Opinión / Columna
 
Federico Ling Sanz Cerrada 
Mejor es votar: no queremos ser Honduras
El Sol de México
4 de julio de 2009

  Durante los últimos días hemos visto cómo las campañas electorales han terminado en los plazos legales. La elección será el día de mañana, 5 de julio. Importantes cosas están en juego. La renovación de la Cámara de Diputados federal, varios congresos locales y diversos cargos ejecutivos en nuestro país.

La campaña fue intensa en varios aspectos. Hubo un bombardeo mediático de spots por radio y televisión. Muchos pasacalles, pendones, mantas, bardas, espectaculares y demás propaganda cuelga de nuestras avenidas en todo México.

Muchos analistas políticos han llamado a no votar, a anular el voto, o bien, otros tantos, a votar; por quien sea, pero hay que votar, dicen. No obstante lo anterior, me parece prudente hacer una reflexión sobre la campaña electoral y sobre el proceso comicial que se está llevando a cabo en estos días y que culminará incluso varios días después de que los ciudadanos hayamos emitido nuestro voto en las urnas.

El debate sobre la democracia es amplio y complicado. Se habla de democracia representativa y democracia participativa. Varios años atrás ya se hablaba incluso de una "democracia sin adjetivos". Sin embargo, más allá de la democracia o de sus adjetivos, me gustaría traer a cuento lo que Norberto Bobbio dice sobre ella: la democracia es una forma de ponernos de acuerdo. Es decir, es la manera en que establecemos las reglas del juego con la que los ciudadanos vamos a participar en la vida pública de la nación.

Se podría argumentar que la anterior definición no es más que la de una "democracia procedimental", es decir, aquella que tiene que ver con los mecanismos y no con el resto de las características de las democracias, entendiendo éstas como regímenes políticos. Pero justamente por ello, el procedimiento con el que la democracia se concreta día a día es importante. Esta es la diferencia básica con los regímenes autoritarios y autocráticos. Las normas y las reglas surgen desde abajo, desde la soberanía del pueblo, y no son dictadas por un líder o una oligarquía dominante.

Si bien, se puede decir y argumentar que en las democracias hay oligarquías (como decía Michels o el mismo Bobbio), vale la pena destacar que el voto es una de las herramientas más poderosas que tenemos para que nuestro régimen siga siendo democrático. Es decir, para que las reglas del juego sean establecidas por nosotros y no por una cúpula dominante.

El caso de Honduras me parece significativo y sumamente ilustrativo para el proceso electoral mexicano. En el vecino país latinoamericano se destituyó a un presidente y se nombró a otro en su lugar. Aunque la orden haya venido de la Corte Suprema, es claro que se está violentando el espíritu democrático de las instituciones y de la voluntad del pueblo de Honduras.

Ante un caso como el de aquella nación, resulta importante hacer una pausa y reflexionar sobre nuestro voto del día de mañana. ¿Realmente vale la pena anular la papeleta en la casilla? La pregunta es válida, porque además del voto nulo, pareciera que los porcentajes de abstencionismo previstos para la jornada electoral son altos. Luego entonces, ¿qué nos espera?, ¿qué grado de legitimidad tendrán nuestros representantes o nuestros gobernantes con el voto nulo y el abstencionismo? ¿no será mejor votar por una propuesta concreta?

Creo que el caso de Honduras ejemplifica de manera precisa que, en aquél país no hubo la oportunidad de votar por un presidente u otro. Simplemente se derrocó a uno y se nombró a otro con la fuerza del ejército y las armas. Los ciudadanos de Honduras no pudieron escoger a su presidente.

El caso mexicano, con los graves problemas que enfrenta nuestro país y las tremendas dificultades que tiene el presidente Calderón para gobernar, a pesar de sus detractores, no puede decirse que es similar a Honduras. Felipe Calderón ha luchado frontalmente contra el crimen organizado. El Estado mexicano está dando la batalla porque el Estado no puede capitular, decía Castillo Peraza. Entonces es tiempo de luchar por nuestra democracia e ir a votar. Tenemos la oportunidad de escoger libremente. No queremos ser como Honduras. Debemos ser congruentes con tal derecho y tal obligación.

federicoling@gmail.com

*Maestro en Ciencia Política y Medios de Información
 
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