Opinión / Columna
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Ramón Ojeda Mestre
Diputadas licenciosas
Organización Editorial Mexicana
7 de septiembre de 2009
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Según los diccionarios, una persona licenciosa es libre, atrevida o disoluta, alguien que se concede demasiadas licencias. No es el caso de los representantes populares, mujeres y hombres que han solicitado licencia en la Cámara de Diputados para dejarle el espacio a contlapaches preetiquetados. Pedir licencia para tan bochornosa situación es legal, y aquí estamos para acatar las leyes. Como dijo "La Cucaracha": ellos vienen a lo que vienen y nosotros estamos pa'lo que'stamos.
No podemos validar que el grueso de los diputados federales se haya confabulado para negarle el derecho a las y los pedinches que nulo cacumen por su precipitación montonera, operaron el zipizape parlamentario y se le fueron a la yugular a su Camarita desprestigiada prematuramente.
Si el pedimento de los cínicos fuera delito, se tipificaría una delincuencia organizada, pero no es así, no es delito, es deleite. Porque cada una o uno sirve a un compromiso mayor. No importa sacrificar el criterio de género por el de degenero.
Según parece, fueron los del PAN quienes decidieron cobrarle a los demás partidos la paliza que le acomodaron a nuestro querido blanquiazul y poco les importó patear inmisericordes a su antiguo aliado foxiano, nuestro entrañable Partido Verde Ecologista Mexicano, promotor de la muerte súbita como pena que da pena.
Para como están las cosas y para la catadura y nivel de lo que hemos visto, la cuestión no parecería tan grave. Finalmente se arregla cuando de negociaciones interpartidarias se trata, pero el asunto tiene más fondo del que parece. Hay manos poderosas en el lodazal y quedaron en evidencia. Aquí lo peor no fue el pecado, sino que estuviera unido al escándalo y a la sorna de la Secretaría de Gobernación y demás colegas.
Es bien sabido que fue Josefina Vázquez Mota la que pasó la corriente en su desesperación por recuperar lo irreversible. En busca del tiempo perdido "sólo" es una gran obra de la literatura universal de Marcel Proust, pero nada útil para la mujer política decadente que creyó que desprestigiando a sus colegas diputadas se revaloraría. ¿ la recherche du temps perdu, en francés, que habla de la alta burguesía y de la aristocracia del siglo pasado, le hubiera enseñado que los errores cometidos en la vida personal y política no tienen remedio y la factura le será presentada.
El problema fue que cuando Felipe Calderón requería de atención a sus propuestas, su propio partido una vez más lo mermara con grillitas precipitadas. Si esas diputadas desempeñaban nada más el papel de bateadores emergentes, es mejor que se vayan y que entren los que generaron tan desaseada maniobra, porque ahora nos castigan a los pobres electores dejándonos a esas marionetas decorativas de las diputadillas Wash and Wear. No se valía lo otro, pero esto menos. Qué feo papel el de estos y estas tramposillos.
Ahora, en espera de la siguiente estridencia de las corrupciones, impunidades y porquerías que nos brindan estos entramados politiqueros y que pueda desvanecer o diluir este vaudeville de las diputaditas defenestrables y deleznables, nada más nos queda que este septiembre de fiestas no nos siga dando más de esta sopa.
El viernes, cuando presentábamos el libro "Estudios Ambientales", de Nava Escudero, en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, un prestigiadísimo maestro de derecho señaló que la desgracia de que los diputados nos roben más atención que los manglares, es que éstos están en riesgo de extinción y los legisladores no. Es urgente que senadores, ministros de la Corte, los políticos del gabinete, los gobernadorcitos y los líderes de los partidos, pero sobre todo los diputados federales, recuperen la dignidad republicana. La voracidad y frivolidad de estos legisladores son deplorables.
rojedamestre@yahoo.com
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