Opinión / Columna
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Enrique Hett
Sueños de unión (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
4 de julio de 2009
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La XIII Cumbre de la Unión Africana se reunió en Libia bajo la presidencia de Muamar Gadafi, quien se esfuerza en transformar dicha organización para adaptarla a su proyecto de Estados Unidos de África. Se acordó que la Comisión de la UA se transformará en "Autoridad Africana", con mayores poderes en materia de defensa, intercambios internacionales y diplomacia. Pero la cumbre rechazó las tentativas de Gadafi para instaurar estructuras intraestatales. Por lo mismo, el éxito obtenido parece más simbólico que real.
El problema es recurrente, y no sólo en África. Muchos sueñan en unión, pero no quieren ceder soberanía. La primera no va muy lejos sin la otra. Razón por la cual, Estados Unidos, fuera de los de Norteamérica no existen.
En realidad, éstos tampoco existen de este punto de vista, porque no corresponden realmente a su nombre, que implica que ese país nació cuando Estados preexistentes se unieron. En realidad todo el mundo sabe que la 13 pequeñas excolonias que se unieron, son únicamente un pequeño porcentaje de Estados Unidos.
El resto fue el resultado de una política predatoria. Al final, había efectivamente unos cincuenta Estados, pero no propiamente unidos, sino creados sobre territorios anexados por la fuerza para ser añadidos con la finalidad de formar un solo país. Pero, EU sabe hacer olvidar su pasado.
Si los Estados Unidos hacen soñar a muchos europeos, la UE a su vez hace soñar a muchos no europeos. No es sorprendente porque es la única tentativa lograda de su tipo. Pero no tiene nada que ver con la creación de "Estados Unidos". Si ha funcionado es porque más que unir países, pone en común políticas y campos de acción. Ello exige delegaciones de soberanía menos dolorosas que si se trata de comenzar por "arriba", por el corazón de la soberanía: seguridad interior, defensa, relaciones exteriores, hacienda y justicia.
Los europeos lograron unirse, porque tenían una experiencia única en el mundo en materia de fracasos de unificación. Mil años de uniones y separaciones, de alianzas y contraalianzas, guerras de ocupación y de liberación, de federaciones logradas y luego fracasadas.
No hay que olvidar tampoco otra fuente de enseñanzas. Estados que parecen tan antiguos como Inglaterra o España, como Italia y Alemania, datan solamente de la segunda mitad del siglo XIX. El caso alemán es particularmente pertinente: los alemanes reconocieron siempre ser un solo pueblo, con una sola lengua, misma sangre, misma tierra. Pero, sólo pudieron ser unificados por el esfuerzo denodado del más fuerte de entre ellos, Prusia. Y eso, al costo de excluir a Austria.
Todo ello enseñó a los europeos que no hay nada más difícil, ni menos natural que la unión. Sólo que, los iniciadores de la Unión Europea supieron aprovechar las fuerzas centrífugas que impulsaban a la unión después de la Segunda Guerra Mundial. Se suele olvidar nuestra época, tan políticamente correcta, que los países se unen tanto o más contra que para o por. Europa buscó la unión porque había que evitar otra guerra intraeuropea. Pero también se creó la Comunidad Europea contra la Unión Soviética.
Por otra parte, Europa funcionaba mucho mejor cuando reunía no más de 12 a 15 miembros. Es sumamente difícil administrar diferencias entre 27, para no decir nada de los 53 miembros de la Unión Africana. Sin duda, siempre es posible encontrar preocupaciones y problemas comunes, fuerzas y objetivos compartidos, pero precisamente hay que comenzar por allí, por hacerlos institucionalmente comunes. La palabra clave no es "unión", sino "común".
Sincera o no, la tentativa de Gadafi, la cual parece esencialmente de ser un esfuerzo para cambiar el modelo de la UE por el de EU y basarse ante todo en la voluntad de unirse, parece destinada a fracasar.
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