Opinión / Columna
|
María Antonieta Collins
Juanita y Mariela
Organización Editorial Mexicana
17 de julio de 2009
|
La televisión en Miami mostraba hace un par de días imágenes provenientes de una Cuba inesperada: la que muestra la imagen de Mariela Castro, una de las tres hijas de Raúl Castro, el hombre en el poder y quien ha abrazado las causas de un sector profundamente perseguido en otros tiempos: los homosexuales. Mariela, a decir de sus allegados es la voz progresista de la familia, la que no tiene miedo a hablar en entrevistas, la que da conferencias donde sabe que va a ser atacada por la prensa a la que no le huye y donde no teme responder.
Me llama la atención su figura por una poderosa razón que ella misma quizá ignora: cincuenta años más tarde, es, por su forma de actuar, en este caso en temas diferentes, exactamente a alguien de su misma familia y a quien desconoce, a pesar de que llevan la misma sangre: su tía Juanita Castro, un nombre borrado especialmente en la rama de su familia. Mariela desconoce totalmente a esta tía sanguínea que sabe de ella por cuanto dicen las noticias. Era muy pequeña cuando Juanita ya había tomado dirección al exilio y por tanto, su recuerdo sobre ella es casi nulo, pero la sangre es la sangre y eso algún día aparece.
Al igual que en su momento a su tía Juanita, a esta Mariela Castro Espín hoy en Cuba se le asocia con las causas perdidas: lo de Juanita eran entonces los perseguidos políticos, los que habían perdido propiedades con las confiscaciones, el enfrentamiento con su hermano Fidel -nunca con Raúl- defendiendo lo que ella creía y que era oponerse al socialismo, al comunismo, sin medir las consecuencias que finalmente la llevaron a su exilio, previa declaración de conciencia hecha en México en aquel junio de 1964.
Lo de Mariela es diferente pero no menos controversial. Frank, un amigo cubano que me pide resguardar su nombre supo de la prisión por ser homosexual...
"Me parece increíble -me dice con lágrimas en los ojos- que alguien que se apellide Castro y que sea tan cercana a Raúl esté abrazando una causa de quienes nunca tuvimos ni voz ni voto. Estuve preso, me pelaron a rape, me vejaron y nadie salía en defensa de alguien que fuera gay. Esto es producto de otra época en mi país."
Y es que esta Mariela ha hecho cimbrar viejas estructuras dentro del sistema comunista de la isla cuando ha decidido apoyar el movimiento gay, lesbianas, transgénero y luchar porque comiencen a financiar las operaciones de cambio de sexo con dinero del Estado. La suya es también abiertamente la lucha en contra del SIDA, me dice un experto en temas cubanos, lo de ella, guste o no, está siendo hablar de temas tabú.
Y Juanita, que sigue muy de cerca las noticias de los suyos no habla de aquello que le duele, pero la he observado durante meses ir viendo cómo cada día la figura de Mariela su sobrina, crece y aparece en periódicos y programas de televisión de Miami que reproducen sus comentarios hechos en viajes oficiales, y la he visto seguirla con atención y con una mirada de satisfacción.
-Se parece a usted en el carácter -dije hace unos días-. Más que al padre o a la madre.
Juanita calló para sus adentros la respuesta. Pero yo la adiviné. Su sonrisa de satisfacción marcada por el orgullo lo decía todo. La sangre es la sangre -me repetí- y en camino a casa no dejé de reflexionar en que apellidándose Castro ambas, Juanita y Mariela, tan cercanas y tan lejanas una de la otra, son parte de esa terrible separación de familias, con esa dolorosa distancia de sólo noventa millas entre Cuba y el Estrecho de la Florida.
Pero la sangre es la sangre.
Columnas anteriores
Columnas anteriores