustas. Por eso los trigales del pasado eran de la altura de una persona adulta y los actuales son de la altura de un niño. En su trabajo científico el doctor Borlaug recurrió incluso a trasplantar genes de trigos enanos a variedades tropicales, obteniendo el milagro que hoy disfrutamos.

En aquel tiempo el trabajo del doctor Borlaug no se politizó a pesar de que trabajó con la Rockfeller Foundation y con el Gobierno de Estados Unidos; incluso se atrevió a manipular genes de las mejores variedades para introducirlos a las especies locales, causas todas ellas que ahora son causa de declaraciones de una izquierda que se opone a los Organismos Genéticamente Modificados (OGM). Durante los trabajos iniciales del doctor Borlaug la izquierda estaba tan ocupada con el apoyo a los movimientos sociales y con las revoluciones militares que no atendieron la Revolución Verde, pero como ahora a la izquierda le faltan causas sociales que enarbolar, ha decidido emprenderla contra los OGM, con argumentos que incluso se contradicen entre sí, aunque el fondo de su postura es por aversión a las multinacionales, sus adversarias ideológicas.

De esa manera argumentan, especialmente en el caso del maíz, que los OGM producen semillas estériles que obligarán a una dependencia eterna de las transnacionales, pero al mismo tiempo dicen que los OGM contaminarán las variedades criollas lo que reducirá la diversidad de maíces existentes en México; e incluso argumentan, sin probarlo, que los OGM producen alimentos que no son sanos para el consumo humano. Si estas críticas hubieran sido hechas contra el trabajo de Norman Borlaug y hubieran encontrado eco, el mundo no habría sobrevivido las hambrunas. Sigamos el ejemplo del doctor Borlaug y encontremos soluciones modernas a los problemas de la humanidad.

alediaz@elsoldemexico.com.mx
 
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