Opinión / Columna
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Ramón Ojeda Mestre
El mito del pastor boliviano
Organización Editorial Mexicana
14 de septiembre de 2009
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El jaque a las Torres de NY, ha sido el peor ataque que USA ha recibido a lo largo de toda su historia. Más grave que el de Pearl Harbor. La historia plena de ese desastre que evidenció fallas en seguridad, previsión, protección civil, aeronáutica e inteligencia, está pendiente.
Centenares de libros explican todo lo imaginable de los musulmanes comitentes, pero también abundan escritos que dicen que no fue así, sino un montaje megalománico. No hemos sido inmunes al bombardeo de e-mails, videos youtubeanos y mafufadas de la más fantasiosa armazón, con hipótesis del más disparado gradiente de convencibilidad.
El fenómeno de las teorías de conspiración se agudizó a final del siglo XX y en éste, por rebotes de la guerra, y por presión mediática de televisión y cine que cada vez ofrecen más y mejor articulados "thrillers". La era del conocimiento ha sido también la de los más sofisticados enredos de mafias, de operaciones financieras estratosféricas y la globalización de entramados en que se yuxtaponen ingredientes de rubros viscosos.
El mexicano está pues, amaestrado para ese deleite esquizoide en donde todo es posible en la pantalla grande o en los monitores chicos pero cumplidores de tele e internet. Si triunfa la selección en futbol, es que se vendieron los contrincantes y así al infinito, incluso si gana Juanito lo enredamos hasta convertirlo en un galimatías cada minuto con más ingredientes.
Todos somos oaxaqueños y el queso de tira es nuestra especialidad. No es fortuito, llegamos del Asia, por si no se acordaba, así que eso del culebrón se nos da. Hay quien dice que Pedro Infante o Zapata, viven o que Hank era extraterrestre y que no se puede explicar el homicidio de Kennedy sin el México de Oswald o la llamada de Marilyn a México a punto de suicidarse.
Por ello y por nuestra afición al Peyote, al hongo de, al Sotol culebroso, la mezcalina con gusano y a otros detonadores, entre más suculentos platillos al imaginario soflamero, mejor. Como dijo nuestro vernáculo: "miénteme más, que me hace tu maldad, feliz."
Entonces, si nos envían un panzón y guango boliviano, prieto con cara de Jumil, que le pega a la onda esotérica, premonitoria, quiromanciana, adivinatoria y cristificante, crooner que compone narco baladas, que confiesa adicciones, mandilonesco, abandona el etilismo freidor y que la virgen le habla y ordena entrevistarse con el amigo de Mouriño para advertirle del te-re-moto, ¿qué más queremos?.
Por si faltaran aristas, el tipo es de Santa Cruz, ese hermoso lugar tropical que tantos dolores de cabeza le da a Evo, sí, a Evo. Allí, hay más orquídeas que en Zongolica y bailar con una cruceña, es un regalo espiritual asignado por el mero petatero a sus consentidos.
Plus Ultra, como dice el Escudo de Veracruz (en esta parte, los presentes se ponen de pie y los ausentes de pechito), sí, al deschavetado lo único que le falta para pasar a la inmortalidad es que lo entrevisten Aristegui o Pepe Cárdenas, Beltrones o Suleimán o que Góngora Pimentel acepte ser su abogado, francamente nos está viendo la cara.
Ese gordinflón ceboso se hace llamar José Mar Flores. Lo que nos faltaba, resultó oaxaqueño. Señores, el caso está resuelto, su verdadero nombre es José Nelson Murat Casab y adoptó forma y fenotipia para transmitirnos su trasunto pedagógico: el mundo se va a acabar y cumplió con decírselo al único que puede evitarlo: a Calderón. ¿No es hermosa la trama, el "tempo" o la saga?
El mito de La Llorona, el Nahual, el robachicos prosaico, el chupacabras o ese espantoso de que ya está decidido el próximo Presidente, se quedan cortos ante los videos y profecías del mantecoso boliviano oaxaqueño por obra y gracia de la Tlayuda y el tasajo. Como dijeron en Cuilapan: "quien sepa de amores que calle y comprenda".
rojedamestre@yahoo.com
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