Opinión / Columna
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Javier Oliva Posada
"... Y si no convencen estos, hagamos otros''
Organización Editorial Mexicana
26 de junio de 2009
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Así se expresó el pasado miércoles 24 el Presidente de la República, al referirse a la notable y explicable actitud de rechazo a los partidos políticos por parte de la ciudadanía. El Foro Nacional de Seguridad, fue el evento seleccionado por Calderón Hinojosa, para reconocer lo que cualquier indicador de confianza a las instituciones nos revela: el desprestigio de la política profesional y el distanciamiento entre agenda de gobierno y representantes respecto de las prioridades de la sociedad. La semana anterior en este mismo espacio, me referí a esa bifurcación para subrayar, que a lo único que conduce, es a escenarios de tensión e incertidumbre. Vivimos, ni que dudar, un ambiente de incomprensión -en el mejor de los casos- respecto de lo que es importante para la sociedad.
Pero no hay más que analizar las condiciones en que se elaboran las agendas legislativas para confirmar lo que también es una actitud recurrente: los planteamientos y propuestas de los grupos parlamentarios, responden más a las perspectivas electorales (votos) que la coordinación de los esfuerzos de organizaciones sociales de todo tipo, con el aval ideológico de cada partido político. Desde la reforma electoral de 1977, hemos visto nacer y morir partidos que en la siguiente elección pierden su registro. Convertidos en auténticos negocios familiares, son usados como parapetos de grupos, dirigidos por personajes políticos de la más dispar trayectoria, han contribuido a la depredación de la política como profesión para construir acuerdos para el bien de las mayorías.
Por otra parte, tenemos que la evolución del marco jurídico para las expresiones políticas organizadas de la sociedad, año con año, reforma con reforma, se vuelven mucho más difíciles de cumplir y aplicar. Por ejemplo, con los recientes ajustes en la materia, la desaparición al registro y financiamiento de las Agrupaciones Políticas Nacionales, que son (o eran) el antecedente organizativo de un partido político, se propicia que sean los que están y ni uno más, los partidos políticos que compitan por el voto en cada campaña (y las prerrogativas). El peculiar llamado del Presidente de la República tendría sentido si hubiera las condiciones, para empezar, legales, y entonces sí estar en posibilidades para crear opciones distintas a las que aparecen impresas en las boletas del próximo 5 de julio.
Lo que sí queda muy claro, es que llegamos al agotamiento, a los límites de operación representativa de un sistema de partidos políticos que obedeció a una parte de la historia del país caracterizada por la preeminencia de la improvisación, la circunstancia y la ausencia de un proyecto de nación. El impacto de la discusión sobre el voto nulificado en la casilla, contiene en su interpretación, varias hipótesis a propósito de la necesidad para construir nuevos sistemas de representación y toma de decisiones. En todo caso, el desafío es crear esas condiciones en donde las compuertas de la participación se abran para lograr una mayor fluidez entre los que se discute y decide respecto de las aspiraciones del país. Sin actos voluntaristas o de caudillos, debemos formular organizaciones dirigidas por sus objetivos en vez de protagonismos tan excluyentes y centralizados como los que hasta ahora prevalecen. Se acerca el momento de ensayar nuevos tipos de liderazgos, con contenidos que respondan a la temática transversal y compleja de nuestros años.
Además de construir nuevos partidos políticos, se requieren planteamientos articulados por los principios y valores de la identidad nacional. Sin esa base, seguiremos dando vueltas sobre el punto de qué queremos sin saber quiénes somos. El quebrantamiento estructural requiere de propuestas también estructurales y no en función de la siguiente elección o encuesta de aceptación.
javierolivaposada@gmail.com