Opinión / Columna
|
Bernard Henri Levy
Kadafi muestra sus verdaderos colores
El Sol de México
11 de septiembre de 2009
|
The New York Times Syndicate
El viernes 20 de agosto, Abel Basset Ali Megrahi, el autor intelectual del atentado dinamitero de Lockerbie, regresó para ser recibido como héroe en Trípoli. Fue un suceso asombroso.
La versión oficial de Escocia es que Megrahi padece cáncer terminal de la próstata y en consecuencia fue liberado por "razones compasivas". Yo apoyo en teoría el principio humanitario de permitir que la gente muera en su patria. La realidad, empero, parece ser que la liberación de Megrahi, como proclamó el hijo de Moammar Kadaffi en el diario escocés The Herald, fue negociada a cambio de contratos de exploración de petróleo y gas para compañías británicas.
El exespía -responsable de la muerte de 259 pasajeros en el vuelo de Pan Am, así como 11 aldeanos que fueron aplastados por la aeronave- fue repatriado en uno de los reactores privados de Kadaffi.
Como si eso no fuera suficiente, Kadaffi convocó a un numeroso público para que lo acogiera en la pista. La muchedumbre estaba delirante, entonando canciones patrióticas. Y esto, en un país donde las manifestaciones de júbilo son pocas veces espontáneas.
Es cierto: hay un pequeño grupo de cabilderos, incluyendo a los periodistas Pierre Péan y Edward Baer, que emplea un gran energía en tratar de exonerar al régimen libio de responsabilidad por esta masacre. Sus así llamadas contra-investigaciones son patéticamente débiles, y la verdad es que el régimen libio nunca ha negado su culpa. Por el contrario, en 2003 se comprometió a pagar 10 millones de dólares para compensar a cada una de las familias de las 270 víctimas.
Así que Megrahi fue repatriado a un país donde un hombre es tratado como un héroe no porque se cree que es inocente, sino porque es conocido como culpable de asesinar a gente cuyo único crimen era ser ciudadanos de países democráticos.
El primer ministro Gordon Brown y sus ministros pueden proclamar tanto como quieran su indignación ante la bienvenida que este terrorista recibió. Han caído en desgracia. Sus colegas escoceses, sabemos ahora, habían recibido seguridades de las autoridades libias de que "cualquier retorno será manejado con un perfil discreto y en forma sensitiva", según el secretario de Justicia escocés Kenny MacAskill.
Cuando Kadaffi sale en televisión y agradece a su "amigo" Gordon Brown, a la reina de Inglaterra y a "su hijo el príncipe Andrés", se siente como si estuviera escupiendo sobre Winston Churchill y los héroes de la Batalla de Bretaña.
Escocia y Gran Bretaña no están solos. Suiza parece no poder disculparse suficiente desde que el otro precioso hijo del coronel, Hannibal, fue arrestado en Ginebra el año pasado por un altercado con el personal del hotel. Ayer, en Italia, el primer ministro Silvio Berlusconi colocó la primera piedra en una autopista que pretende reafirmar el acuerdo ítalo-libio, unas horas antes del inicio de las festividades por el aniversario 40 de la dictadura. Y mi país estaba a la vanguardia del movimiento para rehabilitar a Kadaffi cuando el presidente Nicolas Sarkozy le dio la bienvenida a Francia en 2007. Estoy esperando que mi Gobierno llegue a la misma conclusión que este periódico: La liberación de este terrorista fue "un segundo escándalo de Lockerbie".
En cuanto a Francia, ¿quién estaba en lo correcto? ¿aquellos, como el señor Sarkozy, que pensaban que Kadaffi había cambiado y que era necesario extender una mano para ayudar a reintegrarlo a la comunidad de naciones? ¿O quiénes, como la secretaria de Estado para Derechos Humanos, Rama Yade, quien lamentó que nuestro país se estuviera convirtiendo en un "felpudo" en el cual cualquier tirano "pueda venir a limpiarse de los pies la sangre de sus crímenes"?
Ahora tenemos la respuesta. Kadaffi no ha renunciado a su desprecio por la democracia. Ese desprecio es la raíz verdadera del terrorismo actual.
(El nuevo libro de Bernard-Henri Levy, "Left in Dark Times: A Stand Against the New Barbarism", fue publicado en septiembre por Random House. Este artículo apareció originalmente en The Wall Street Journal.)
(Traducción de Héctor Shelley.)
Para comprar este artículo por favor visite www.nytsyn.com/contact y póngase en contacto con su representante local de ventas de New York Times Syndicate. Para apoyo al cliente le rogamos hablar al 1-800-972-3550 ó 1-212-556-5117.
Columnas anteriores
Columnas anteriores