Opinión / Columna
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Miguel Angel Ferrer
Frescos y gruesos antecedentes
El Sol de México
3 de julio de 2009
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Anteayer miércoles 1 de julio fue encontrado el cuerpo sin vida del famoso expugilista y hasta el momento de su muerte alcalde de Managua, Alexis Argüello. Una vocera de la policía de Nicaragua afirmó, a las pocas horas, que se trató de un suicidio: "Argüello falleció a consecuencia de heridas por proyectil de arma de fuego que perforó el tórax con laceración del corazón y pulmón izquierdo". Y agregó: "Se encontró (sic) evidencias de impacto único, y, por las características del orificio de entrada, se puede determinar que el disparo se produjo por contacto firme del cañón sobre la piel, (por lo) que desde el punto de vista médico legal se trata de una muerte violenta de etiología suicida".
Así, de un plumazo, la Policía nica concluye en brevísimo lapso que la muerte del expugilista fue suicidio. ¿Fue esa toda la investigación? ¿Tan rápida? Las preguntas son pertinentes porque uno está acostumbrado a que tales diligencias duran muchos días y a veces semanas y meses.
Es bien sabido que en todo el mundo muchas personas se suicidan con arma de fuego. Pero es igualmente conocido que en todo el orbe muchas más personas son asesinadas con arma de fuego. ¿No cabe la posibilidad de que Alexis Argüello haya sido asesinado?
La verdad, resultan muy sorprendentes la diligencia y la celeridad con las que la Policía nica determinó que fue un suicidio y no un asesinato. ¿Tenía seguro de vida el extricampeón? ¿Poseía valiosos bienes materiales que alguien, sin duda, habrá de heredar, lo que podría constituir el motivo para cometer un asesinato? Nada, nada. La Poli nica ya dijo que fue suicidio y sanseacabó.
Con idéntica diligencia, la Poli mexicana dijo que el incendio de la guardería del Seguro Social en Hermosillo fue un accidente. Pero cómo supo la Poli que se trató de un accidente. Eso sólo podría saberse luego de una exhaustiva investigación.
No digo que no haya sido un accidente. Lo que digo es cómo supo. Con semejante perentoriedad, nos dijeron que a Colosio lo mató un asesino solitario. Y poco después nos dijeron que fueron dos asesinos solitarios. Uno le dio un balazo en la nuca y el otro tirador solitario le pegó en el vientre. Pero ocurre que sólo uno de los dos asesinos solitarios está en la cárcel. ¿Y el otro?
No hace mucho también nos dijeron que una organización fantasmal llamada Al Qaeda estrelló dos aviones comerciales contra las Torres Gemelas de Nueva York y una tercera aeronave contra el edificio del Pentágono en Washington. ¿Pero de veras fue la tal Al Qaeda? ¿Saddam Hussein y el hoy masacrado pueblo iraquí pertenecían a esa organización que dice la CIA que existe, pero quién sabe dónde?
A John Kennedy también lo mató un asesino solitario. Pero el pobre presidente recibió varios balazos, todos ellos con distinta trayectoria. Unos de adelante hacia atrás y otros en sentido inverso. Y el Servicio Secreto yanqui, la CIA y el FBI, como si fueran policías mexicanos o nicaragüenses, se mostraron ultraeficientes y rapidísimos para determinar que a Kennedy lo asesinó, él solito, Lee Harvey Oswald.
Habrá quien diga, desde luego, que los casos de Colosio, Al Qaeda y Kennedy fueron asuntos políticos, carácter que no se da en la muerte de Argüello y en el incendio de Hermosillo que mató a 48 niños.
Pero decir tal cosa es un error de principio. Porque cómo sabe ese alguien que en estos dos últimos hechos no hubo motivación política. Argüello era alcalde de Managua, un cargo político muy importante. De esos que dejan muchos enemigos. Y habrá que reconocer que el incendio de Hermosillo se dio en el contexto de una guerra electoral de frescos y gruesos antecedentes de enorme suciedad, incluidos, desde luego, muchos atentados y asesinatos políticos en todo el país. ¿O no es así?
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