Opinión / Columna
 
Enrique Hett 
Irak entre Vietnam y Afganistán (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
27 de junio de 2009

  En vísperas de la salida de las tropas estadunidenses de las ciudades iraquíes, los atentados arrecian. El Gobierno iraquí pretende que la razón de la escalada es probar que el Ejército iraquí es incapaz de garantizar solo la seguridad. En otras palabras, los atacantes no quieren que los Estados Unidos se vayan. Y no precisamente porque los quieran, sino porque quieren seguir matándolos y desprestigiándolos.

Pero sin duda, hay otros iraquíes, beligerantes o no, que quisieran que se quedaran porque se sienten desprotegidos sin ellos.

El supuesto es que las tropas de combate comiencen a retirarse de las ciudades iraquíes a principio del mes que entra y que las misiones de combate del Ejército estadunidense terminen para fines de agosto de 2010.

Es cierto que los soldados han comenzado a retirarse, pero, la verdad, es que no todas las tropas de combate partirán. Y es sumamente dudoso que se retiren incluso después del fin del 2011 como lo promete Obama. La cuestión es saber qué hacen lo que se quedan.

Además de cambiar de nombre desde luego. Porque ya no van a llamarse como se llaman, sino consejeros, instructores, analistas, apoyos. Lo esencial es que no haya ya "tropas de combate" en Irak. Así que las habrá sin haberlas. Es irónico que nos digan que esta guerra termina de la misma manera que comenzó la de Vietnam. Con envío de soldados que eran únicamente consejeros y entrenadores, pero que participaban en los combates, creando un engranaje fatal.

En todo caso, en Irak, como dicen los militares sobre el terreno, saber si son tropas de combate no, pues depende... depende si los atacan o no. No hay que olvidar que son tropas extranjeras, que sería curioso que dado lo que ha pasado hasta ahora, no fueran atacadas.

Pero depende también de que el Ejército iraquí no comience a perder, en cuyo caso habrá que ir a rescatarlo cual caballería de western. Qué es lo que pasó en Vietnam. Porque, los que se quedan, se quedan para eso. Para asegurarse que el Ejército iraquí logra hacer lo que debe: estabilizar a un país estrechamente aliado con Estados Unidos.

Se supone que 50 mil militares todo tipo permanecerán en bases de alta seguridad situadas en zonas desérticas. Sin embargo, entre las misiones que se les asigna están el entrenamiento del Ejército iraquí, la protección de los intereses americanos (sic) y la lucha antiterrorista. Grosso modo lo que han estado haciendo hasta ahora, cuando menos desde la implementación de algunas medidas inteligentes del general Petraeus, que lograron disminuir considerablemente la rebelión de las tribus sunitas. Pero eso difícilmente puede ser suficiente para calmar todos los impulsos, satisfacer todos los intereses y garantizar todas las seguridades, todos ellos contradictorios en Irak.

Irak es un país fabricado con una técnica colonial británica. Si se obliga a vivir juntos a quienes no los desean, la mayor parte de las poblaciones tendrá siempre necesidad de un protector. Basta entonces al colonizador apoyarse en una de las acciones y ayudarla militarmente cada vez que sea necesario con tropas de combate y sobre todo con aviación.

La salida de Irak consiste en realidad en dejar cuando menos una tercera parte de las tropas en bases apoyadas por la aviación. Que es, por cierto, una situación que se asemeja a la que impera en Afganistán, donde se ha visto que es sumamente limitada. Si se deja el terreno al adversario, no tarda en ocuparlo y mezclarse con la población, de manera que el arma supuestamente más eficaz, la aviación, se vuelve totalmente contraproducente.

Se van sin irse, los que se quedan camuflan su función y la estrategia parece condenada. Ese es el éxito mínimo que reivindica Estados Unidos para su sangrienta aventura en Irak. Que no ha terminado aún.

mehcbv@email.com
 
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