Opinión / Columna
 
México 2010 
Benjamín González Roaro 
Nueva oportunidad para construir el futuro
Organización Editorial Mexicana
10 de septiembre de 2009

  En su mensaje con motivo del Tercer Informe de Gobierno, el presidente Calderón propuso un cambio radical basado en 10 propuestas: Destinar toda la fuerza y recursos del Estado para frenar el crecimiento de la pobreza, alcanzar la cobertura universal de salud, alcanzar una educación de calidad, una reforma profunda a las finanzas públicas, una reforma económica de fondo para lograr una economía más competitiva, una reforma al sector de telecomunicaciones para lograr la competencia y la convergencia, una reforma laboral que fortalezca los derechos de los trabajadores, una reforma regulatoria de fondo, profundizar y ampliar la lucha frontal contra el crimen organizado, así como emprender una reforma política de fondo que incluye a la electoral.

Es un mensaje por demás trascendente. En primer término, porque factores como la combinación de la disminución de los ingresos petroleros, de las remesas y de los ingresos fiscales, por la desaceleración de la economía, generaron un gran boquete en las finanzas públicas y había que actuar con responsabilidad.

También lo es porque asume la urgencia de cambios y transformaciones de fondo que rompan y trasciendan las inercias e intereses que han impedido al país construir una tendencia sostenida de desarrollo, justicia y bienestar.

Con sensibilidad, el presidente Calderón ejerce una la crítica hacia el propio Gobierno, pero también al conjunto de actores sociales, económicos y políticos, al declarar implícitamente que nuestra generación no sido capaz de transformar el país a la velocidad que requieren los retos de nuestro tiempo, y al convocar a la nación a tomar el camino del verdadero cambio, en lugar de seguir la misma ruta de administrar la crisis y conformarnos con lo que tenemos.

A la convocatoria presidencial ha seguido la acción: apenas seis días después de su llamado, este martes el Presidente anunció la desaparición de las secretarías de Turismo, de la Función Pública y de la Reforma Agraria -cuyas funciones serán absorbidas por otras dependencias-, así como un importante programa de ahorro gubernamental que permitirá canalizar recursos hacia el combate a la pobreza, manteniendo los programas que han demostrado ser los más eficaces como son el de Oportunidades y el de Apoyo Alimentario.

Estamos, sin duda, ante una nueva oportunidad de construir el futuro. A la mitad del camino de su administración, el Presidente de la República decide organizar las prioridades del Gobierno para enfocarlas a resolver los problemas más importantes y a enfrentar con eficacia los retos del futuro.

Los lectores que han seguido esta columna saben que hemos afirmado una y otra vez que nuestro país requiere acelerar el paso y dejar atrás los viejos axiomas que nos atan al México que queremos dejar atrás, para dar paso a una nación competitiva y triunfadora.

Los principales actores del país -mandatarios de los tres niveles de gobierno, legisladores, empresarios, sindicatos, líderes de opinión, intelectuales, académicos-, todos quienes construyen en los hechos y con sus ideas el consenso de lo que necesitamos urgentemente y de aquello que podemos aplazar, por intereses creados o por inercias, debemos cambiar nuestras actitudes para poder cambiar nuestras decisiones y nuestras acciones.

Hoy, tenemos la posibilidad de trascender como los grandes reformadores que supieron poner a México en la ruta del siglo XXI, o pasar a la historia como una generación que fue incapaz de dialogar y alcanzar acuerdos, que fue incapaz de poner los intereses individuales o de grupo por debajo de los intereses de la nación.

Los grandes cambios se dan cuando la sociedad está lista para emprenderlos. No me cabe duda de que habíamos llegado al límite. Nubarrones de pesimismo y desconfianza sobre nuestra capacidad para crecer y avanzar como nación se acercaban ominosamente en el horizonte.

Hoy, en cambio, se respiran nuevos aires. A pesar de las sequías en el centro del país, de las inundaciones en la zona metropolitana y la crisis financiera mundial, los mexicanos somos capaces de salir adelante si todos nos ponemos a trabajar con patriotismo y sentido de urgencia.

Estos nuevos aires coinciden con la cercanía de la celebración del bicentenario de nuestra Independencia y el centenario de nuestra Revolución. Aprovechemos estos tres años, en medio de los cuales estará el 2010, para cambiar el rostro del país, no con acciones retóricas que cambien la fachada para dejar todo igual, sino para transformar a fondo lo obsoleto, lo que amenaza con corromper las raíces para que broten nuevas hojas y frutos.

Estamos frente a una oportunidad histórica. Asumamos todos nuestra responsabilidad, por el futuro de nuestros hijos y por amor a México.

benjamingonzalezroaro@yahoo.com.mx
 
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