Opinión / Columna
 
Christopher Hitchens 
Un trabajo miserable de un día
El Sol de México
17 de agosto de 2009

  ¿Valió la pena el tiempo, la energía y el prestigio invertidos en la visita de Bill Clinton a Corea del Norte? De ninguna manera

Llamo su atención a un detalle pequeño acerca de Laura Ling y Euna Lee, dos periodistas estadunidenses injustamente aprehendidas, detenidas ilegalmente y luego caprichosamente liberadas por la familia criminal que controla la sección septentrional de la península de Corea: la misma familia que trata a todos sus habitantes como prisioneros esclavos y a todos sus vecinos al alcance de sus misiles como rehenes.

Las dos jóvenes mujeres fueron detenidas en marzo y liberadas en agosto. Eso significa que pasaron casi medio año en el sistema de prisiones de Norcorea. Sin embargo, a juzgar por las fotografías de ellas al regresar a territorio estadunidense, se encontraban aproximadamente en la misma condición física que tenían cuando fueron ilegalmente aprehendidas.

Ahora bien, yo pasé menos tiempo que eso como un huésped respetado en Corea del Norte y aun así perdí peso durante mi estancia. La terrible estadística que todos conocen acerca de Norcorea es que sus ciudadanos tienen en promedio 5 centímetros menos de estatura que los surcoreanos. Y con eso quiero decir "en promedio" -parece ser cierto incluso respecto de los soldados norcoreanos. Esta reducción y estado físico de los niños de la generación de la última hambruna quizá sea más angustiante cuando sea medida.

Y la situación de aquellos que están en el gulag norcoreano puede, con lo anterior en mente, ser imaginada. Hay un régimen de hambre dentro de la pesadilla más amplia del sistema de esclavos. No obstante, Ling y Lee obviamente no habían sido maltratadas ni hambreadas como es lo que puede esperar un civil norcoreano, ya no digamos un prisionero norcoreano.

El corolario lógico de lo anterior es obvio. La pandilla de Kim Jong Il siempre planeó liberarlo. Fueron aprehendidas con el fin de ser liberadas y se les mantuvo en una condición razonable hasta que se pudiera cerrar un trato.

¿Esto no modifica -o no debería modificar o diluir- ligeramente nuestra alegría al verlas regresar a casa? ¿No dice para sí el Gran Líder: "Eso fue fácil"? ¿No se le está diciendo al pueblo norcoreano, a través de megáfonos, que el sol brilla tan poderosamente del trasero de su jefe celestial que incluso poderosos estadistas de Estados Unidos llegan al aeropuerto para traer disculpas, rendir tributo y recibir la custodia de huéspedes no invitados en el paraíso de los trabajadores?

Independientemente de lo que haya dicho la prensa de Pyongyang, difícilmente superará en sus elogios a la oda ofrecida por Lanny Davis, un exconsejero de ambos Clinton. Yo los exhorto a leer sus ensayo de lamebotas completo, pero les ofrezco esto para que se den una idea: "La liberación de las dos periodistas por los norcoreanos ... Fue el resultado de una tour-de-force, una combinación trifecta de los tres líderes políticos más talentosos y verdaderamente grandes de nuestros tiempos -la secretaria de Estado Hillary Clinton, su esposo, el expresidente Bill Clinton, y el presidente Barack Obama. Sin los talentos especiales y la magia sinergística de los tres trabajando juntos".

Espere ahí un momento. Como digo, échele una mirada a todo esto y póngaselo en la boca por tanto tiempo como pueda soportarlo.

Davis es conocido como un adulador de los Clinton, pero Henry Kissinger, escribiendo en el Washington Post, fue casi igual. Como el inexperto aburrido que es nuestro exsecretario de Estado soltó una andanada de preguntas retóricas sin preocuparse por contestar ninguna de ellas: "En situaciones de rehenes es inherente que condiciones humanas angustiosas se empleen para superar juicios de política. Esa es la fuerza de negociación de quien secuestra. Por otra parte, en cualquier momento dado, millones de estadunidenses residen en el extranjero o viajan. ¿Cómo se les protege mejor? ¿La lección de este episodio es que cualquier grupo o gobierno implacable puede exigir una reunión simbólica con un estadunidense importante al apoderarse de rehenes o amenazar con trato inhumano para prisioneros en su poder? Si debe decirse que Corea del Norte es un caso especial debido a su capacidad nuclear, ¿crea eso incentivos nuevos para la proliferación?"

El resto de este artículo es únicamente basura, probablemente porque él y Kim Jong Il comparten algunos de los mismos amigos, patrocinadores y socios de negocios en Beijing (es también la razón por la que pasa tan rápido sobre la dimensión de derechos humanos de la crisis). Pero al menos las preguntas que declina contestar valían la pena de ser planteadas y la respuesta provisional para las últimos dos parecen ser "sí".

Desde que Bill Clinton inició el "contacto" con Norcorea hace más de una década, nada de lo hecho por su régimen ha sido considerado merecedor de castigo. Incluso desde la reanudación del llamado acuerdo de "seis potencias" en Beijing en febrero de 2007, lo violó en una forma no menor de pruebas nucleares y la producción de plutonio de calidad para armas y simplemente ha hecho caso omiso de las resoluciones de las Naciones Unidas. Esas políticas agresivas y arrogantes han sido ejecutadas sin costo alguno.

En tanto, la población de Norcorea se mantiene en niveles de hambruna y esclavitud, con ayuda alimentaria del extranjero obtenida mediante chantaje para hacernos cómplices en este enfermizo asunto, mientras la población de Corea del Sur es amenazada con ser borrada del mapa si se plantea alguna resistencia al chantaje nuclear que es lo que mantiene vigente todo este horror.

A partir de la semana pasada, y como resultado de enormes inversiones de tiempo y energía y prestigio y cortesía forzada, ahora podemos asegurar que hemos reducido la población de las prisiones de Norcorea en exactamente dos, y ambas iban a ser liberadas de cualquier forma. A cambio de esto, hemos gratificado y halagado inmensamente al hombre que las secuestró y que diariamente se burla de la ley internacional. Incluso se expresó "arrepentimiento". Pero, ¿adivine quien lo hizo? No el amo de los esclavos que hace imposible que se ingrese a su territorio o se salga de él.

Es un trabajo miserable de un día.

(Christopher Hitchens es columnista de Vanity Fair y Slate Magazine, donde apareció originalmente esta columna. Es receptor de la beca de medios de comunicación Roger S. Mertz de la Institución Hoover de Stanford, California. Para más artículos como éste, visitar la página www.slate.com.)

The New York Times Syndicate
 
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