Opinión / Columna
 
Alto Poder 
Manuel Mejido 
29 de agosto de 2009

  * La SEP admitió que la deserción es por desinterés

* La partidocracia consolidó a líderes y expulsó a políticos

* Entre el priísmo, el panismo y el Panal transita Elba Esther

La semana pasada, en este espacio, publiqué parte de un análisis de Gonzalo Saraví, investigador del Centro de Estudios para América Latina (Cepal) de Naciones Unidas, donde señalaba que el estudio y el trabajo habían dejado de ser prioridad para los jóvenes mexicanos, porque no representaban ninguna garantía de ascenso socioeconómico.

En respuesta, Miguel Székely, subsecretario de Educación Media Superior, me envió un documento, de siete cuartillas, titulado "Avances y transformaciones de la educación media superior", donde ofrece la versión oficial. En síntesis reconoce que:

"En el año 2007 el nivel medio superior presentaba las mayores carencias de todo el sistema educativo. Probablemente el indicador más contundente es que éste era el nivel con mayor deserción, cerca del 40 por ciento. Y quizá el elemento más dramático e ilustrativo de sus deficiencias es que la principal causa de deserción, de acuerdo a los propios jóvenes que deciden dejar el bachillerato, es que la escuela no les gusta, no les sirve, o no se adecua a sus intereses y necesidades. La falta de recursos económicos es el segundo motivo."

Esto confirma lo señalado por la Cepal. Pero ¿qué hace la SEP para cambiar la manera en que los jóvenes ven a la escuela?

Székely Pardo señaló que:

"El nivel medio superior constituye también una gran oportunidad. De hecho, la presión demográfica puede convertirse en una 'ventana de oportunidad' si el país es capaz de ofrecer una educación de calidad a los jóvenes en la edad crítica de 15 a 18 años, que es el rango en el que se cursa normalmente este nivel. El aprovechamiento de esta 'ventana' tendrá impacto en al menos tres ámbitos que conformarán el rostro del país en el futuro.

"El primero es la consolidación de la democracia y la construcción de ciudadanía, ya que al integrarse al bachillerato, los estudiantes están en las primeras etapas de su adolescencia, pero al egresar, aproximadamente a los 18 años, ya son ciudadanos; es decir, cuentan para entonces con derechos y obligaciones. El segundo, es la estabilidad y el progreso social, ya que los jóvenes en edad de cursar el bachillerato y que cuentan con la oportunidad de estar en el sistema educativo, son menos propensos a la violencia, las adicciones, y a otros riesgos que quienes están fuera. El tercero tiene que ver con el desarrollo y la prosperidad. Es en el bachillerato donde los jóvenes comienzan a perfilar su trayectoria profesional, y en la medida que la educación sea pertinente y de calidad, se contará con los recursos humanos necesarios para mejorar los niveles de productividad y competitividad de México..."

Sólo falta que el pueblo advierta los avances y se vean reflejados en mejores ciudadanos, con buenos salarios y una adecuada seguridad social.

* Menos dinero a la UNAM, más al IFE

El avance de una nación es directamente proporcional a la preparación de sus ciudadanos. A una mejor capacitación de los profesores corresponde una educación de calidad y un avanzado nivel educativo equivaldría a un mejor salario.

Las anteriores son conclusiones lógicas en una nación democrática, plural y desarrollada. Pero en México hace muchos años que la lógica desapareció.

¿Por qué recortar más de 200 millones de pesos a la UNAM, galardonada con el Premio Príncipe de Asturias y, en cambio, programar un presupuesto, para el 2010, de seis mil 219 millones de pesos al IFE y tres mil 12 millones a los partidos políticos, cuando ambos son rechazados por el pueblo?

Algunos analistas consideran que el estancamiento y el retroceso económico, político y social de la nación es consecuencia de la partidocracia que eliminó a los políticos de los cargos públicos y, en su lugar, consolidó liderazgos sectoriales que mantienen secuestrado al país, cada uno defendiendo sus propios intereses.

Durante los más de 70 años del viejo régimen priísta (cada día más añorado por el pueblo) prevalecieron tres dirigencias gremiales: de los trabajadores, con Fidel Velásquez; los campesinos, liderados principalmente por Beatriz Paredes y Heladio Ramírez, y popular, con Manlio Fabio Beltrones.

Con el PRI en la Presidencia, las decisiones de los líderes siempre estuvieron sometidas a las órdenes del Primer Mandatario. Inclusive, se afirmaba que en la República no se movía ni la hoja de un árbol si la orden no llegaba de Los Pinos.

Al mismo tiempo subsistían otros liderazgos de sectores específicos, en ocasiones con mayor poder de convocatoria y movilización que las confederaciones, como los sindicatos de maestros, electricistas, ferrocarrileros y telefonistas. Pero siempre respetaron y obedecieron "al de arriba". De esa manera funcionó adecuadamente la maquinaria política.

* Elba Esther como moneda de cambio

Los panistas, especialmente Vicente Fox, aún creen que los mexicanos deben estarles eternamente agradecidos por "impulsar el cambio en el país" y por "echar al PRI de Los Pinos". El problema es que, hasta la fecha, ni Felipe Calderón ni su antecesor han podido eliminar los cacicazgos, que en algunos casos mimetizan su ideario político y, en otros, como Elba Esther Gordillo, forman su propio partido si algo no les convence.

Varios de esos viejos líderes del PRI fallecieron, perdieron representatividad o cedieron sus dirigencias a nuevas generaciones. Pero, sin duda, quien supo metamorfearse, al pasar del tricolor al albiazul y ahora como "panalista" fue Elba Esther, con todo y su dirigencia vitalicia del Sindicato Nacional de Maestros.

Roberto Madrazo utilizó a la maestra para asegurarse la dirigencia del partido, en 2002. Para convencerla, le ofreció la coordinación de los diputados de la LIX Legislatura, que le quitaría Emilio Chuayffet dos meses después.

Gordillo Morales, sintiéndose traicionada por los priístas, ofreció el voto de 61 diputados a Vicente Fox, aunque no sirvieron para nada porque ninguna propuesta de reforma estructural foxista fue aprobada. Promovió la formación de su propio partido (Nueva Alianza). Ante tal felonía, la maestra fue expulsada del PRI el 13 de julio de 2006.

Cuando se discutía en la Suprema Corte de Justicia el triunfo presidencial entre los candidatos del PAN y el PRD, Elba Esther dio el espaldarazo a Felipe Calderón el 25 de julio de 2006, a cambio de que, de llegar a la Presidencia, el panista nombraría en algunas secretarías y dependencias, como la SEP, la Lotería Nacional y el ISSSTE, a funcionarios elbistas. El primer día de gobierno calderonista la líder recibió su recompensa.

Pero las ambiciones de la maestra siempre se enfocaron en controlar la Secretaría de Educación Pública, por lo que, en primer lugar, infiltró a su yerno, Fernando González Sánchez como subsecretario de Educación Básica. Después, consiguió que Josefina Vázquez Mota, amiga de Calderón, renunciara como titular de la SEP y, por último, logró que Alonso Lujambio, personero de Elba Esther, fuera nombrado en ese cargo.

Resulta increíble que una líder genere tanto divisionismo entre sus agremiados. Aunque dirige el sindicato más grande de Iberoamérica, las entidades con el mayor número de profesores, como el Distrito Federal, Oaxaca y Michoacán, conformaron una escisión en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

¿Qué sabrá la profesora de los gobernantes en funciones o qué documentos tendrá en su poder, que siempre consigue lo que se propone? ¿Cómo lograr el avance de la nación si el 75 por ciento de los educadores están reprobados? ¿Es posible formar patriotas cuando el plan de estudios y en los libros de historia desaparecieron la Conquista y algunos otros temas?

Según Elba Esther Gordillo, los maestros no son responsables de su poca preparación, sino que es consecuencia de un rezago en los planes de estudios de las escuelas normales. Mientras que, para el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, en su afán por defender el trabajo docente, reconoció que "65 por ciento de quienes realizaron el examen son de nuevo ingreso, es decir, no son maestros, son personas que quieren ser maestros y que se sumaron al concurso."

Una nación sin educación, donde el promedio de lectura es menor a un libro anual, con un nivel escolar de tercer grado de primaria, el 75 por ciento de analfabetos potenciales, 70 por ciento viviendo en la pobreza y más de la mitad de la población en el paro, es imposible que logre desarrollarse.

* De malas y peores

Los empresarios, que mayoritariamente sus empresas no pagan impuestos, salieron con la embajada de que se debe gravar con el cuatro por ciento a medicamentos y alimentos. Una buena propuesta si el presidente Calderón quiere que el país le explote y se incendie. Pero será imposible, porque Beatriz Paredes, líder nacional del PRI, dejó en claro que la bancada tricolor en San Lázaro no la aprobará.

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Los campesinos dieron muestras de unidad a pesar de los duros golpes que se empecina el Gobierno de la República en darle, y en los esfuerzos de las grandes cadenas trasnacionales por desaparecerlos. Del miércoles al viernes realizaron su congreso anual en la Confederación Nacional Campesina, que preside Cruz López.

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Alejandro Almazán aprendió del periodismo dos cosas: la crueldad que se respira a diario en las calles y la manera en que trabajan las bandas de delincuentes. Ambas enseñanzas las plasmó en una novela llamada Entre Perros (Mondadori, 2009). A pesar de lo difícil que resulta en un pueblo hambriento vender un libro, el autor y la editorial no pierden la ilusión de que el texto refleje el peligroso y vergonzoso momento por el que atraviesa el país. Teniendo como referencia tres amigos que las circunstancias separan, Almazán consigue atrapar al lector y llevarlo por caminos que cada día se vuelven más comunes.

Hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

mejido@elsoldemexico.com.mx
 
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