Opinión / Columna
 
De cara al Sol 
Andrea Cataño Michelena 
Arcas vacías
El Sol de México
21 de agosto de 2009

  Los síndromes post prandiales de Agustín Carstens deben impedirle razonar bien. Para quien no lo sepa, el síndrome post prandial es eso que nos hace caernos de sueño después de comer y bendecir al pastor árabe que vio cómo sus cabras se ponían a brincar como locas luego de comer las bayas de un arbusto feúcho, hoy más caro y en boga que nunca: el café. Este fenómeno fisiológico obedece a que toda la sangre y las energías se van directo a la panza para ayudar a digerir desde una humilde tostada de pata hasta unos elegantísimos blinis con caviar. La digestión es en principio totalmente democrático. Así, el hombre más rico, al igual que el más pobre, después de comer, y máxime si lo hizo a modo de atracón, sentirá ganas de abandonarse descaradamente en los brazos de Morfeo. Ahora calculen este proceso en las dimensiones de nuestro secretario de Hacienda: más que dormirse, debe de hibernar, porque solamente así se puede entender que no vislumbre bien el panorama económico. De catarrito común, pasamos a pulmonía cuata y ahorita, de acuerdo con lo que ha declarado, estamos al borde del respirador mecánico. ¿Por fin?

Carstens era un hombre que gozaba de prestigio en el medio financiero internacional. Al protestar en el cargo la SHCP, manejó en los mercados una lógica al asignar cuantiosos recursos del presupuesto a la infraestructura aunada a la fortaleza macroecómica del país. Creyó que con esto sería suficiente para contrarrestar la crisis de importación que nos cayó. Le apostó también a la reforma del sistema de pensiones del ISSSTE, al IETU y al seguro contratado para cubrirnos de las fluctuaciones en los precios del petróleo. Con estas alegres previsiones, Hacienda elaboró el Plan Anual de Financiamiento, que contempla la estrategia de deuda del país sustentándola en la correspondiente dentro del Plan Nacional de Financiamiento del Desarrollo 2008-2012. Y ya ven ustedes: le falló.

El costo político lo pagó el presidente Calderón. En su partido le reclamaron y él se les enfrentó, sin embargo, las urnas se encargaron de untarle en el rostro que, finalmente, los opositores de Carstens en el PAN tenían razón. Por otra parte, el IETU cayó peor que una suegra que llega a quedarse a vivir con el yerno o la nuera, pues en plena recesión, aumentar la tasa impositiva es una medida que cuesta mucho y deja muy poco. Y ya sabemos que recesión es una palabra temida por el secretario Carstens, pues nunca la mencionó. Mientras la economía del país se desmoronaba, él regañaba a los reporteros de finanzas por andar de pesimistas.

El presupuesto para infraestructura no se ejerció. ¿Por qué? Y esta es solamente una de las muchas preguntas que podríamos formularle al responsable de las finanzas nacionales.

Nada de lo que estamos pasando ocurrió inesperadamente. Carstens está enterado de que los precios del petróleo tendían a bajar, por una parte y, por otra, que Pemex cada día producirá menos barriles, porque Cantarel está en las últimas. No ignora que existen grandes reservas, pero que se trata de yacimientos que resultará carísimo explotar, máxime cuando por motivos políticos no se permitirá la inversión privada. Así que es mejor que nos endeudemos (¿más?) que consensar una reforma energética verdadera que admita, bajo condiciones seguras y con los mecanismos de vigilancia adecuada, el concurso de capital privado, nacional y extranjero, en la explotación y los procesos de refinación de hidrocarburos.

Ahora dice Carstens que el boquete financiero no tiene parangón en este planeta y las galaxias circunvecinas. Pues si no fue capaz de ver a tiempo lo que ocurriría, ¿no tendría que renunciar? Su error equivale a que un médico yerre en su diagnóstico con respecto de su paciente: es una gripa... no, es una pulmonía... no, es enfisema y, pues con la pena, el paciente se muere.

El presupuesto para el año siguiente será insuficiente. La guadaña tendrá que rasurar a todas las dependencias oficiales (entre las cuales hay muchas que francamente están de más: ¿para qué sirve la de la Reforma Agraria y la de la "Defunción" Pública?). Indigna saber lo que costaron las elecciones y lo que se les da a los partidos políticos cuando hay necesidades tan apremiantes nada más en salud y educación. ¿Qué hace el secretario de Agricultura? ¿Por qué tenemos que subsidiar a la Compañía de Luz y Fuerza y seguir manteniendo sindicatos que tendrían que considerarse como delincuentes muy organizados? Ah, por ahí ni se meten. Lo único que se les ocurre es crear más impuestos y ahorrar en lápices y clips.

Hace mucho que las finanzas públicas tendrían que haber dejado de depender de los ingresos petroleros; hace mucho que el turismo, en un país tan lleno de bellezas y atractivos, debía ser el detonante de la economía, el mayor generador de divisas, pero ahí está en manos de otro inepto. Todos parecen verlo, menos los que deciden y así... así, no se puede.

andreacatano@gmail.com
 
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