Opinión / Columna
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Alejandro Díaz
El valor del oro
El Sol de México
15 de septiembre de 2009
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No hay material alguno en la historia de la humanidad que despierte tanto interés como el oro. Sin ser útil para la nutrición ni para calmar la sed, el hombre ha buscado, explotado, intercambiado, codiciado y atesorado el oro. Desde los más remotos tiempos hasta nuestros días casi todas las culturas lo han valorado, incluso al extremo de hacer ídolos y de enterrarlo junto a los restos de quienes fueran sus dirigentes -líderes, caudillos, reyes, caciques o emperadores. Se han encontrado objetos de oro lo mismo en entierros de faraones egipcios que en los de caciques mixtecas y zapotecas, en entierros de los escitas, tribu nómada de las estepas asiáticas que dominaron las riberas del Mar Negro en tiempos de Aristóteles y en tumbas romanas y griegas.
El oro es el metal más dúctil y maleable que se conoce; es de color amarillo brillante, pesado y muy denso; buen conductor del calor, también lo es de la electricidad; soporta la acción del agua y del aire sin cambiar de color o perder brillo; muy pocas sustancias químicas lo pueden corroer. En la naturaleza se encuentra en estado puro, ya sea como pepita o integrado a cristales de cuarzo junto con plata. Se explota en terrenos aluviales (en material arrastrado por ríos y arroyos) o en minas profundas. En el primer caso se requiere cribar las tierras de aluvión o separar las pepitas por el método de sedimentación; el segundo requiere de profundas excavaciones para explotar las vetas y costosos métodos para separarlo de otros metales y minerales. Anualmente se producen unas 2 mil toneladas de oro en todo el mundo, la mitad de ellas producidas por sólo cinco países: Sudáfrica, China, Australia, Estados Unidos y Perú.
Por sus características el oro es apreciado en numismática, joyería y en la industria, casi siempre en aleaciones con plata o cobre. Fácil de trabajar y de moldear, es el material preferido de joyeros desde tiempos prehistóricos pues permite el fundido, hilado y extendido como ningún otro metal. Se calcula que de un solo gramo de oro se puede hacer una lámina de un metro cuadrado. La demanda para acuñación de monedas es importante, pero siempre en aleaciones para garantizar su dureza y duración. Se sabe de monedas de oro acuñadas hace más de 2 mil 300 años.
En adición a la joyería, la acuñación de moneda y al uso industrial, el oro se utiliza cada vez más para atesorar riqueza, por lo que su demanda ha crecido enormemente mientras la producción permanece estable, conduciendo a aumentos increíbles en el precio del metal amarillo en años recientes. Los Centenarios, moneda de oro de 50 pesos con poco más de una onza de oro, en 1970 costaban 600 pesos de los de entonces, o sea 60 centavos actuales, cuando entonces la cuota anual a la UNAM era -como hasta la actualidad- de 200 pesos "viejos", la tercera parte de lo que costaba un Centenario.
Pero 1971 marca un cambio radical en el precio del oro. La paridad fija contra el dólar, establecida por el acuerdo de Breton Woods desde el término de la Segunda Guerra Mundial, terminó abruptamente. Ese año, el presidente norteamericano Richard Nixon decidió liberar el precio del oro, que de inmediato se disparó. Desde entonces, éste ha tenido altas y bajas como muchos productos y muchas divisas, pero nunca como ahora que ha llegado a costar mil dólares por onza, lo que ha hecho que el Centenario tenga un precio de venta de 6 mil 300 pesos, 10 mil veces el costo en 1970.
El temor, la ambición, y sobre todo la avaricia, han contribuido en forma definitiva al aumento del precio del metal amarillo. El temor, pues para muchos el oro es una forma de proteger el patrimonio adquirido, en especial en tiempos de incertidumbre. La ambición y la avaricia, porque muchos se han dedicado a especular atesorando oro en espera del mejor momento para vender. Ese momento, sin duda llegará, y hará que se desplome el precio del metal, afectando tanto a los mineros -que están viviendo una prosperidad no esperada- como a los ahorradores que han atesorado pequeñas cantidades de oro y que pueden perder, quizá, la mitad del patrimonio que hayan atesorado en el metal amarillo.
La mayor parte de los mexicanos no tienen ninguna posibilidad de ahorrar pues, o viven al día, o viven para pagar su casa. Sólo la minoría afortunada que puede ahorrar debiera hacerlo inteligentemente y no confiarse en un medio tan frágil. Adquirir oro en estos momentos es una apuesta a perder mucho de lo invertido.
alediaz@elsoldemexico.com.mx
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