Opinión / Columna
 
Fernando H. Cardoso 
Medio Oriente: la difícil paz
El Sol de México
14 de septiembre de 2009

  Estuve en Israel y Palestina, la última semana de agosto, en una misión de un grupo -los "Elders" creado por Nelson Mandela- para actuar en defensa de la democracia, la paz y los derechos humanos.

Forman parte de él personas que no están ligadas con ningún gobierno, aunque muchas de ellas han ocupado en el pasado posiciones políticas relevantes. Entre otros, están el arzobispo Desmond Tutu, que presidió la comisión de reconciliación en Sudáfrica; Gro Brutland, ex primera ministra de Noruega; Mary Robinson, ex presidenta de Irlanda; Jimmy Carter, ex presidente de los Estados Unidos; y Kofi Anan, ex secretario general de la Organización de las Naciones Unidas. Con excepción de este último, todos los mencionados formaron parte de la misión al Medio Oriente, la cual yo encabecé.

Las esperanzas de paz en la región han resurgido gracias a la acción internacional y especialmente al empeño de Barak Obama, el presidente de los Estados Unidos. Obama ha dicho en repetidas ocasiones que Estados Unidos quiere un acuerdo basado en la existencia de dos estados soberanos, ambos con sede en Jerusalén, con la aceptación de las fronteras existentes antes de la guerra de 1967. En ese año, Israel le tomó territorios a Egipto (la franja de Gaza) y a Jordania (Cisjordania), considerados territorios árabe-palestinos.

La solución pacífica, sin embargo, no es simple. Y las condiciones de su viabilidad son hoy más complejas de lo que eran hace 15 años, cuando se firmaron los acuerdos de Oslo, que preveían la solución de los "dos Estados" y establecieron las bases legales de la Autoridad Palestina, embrión del futuro Estado palestino.

Actualmente, cerca de 50 por ciento de los territorios palestinos en Cisjordania están ocupados por asentamientos de colonos israelíes. La franja de Gaza, desde donde hasta hace poco tiempo los palestinos disparaban cohetes contra Israel, está sometido a un estrecho bloqueo. Incluso la entrada de alimentos depende de la buena voluntad del gobierno israelí. La alternativa han sido los túneles, por los que pasa el contrabando, no sólo de comida sino también de armamentos, que los israelíes dicen que no está disminuyendo.

En Cisjordania, en los últimos años, con la justificación de proteger a sus colonos de los ataques terroristas, Israel ha estado construyendo muros altísimos o electrificados, así como innumerables barreras de vigilancia. Los trastornos causados producen un estado permanente de angustia y odio entre la población palestina. Para complicar las cosas, la política de colonización está siendo llevada al interior de las ciudades, como hace poco tiempo en Jerusalén, con la desocupación de viviendas habitadas por familias árabes.

El gobierno de Israel justifica la política de ocupación alegando razones de seguridad. No sólo la seguridad del estado sino también de los ciudadanos israelíes, todavía atemorizados por los atentados suicidas con bomba patrocinados por el Hamás en años pasados.

El ascenso del Hamás, además de aumentar la sensación de riesgo de Israel y de los israelíes, produjo dos interlocutores del lado palestino, que se enemistan internamente y que no hablan el mismo idioma en sus relaciones externas en general y con Israel en particular. El Fatah, heredero de Yasser Arafat, tiene autoridad en los territorios no ocupados de Cisjordania, reconoce al estado de Israel y repudia las tácticas terroristas que adoptó en el pasado. El Hamás controla Gaza, no reconoce estatutariamente a Israel y ve resistencia donde los israelíes perciben terrorismo.

Shimon Peres, ex primer ministro y ahora presidente de Israel -- a quien conozco y admiro desde hace muchos años -- señala esa escisión interna como uno de los grandes obstáculos para la paz, tanto mayor por el apoyo que Irán y Siria le brindan al Hamás. Peres refuta la acusación de que haya un cerco israelí en Gaza. Afirma que hay abasto regular de alimentos, lo que es confirmado por el presidente de la Autoridad Palestina, Abu Abbas, ligado al Fatah. Y dice que es frecuente la atención de habitantes de Gaza en los servicios de salud de Israel.

Para Abbas y el primer ministro palestino, Salom Fayyad, con quien estuvimos en Ramallah, el fortalecimiento de la Autoridad Palestina pasa por las elecciones programadas para enero de 2010.

El enfrentamiento mismo, sin embargo, es motivo de controversia, a juzgar por la conversación telefónica que tuve con Ismael Haniyeh, dirigente máximo en Gaza, y por el encuentro con Abdul Dweik, ex presidente de la asamblea palestina, y dos colegas suyos, todos recién salidos de prisiones palestinas controladas por el Fatah.

El Hamás exige que sean liberados cientos de líderes suyos, a tiempo para dedicarse a la campaña electoral. Pero además quiere garantías de que la comunidad internacional respetará los resultados, fueran cuales fueran.

En ese contexto, ¿cómo mantener las esperanzas de solución del conflicto?

Hay dos elementos que pueden cambiar la situación en favor de la paz. El primero es la presión internacional, encabezada por Estados Unidos, si tuviera la fuerza necesaria para llevar a las partes en disputa a la mesa de negociaciones. La acción resuelta del enviado especial de Obama, el ex senador George Mitchell, ha demostrado la disposición estadounidense de no ceder ante los "halcones" del gobierno israelí. Por otro lado, hay indicaciones de que el Hamás podría aceptar la solución de los "dos Estados".

El segundo elemento, y el principal, es la reacción de las personas comunes, movidas por una mezcla de escepticismo, por las innumerables tentativas fracasadas y por la necesidad de creer que debe hacerse algo para recuperar un horizonte de esperanzas.

Conversamos, sin exagerar, con cientos de ciudadanos palestinos e israelíes. Vimos en Belén la resistencia pacífica de los palestinos por cuyas tierras pasaría un muro.

Pero vimos también un ejemplo de cooperación en el ámbito local, entre Wadi Fukin, aldea palestina, y Tzur Hadassah, aldea israelí vecina, ambas aprovisionándose de agua en las mismas fuentes. Y oímos voces jóvenes, ya víctimas de los cohetes palestinos, ya víctimas de las coerciones israelíes, con la firma disposición de decir "¡Basta!"

Conocimos empresarios israelíes que invierten en Cisjordania y están dispuestos a invertir más. En suma, hay elementos subjetivos y objetivos que hacen que la paz sea un sueño posible.

Ojalá o, como dicen por allá: ¡Inch'Allah!

(Fernando Henrique Cardoso, sociólogo y escritor, fue presidente de Brasil del 1 de enero de 1995 al 1 de enero de 2003.)

(Traducido por Jorge L. Gutierrez)

The New York Times Syndicate
 
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