Opinión / Columna
 
Bazar de la Cultura 
Juan Amael Vizzuett Olvera 
Una feminista enojada
El Sol de México
10 de agosto de 2009

  El feminismo radical tiene sus dogmas, y cuando éstos se ponen en duda, la reacción puede ser poco agradable. Eso le sucedió a la periodista inglesa Erin Pizzey cuando presentó un libro sobre la violencia de las mujeres. En una escala mucho más modesta, a este reportero le ocurrió lo mismo, el lunes 20 de julio, cuando intentó entrevistar a Beatriz Gimeno, una de las figuras más prominentes del feminismo radical lésbico español, quien presentó su libro "La construcción de la lesbiana perversa" en el Auditorio de la Clínica Especializada Condesa.

Cuando se le solicitó una entrevista, la visitante afirmó que estaba agotada. Ante la insistencia del columnista, Gimeno aceptó dialogar cinco minutos, si esperaba a que ella terminara la firma de sus libros. No hubo que esperar mucho: apenas unos cuantos asistentes compraron su ejemplar y solicitaron la respectiva dedicatoria. La activista se resignó a atender al entrevistador no sin antes reiterar que solamente disponía de cinco minutos. La entrevista tenía como propósito formar parte de un libro en preparación, pero por su interés para los lectores de El Sol de México, se decidió reproducirla a continuación:

V.: Comentaba usted que en España, en la actualidad, un hombre que asesine a una mujer tiene el doble de sentencia que a una mujer que asesine a un hombre.

G.: Sí, así es, así lo establece la Ley Integral Contra la Violencia de Género aprobada por unanimidad por el Parlamento español.

A V.: ¿No hubo comentarios de que esto rompía el principio de equidad?

G.: Sí hubo comentarios, pero como digo, fue aprobada por unanimidad, incluidos los votos de la derecha, a pesar de que sí tuvo comentarios. Todos los organismos internacionales, desde la ONU hasta nuestra Unión Europea y el Consejo de Europa, han establecido por teóricos y teóricas ya de manera clara que la discriminación positiva o acción positiva no rompe el principio de igualdad, puesto que se trata de la suspensión momentánea de este principio precisamente para conseguir la igualdad. Se trata de un instrumento en el camino hacia la igualdad, y eso lo han establecido, como digo, desde la ONU hasta todas las instancias de la Unión Europea.

V.: Hay algunas autoras -Erin Pizzey que fundó los primeros refugios para mujeres golpeadas en Inglaterra, Patricia Pearson y Melanie Phillips, que son periodistas investigadoras- que afirman que la violencia doméstica no es predominantemente masculina, sino que en muchos casos es prácticamente igual; que las agresiones son muy semejantes. Hay también unos trabajos de juristas en Estados Unidos, de investigadoras en las universidades, que respaldan esas conclusiones que en México se desconocen. ¿Qué puede comentar respecto a esto?

G.: ¡Mire, este es un tema que me pone de muy mal humor! En España esto no se podría decir en público. La familia es una institución que es problemática, que genera violencia, por lo tanto no es una cuestión idílica. Sin embargo, estamos hablando de violencia que mata. España es un país donde se visibiliza mucho la violencia, pero no es un país socialmente donde haya violencia contra las mujeres, tenemos 33 muertas al año aproximadamente y ningún hombre. Esta es la violencia que cuenta, la violencia de años de torturas, la violencia de mujeres quemadas vivas, de asesinatos, de violaciones. ¿Cuántos hombres violados hay, cuántos hombres asesinados? La violencia psicológica. La violencia simbólica, que puede existir efectivamente de mujeres a hombres y que no dudo, y de viejos a jóvenes y de negros a blancos, no puede en ningún caso invisibilizar la verdadera violencia, que es la de quien tiene el poder. Porque lo demás es una anécdota. Y como digo, no le quito importancia a esa violencia, porque además la familia es una institución que encubre mucha violencia, desde luego, el número de asesinatos en países donde el número de asesinatos es de mujeres, 300, 400, que se sepa. Simplemente no se puede comparar. Es decir, hay asesinatos por una parte y por el otro no. Y además la violación es una violencia sistemática y no hay violaciones de hombres. ¡Eh! Cuando me hablen de hombres violados por mujeres, empezaremos a hablar.

V.: No recuerdo si es Patricia Pearson o Melanie Phillips quien establece que en la ciudad de Chicago, Illinois, el grupo donde hay más asesinatos a causa de la violencia doméstica es en la comunidad afroamericana y los muertos son mayoritariamente varones. Hay más varones muertos que mujeres muertas por arma de fuego. Por estadísticas de la ciudad de Chicago, Illinois.

G: Puede ser que haya más varones muertos por arma de fuego, pero las armas las llevan los varones. Es decir, varones que matan a varones.

V.: No, no: son muertos por sus mujeres, según estas investigadoras.

G.: Mire, esa simplemente es una tontería, perdóneme que le diga. Eso no es cierto en ningún caso. Esas estadísticas no las contempla ningún organismo. A esas investigadoras no las contempla ni son reconocidas por ningún organismo internacional, ni por la ONU ni por nadie. Y además eso no es cierto. Las que mueren son mujeres y vuelvo al tema de la violación. Y de verdad, lo dejamos aquí porque además es un tema que no... ¡Me niego a colaborar en un libro que considera la violencia femenina parangonable siquiera a la violencia masculina! ¡Eh!

V.: Muchas gracias.

Beatriz Gimeno se levantó entonces muy irritada. No hubo oportunidad de aclararle quiénes son Pizzey, Phillips y Pearson. Pese a que se le comentó que Pizzey es reconocida como fundadora del primer refugio contra la violencia doméstica, autora del libro que sacó a la luz el problema, que las feministas apenas tocaban, Gimeno descalificó a estas investigadoras.

Tampoco hubo ocasión de mencionarle las estadísticas mexicanas, ni los casos documentados de presuntas mujeres homicidas, el más célebre de los cuales fue el de Juana Barraza Samperio, conocida en la nota policial como "La Mataviejitas", a quien se condenó por el asesinato de 16 ancianas en la ciudad de México, a principios de 2006.

No se le pudo preguntar cuánto tiempo debe mantenerse la "discriminación positiva". Tampoco si ha tenido efectos negativos en la sociedad peninsular.

Gimeno es defensora de las familias alternativas, como las encabezadas por dos lesbianas. En las declaraciones a este reportero se advierte que le atribuye a la familia -entendemos implícitamente que hablaba de aquella que se forma con una pareja heterosexual y sus hijos- ser una fuente de violencia. Pero no dio tiempo para comentarle que, según el Instituto Nacional de las Mujeres (INM), el maltrato por negligencia y abandono de los niños tiene su porcentaje más reducido en los hogares donde conviven la madre y el padre (7.1 por ciento). En las familias tradicionales.

Menos aún se le pudo plantear otra pregunta clave, dada su militancia como activista lesbiana: el hecho de que en las parejas lésbicas es muy alto el porcentaje de violencia. Este reportero tenía toda la intención de plantear la pregunta, pero la señora Gimeno se irritó y salió indignada del auditorio.

El lector observará que la activista peninsular no rebatió con datos ni evidencias a Pizzey, Pearson ni Phillips; se concretó a descalificarlas con el argumento de que no están reconocidas por la ONU ni por ningún otro organismo. Ése, naturalmente, no era el meollo de la cuestión, sino una nueva falacia "ad hominem". Pero las declaraciones que pudimos captar en la grabadora son elocuentes y queda al amable lector la reflexión. Se advertirá que en ningún momento se le faltó al respeto a Gimeno. Por el contrario, las preguntas se le plantearon en forma comedida y serena.

Gimeno fue más amable con otros entrevistadores, quienes nunca la cuestionaron, sino que se concretaron a aceptar sus aseveraciones y divulgarlas con reverencia. Pero así no se puede establecer la realidad.
 
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