Opinión / Columna
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Por Correo Electrónico
El sendero del peje
Organización Editorial Mexicana
29 de junio de 2009
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A lo largo de su historia, Andrés Manuel López Obrador ha practicado las constantes de: traicionar a quienes le han brindado apoyo; mentir por costumbre para asumirse como "salvador del pueblo"; ejercer recursos económicos públicos para sus mesiánicos planes y la obsesión de alcanzar el estatus de mártir, quizá con el fin de expiar su gran culpa que carga desde su infancia.
Su liderazgo ha transitado al filo de la ilegalidad, no sólo en su etapa como agitador social, sino que ahora, sin tener cargo alguno, provoca a la dirigencia de su (¿todavía?) partido, el de la "Revolución Democrática" a que lo expulsen de su nómina y agiliza su campaña a favor de candidatos de otros partidos.
El Peje está seguro que el presidente del PRD, Jesús Ortega Martínez, no tiene el valor, ni la decisión de aplicar los estatutos. Si lo echan de las filas perredistas, se asumirá como víctima.
AMLO ya conoce el camino, culpa a los demás de sus dislates y traiciones.
El muy probable fracaso de su campaña a favor del PT, será un nuevo pretexto para repetir que "le robaron la elección" y que la derrota del PRD, sólo será responsabilidad de Ortega, "por entregarse a la mafia".
AMLO, desde luego, rechazará la traición al partido que presidió; que lo llevó a la Jefatura de Gobierno de la ciudad sin tener la residencia legal y que lo hizo candidato a la Presidencia.
El caso de Iztapalapa es y ha sido el pretexto del tabasqueño para demostrar su tradicional autoritarismo.
Obligó a su pelele Rafael Acosta, mejor conocido como "Juanito", para que suplante a Clara Brugada y una vez que alcance la titularidad de la Jefatura Delegacional en Iztapalapa (en caso de que los votos lo favorezcan) renuncie al cargo.
Añadió: "le vamos a pedir al jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, que proponga a la Asamblea que sea Clara Brugada la delegada en Iztapalapa", y preguntó a las decenas de personas reunidas, si aceptaban su proyecto, recibiendo una favorable aprobación a mano levantada.
El susodicho "Juanito" tiene una biografía digna de seguidor de AMLO: porro, agitador, golpeador, exactor de cintas de ficheras, "torero" y casi analfabeto.
López Obrador habla con mucha confianza de Marcelo Ebrard, debido a que la relación entre ambos es añeja. Deviene desde 1993, fecha en que el tabasqueño con sus hordas acampó en la plancha del Zócalo capitalino, en vísperas de las celebraciones patrias del 15 y 16 de septiembre.
Para "despejar" la Plaza de la Constitución se analizaron dos caminos: negociar ($$$) con el "caudillo" o desalojarlos con la policía. Manuel Camacho, como regente del DDF y Marcelo Ebrard, como secretario de Gobierno, decidieron la primera opción.
Pactaron con AMLO una cantidad de dinero por "desgaste físico". La maleta fue de 5 mil millones de viejos pesos (cinco millones de pesos actuales). La "indemnización" salió de los fondos especiales del DDF. El encargado de hacer el pago fue Marcelo Ebrard y sin recibo de por medio.
Ese platón, que se llamó "éxodo por la democracia" salió de Villahermosa y pasó por Veracruz y Tlaxcala, estados en los que generó inestabilidad.
Cerca de los Tuxtlas, hubo un accidente con un muerto. El Peje culpó del hecho a la policía veracruzana "que no nos dio protección" y al gobernador de Tabasco, "porque esta muerte no hubiera ocurrido si Madrazo nos hubiera atendido en Villahermosa". Es su costumbre culpar a otros de sus propios delitos.
En ese año comenzó con su etapa de movilizaciones como bloqueos de carreteras, marchas callejeras, presiones políticas y sociales para cambiar resultados electorales, violencia con resultados criminales y sobre todo ruptura del orden social.
Otra acción frecuente de AMLO es la traición, la cometió contra Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien lo impulsó a Jefe de Gobierno a pesar de que no tenía la residencia exigida por el Cofipe.
También traicionó a Rosario Robles, quien desde la oficina central del Gobierno de la ciudad, fue generosa con los recursos públicos para beneficio del tabasqueño. Y a Leonel Godoy, a Leonel Cota y a Alejandro Encinas.
A uno de sus "hombres" de confianza, Aquiles Magaña, quien lo acompañó a la mayoría de sus protestas, al final lo desechó. Y muchas más que sería prolífico enumerarlas.
La más reciente traición de AMLO es dividir al PRD, dar todo su apoyo a Brugada en contra de Silvia Oliva (esposa del senador René Arce) para descarrilar la elección en Iztapalapa, el bastión clientelar del PRD, que ejerce un presupuesto de casi 3 mil millones de pesos anuales.
¿Cumplirá Marcelo Ebrard las instrucciones de Andrés Manuel, en el caso de Iztapalapa? ¿Qué le falta a Jesús Ortega para aplicar los estatutos al Peje?
¿AMLO seguirá con sus desplantes mesiánicos y con plena impunidad? ¿Habrá ruptura entre el Peje y el PRD? ¿Se esperarán hasta después de la jornada electoral para convertir en "mártir" al tabasqueño?
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