Opinión / Columna
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Los Grandes Días
Manuel Mejido
Despojos
Organización Editorial Mexicana
15 de septiembre de 2009
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* Triunfa la ambición política y se pierde el gobierno popular
* Fue injusto el fallo del Tribunal del DF contra Sodi de la Tijera
* El PRD perdió el voto ciudadano pero ganó el de los magistrados
El Instituto Federal Electoral encabezado por Luis Carlos Ugalde, en el 2006, dejó una elección presidencial bajo sospecha que ha causado gravísimos problemas a la nación.
Independientemente si en ese proceso hubo o no elección de Estado o fraude electoral, la desconfianza popular se debe a la ineptitud y desaseo con que los consejeros manejaron esos comicios, tan importantes para la democracia.
Desde ese momento se contaminaron los procesos internos de los partidos para designar a sus candidatos; las instancias electorales hoy dan el triunfo a un aspirante y mañana lo desconocen, y el contendiente derrotado impugna la victoria de su oponente confiando en que los consejeros y magistrados reviertan los resultados.
La ambición personal o de grupo se impuso sobre el respeto al voto ciudadano, quinta esencia de la democracia, de la que tanto se enorgullece la clase gobernante.
Desde 1997, el PRD triunfaba en el Distrito Federal con un amplio margen de ventaja. Sus planes de gobierno y programas sociales consolidaron un proyecto que alcanzó su punto máximo en la figura de AMLO. Pero su beligerancia, divisionismo interno y manifestaciones violentas revirtieron las preferencias electorales y, ahora, los perredistas deben acudir a los tribunales para mantenerse en el poder.
En las elecciones se permiten irregularidades como la que hizo el PRD en la delegación Miguel Hidalgo, donde nombró candidata a jefa delegacional a una atleta sin experiencia política ni de gobierno, fuera de las competencias de carreras de los 200 metros planos. Por eso, la base de su propaganda fue que votaran por ella y los "expertos" que la rodearían. Se vota por una persona, jamás por un grupo.
A pesar de que el Trife no encontró pruebas para considerar que Sodi de la Tijera había pagado por una entrevista en el medio tiempo de un partido anodino de futbol Pumas-Puebla el 23 de mayo pasado, el Tribunal Electoral del Distrito Federal desconoció el fallo de la máxima instancia electoral del país y ordenó al IEDF convocar a nuevas elecciones sin la participación de Demetrio ni del PAN, que el 5 de julio pasado triunfó con 19 mil votos de diferencia.
La razón de fondo por la cual los perredistas impugnaron el proceso en la demarcación fue porque Sodi de la Tijera es el panista con mayor proyección para ser candidato a la jefatura de Gobierno en el 2012 de ese partido y con grandes posibilidades de "echar al PRD" del Antiguo Palacio del Ayuntamiento.
Además, de realizarse una próxima elección en esa demarcación, el partido del sol azteca tiene pocas probabilidades de triunfo porque la ciudadanía se cansó de la falta de respeto a su sufragio y que sean los magistrados quienes nombren a los gobernantes.
De todo este conflicto, los más beneficiados podrían ser los priístas porque, ante la ausencia panista y la confrontación perredista, no quedará otra opción que el tricolor.
En Cuajimalpa ocurrió exactamente lo mismo que en Miguel Hidalgo. El tribunal capitalino anuló el triunfo del panista Carlos Orvañanos, porque el perredista Adrián Ruvalcaba denunció, sin pruebas, que el triunfador había rebasado el tope de gastos de campaña.
Desde el 2006 el PRD perdió fuerza en la Ciudad de México, porque cada una de las tribus pretende designar candidatos y gobernantes, como ocurrió en Álvaro Obregón, donde los "pejistas" quisieron imponer al grupo de Leticia Robles Colín, pero Edgar Santillán defendió su legítimo derecho a ser candidato y ahora es jefe delegacional electo.
El caso político que ha servido en todo el mundo de mal ejemplo fue el protagonizado por AMLO en la delegación Iztapalapa.
Como el tribunal electoral del Distrito Federal rechazó la imposición de Clara Brugada, porque la elección interna del perredismo no había sido limpia, AMLO buscó a un personaje de la picaresca mexicana: "Juanito", cuyo verdadero nombre es Rafael Acosta, un hombre iletrado, desnudista, extra de cine, vendedor ambulante y todo menos político u hombre de gobierno, para apoyarlo como candidato del PT a la jefatura de esa demarcación.
Pero Juanito, muy bien asesorado tras bambalinas y de bajo de la mesa por los jerarcas del gobierno nacional y del partido en el poder, que movieron a las televisoras para apoyarlo, le salió respondón a López Obrador y ahora se niega a entregar su triunfo a una mujer bajo sospecha de tramposa y a un líder nacional que en un momento despertó grandes esperanzas en la población y que hoy es una gran desilusión.
La autofagia perredista es tan evidente como lamentable, por ser la propuesta de izquierda más viable y políticamente correcta que pretende asistir a los pobres y eliminar los privilegios de los más ricos.
Pero no sólo los partidos ambicionan y abusan del poder. Lo mismo ocurre en el Instituto Electoral Federal, que dispuso para este año de 12 mil 800 millones de pesos para que el consejero presidente pudiera gastar dos millones de pesos mensuales para la nómina de 42 personas a su servicio. Tan sólo el jefe de asesores del presidente del IFE, Leonardo Valdés Zurita, percibe un salario al mes de 171 mil pesos y su secretaria de 88 mil.
Al Instituto Electoral del Distrito Federal tampoco puede calificársele de democrático porque el 8 de septiembre del año pasado, para iniciar el proceso de julio de este año (porque el Trife tiene que resolver constantemente el resultado de los comicios en el escritorio, lejos de las urnas e ignorando las preferencias de los electores), los seis consejeros, en ausencia de su presidente Isidro Cisneros, decidieron destituirlo.
Así es la pírrica democracia mexicana, costosa, mala, parcial, abusiva e inútil.
mejido@elsoldemexico.com.mx
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