Opinión / Columna
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René Arce Islas
Coherencia compromiso para el presupuesto
El Sol de México
15 de septiembre de 2009
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Estamos a la mitad de este sexenio y ante los hechos se puede decir que se ha quedado mucho a deber en todos los ámbitos. A pesar de ello, el Ejecutivo federal se comprometió, durante su mensaje del tercer año de gobierno, a replantear la situación, a redelinear el rumbo, hasta planteó un decálogo de las acciones a seguir por su gobierno; todo ello volvió a ser nada, y a la vuelta de la esquina regresa a lo mismo y la prueba más palpable está en su propuesta de presupuesto para el año entrante.
Debemos partir por entender que el presupuesto para 2010 será la pieza central de la estabilidad económica y política para el país, de ahí la importancia de su negociación y consenso para poder construir un acuerdo amplio e incluyente. Por ello es reprobable que unos días antes se haga un pliego de buenas intenciones y de autocrítica y después se vuelva a recaer en la misma dinámica de los años anteriores.
Las propuestas de cambio ya no se pueden basar en discursos, promesas y buenas intenciones. Ante esta crisis que vive el país, el Gobierno federal tiene que plantearse objetivos básicos, realizables; su discurso tiene que ir a la par con las acciones, porque de lo contrario no contará con el apoyo de las demás fuerzas políticas y mucho menos con el apoyo de la sociedad. En este momento que vive México, lo menos que se espera es que haya congruencia política. La situación es tan compleja en el país como pocas veces en muchos años, pero lo peor es que ante la falta de conducción y compromiso parece que los problemas aumentan, en lugar de disminuir.
Existe consenso entre los especialistas al considerar que la reacción del Gobierno federal ante la crisis económica no sólo fue tardía y lenta, sino también errada en la instrumentación de las reglas de operación de los programas contracíclicos implementados para proteger la planta productiva nacional y el empleo. El Gobierno federal difícilmente reconocerá la situación, pero lo más grave es que ni siquiera tome las mínimas acciones para ya no continuar en la debacle.
Estamos en una situación extraordinaria para entrar al debate del presupuesto. El Gobierno no muestra sensibilidad ante la grave crisis que padecemos como país, ni ante la lacerante situación en la que viven muchos mexicanos que se encuentran sumergidos en la pobreza y en los estragos de esta emergencia económica. Parece que aún no se entiende que de la decisión que se tome sobre el presupuesto del año entrante depende la estabilidad social, política y económica del país.
En este asunto tan complejo existe una constante que no se ha logrado superar a través del tiempo: no hay iniciativas, no hay una visión de Estado para plantear alternativas viables a la solución de nuestros problemas como sociedad y como país.
Si el Ejecutivo federal quisiera en verdad cambiar la situación de las cosas y favorecer a la gran mayoría de los mexicanos, haría una propuesta integral para que los privilegios empiecen a reducirse y haya más oportunidades para todos. Si bien el presupuesto es para el próximo año, no debemos dejar de lado que de éste dependerán muchas cosas y con él, si se estructura bien, se pueden sentar las bases para una recuperación económica en el corto y mediano plazo.
Con la decisión que se tome hoy sobre el presupuesto se abordarán los efectos para el futuro económico del país. Por esta razón la urgencia de conducir las negociaciones con visión y eficacia operativa para evitar la incertidumbre económica y el comienzo de una mayor polarización social.
Una negociación exitosa del presupuesto no sólo requiere voluntad y buenas intenciones, además se necesita conocimiento amplio del tema y de las circunstancias presentes y futuras del país para introducir nuevas estrategias de recaudación, sin afectar a los que menos tienen; así como generar un amplio debate para que todos los involucrados participen no sólo en las propuestas, también en la ejecución y seguimiento de las mismas, para que en verdad se pueda hacer una diferencia que nos beneficie a todos como país.
El Ejecutivo federal planteó objetivos en su mensaje a la nación. El Congreso de la Unión tiene la facultad para hacer que dichos objetivos se reflejen en la propuesta de presupuesto del Gobierno federal. Si se usó la demagogia para salir bien librado de su tercer informe, ya se sabrá, pero el legislativo no puede ser comparsa.
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