Opinión / Columna
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René Arce Islas
Refundación inaplazable
El Sol de México
6 de agosto de 2009
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Cuando se habla de la grave crisis que atraviesa el PRD y cuando se menciona la necesidad de una reforma estructural en el partido, es porque en la actualidad esta institución política está alejada de los principios democráticos que le dieron razón de ser. El PRD nació como la antítesis del presidencialismo; ante la sociedad, el PRD era el partido que combatiría, con una democracia representativa y de equilibrios, todos los vicios de un poder unipersonal. El problema ahora es que el nefasto presidencialismo que se combatía creció, y lo peor, se reprodujo, con creces, en el propio partido.
Muchos son los asuntos y problemas que se tienen que plantear, reconocer y asumir para entrar en la ruta de la reforma del partido; sin embargo, uno de los primeros es qué hacer ante el profundo deterioro en la concepción ética del quehacer político del PRD. Todo parece indicar que en el principal partido de izquierda en México se han olvidado los principios éticos que le dieron origen y, en su momento, enorme legitimidad entre la población.
Desde hace ya varios años se olvidó que el PRD se conceptualizó como un instrumento del pueblo mexicano para la transformación del país y para la construcción de un México de democracia y de justicia; este objetivo primordial se perdió y todo indica que se asumió la concepción de un partido como una oportunidad, como un espacio para alcanzar posiciones de decisión. Es decir, los ideales se cambiaron por la mezquindad. Este olvido, este cambio, está provocando un grave deterioro en la práctica política del PRD.
Pero el problema no solamente radica en la parte ideológica o de principios. También existe, desde hace mucho tiempo, una deformación en la estructura organizacional, en la normatividad interna. Las directrices establecidas en los documentos básicos, en el Estatuto, son normas escritas inexistentes en la práctica diaria y en la convivencia cotidiana. El ideal de llevar a la práctica los valores democráticos, las decisiones colectivas, los métodos incluyentes quedó en el olvido y hoy, en la práctica, en la cotidianeidad, los comportamientos no sólo son antidemocráticos, sino que rayan en lo aberrante. Mientras no se entienda que ese comportamiento daña y obstruye el funcionamiento democrático del PRD poco se podrá avanzar en la refundación del partido.
Si insistimos en la necesidad de una reforma, en la refundación del PRD, es porque las distorsiones en la parte ideológica y en los métodos de organización se deben superar para dar paso a una nueva forma de gobierno, de conducción del partido y de convivencia militante en el PRD. Pero esta reforma, para que lo sea de fondo, no debe observar sólo la coyuntura, sino que además debe atender a las causas estructurales, a las profundas, porque de lo contrario se caerá en la simulación y ello llevará a la pérdida de la credibilidad en el partido.
Hacer el planteamiento de la reforma al PRD puede parecer fácil, pero estamos conscientes de que llevarla a cabo no lo será. Pero todo será mejor que continuar en el status quo actual. En el PRD tenemos que plantearnos si cambiamos o continuamos en el deterioro de nuestra organicidad y de nuestra coexistencia. Hoy más que nunca se necesita que en los órganos representativos y estatutarios del partido se dé una reflexión seria, objetiva, colectiva, para que con madurez y civilidad democrática se obtengan conclusiones que contribuyan verdaderamente a superar la actual crisis de nuestra organización partidaria.
El próximo congreso nacional es la oportunidad para el PRD. Es el espacio ideal para la reflexión común, para los planteamientos con sustento, para las propuestas de las nuevas formas de organización y de coexistencia que sean esencialmente colectivas y, por ello mismo, que se recreen en el respeto a la diversidad y en la tolerancia hacia lo diferente.
No podemos permitir que el PRD siga agravando sus conflictos internos y sea rehén de las decisiones de sus liderazgos, sobre todo por la situación que enfrenta nuestro país, con la creciente ingobernabilidad, la agudización de la crisis económica y su impacto entre la gente. Hay nuevas realidades que requieren de nuevas respuestas, hay desafíos que necesitan de soluciones nuevas, de propuestas innovadoras y viables que ayuden a México a lograr su desarrollo en todos los sectores. Por todas estas razones, la reforma del partido no es opción, es una ineludible necesidad, no sólo para el partido como institución política sino para nuestro país, por los aportes que la izquierda le pueda dar para superar los problemas que enfrenta.
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