Opinión / Columna
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Por Correo Electrónico
Todos al carajo
Organización Editorial Mexicana
26 de junio de 2009
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El punto de quiebre entre el PRD y Andrés Manuel López Obrador, se dio la semana pasada. El "legítimo" no pudo contenerse y expresó ante sus seguidores, que no "ha mandado al carajo al PRD, por respeto a sus bases militantes" y con ese desplante de iluminado, ordenó por quien votar; quien se ponga y luego se quite, que su sucesor Ebrard designe delegado y que la Asamblea la ratifique.
El tufo del "todopoderoso peje" es resultado de su desequilibrio mental que lo acompaña desde su lejana infancia, y que le brotó por enésima ocasión.
Ahora, no sólo mandó al diablo a las instituciones, sino al Partido político que lo encumbró y que le ha dado fama, fortuna e impunidad. Y está seguro que no será expulsado, no obstante la traición a los principios perredistas.
AMLO tiene un acendrado delirio de grandeza, le agrada que lo aclamen y encabezar marchas y movilizaciones para alcanzar sus ambiciones.
No valora los conceptos de lealtad y de amistad; rechaza todo lo que signifique autoridad; acomoda la historia a su manera para mantener viva su aura de Mesías y encabezar "su misión de Salvar a México".
Manipula los hechos y maneja las inconformidades de "los más pobres" para su beneficio. Con su ego multiplicado logra golpes mediáticos, como el "denunciar a la mafia política" ante la PGR, con un documento apócrifo, entregado por uno de sus incondicionales: José Agustín Ortiz Pinchetti.
Para nadie es un secreto que el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador vive y sobrevive del maniqueísmo --quien no está conmigo, está contra mí-- y esa circunstancia le permite hacer juicios sumarios.
Su biografía se finca en su elevado cinismo: se asume como víctima, al afirmar que todas las acciones en su contra son resultados de "complós".
Logró su candidatura a Jefe de Gobierno a pesar de no contar con la residencia exigida; traicionó a su promotor Cuauhtémoc Cárdenas y a quien lo protegió de sus corruptelas, Rosario Robles.
Ha ocultado el costo de la construcción de los "segundos pisos" y el padrón de "beneficiados" con la tarjeta de despensa; traiciona al PRD, (al que dijo que no renunciará) al promover a los candidatos del Partido del Trabajo y de Convergencia y ahora denuncia la existencia de una mafia política, de la que desde luego no forman parte ni Bejarano, ni Imaz, ni Ponce, ni Oropeza, ni Flores, ni muchos más que se han beneficiado con el mesianismo de AMLO.
Luego de su derrota en la pasada contienda electoral del 2 de julio de 2006, el Peje ha inventado una serie de situaciones para conservar su cada día más mermado liderazgo, como la desaparición del Seguro Social, la venta de PEMEX y, ahora, la privatización del transporte público en la Ciudad de México, las cuales no han ocurrido y sabe que no pasarán.
Ahora se lanza y autodenomina defensor único de los bienes de la patria, y seguro de poder alzarse como el "salvador de México".
AMLO llegó al límite de sus desplantes protagónicos mezclado con su acostumbrado autoritarismo: designó como candidato a jefe delegacional a un ex perredista llamado Rafael Acosta, mejor conocido entre los seguidores del Peje como "Juanito"; le tomó protesta y lo obligó a comprometerse a renunciar al cargo, en caso de que gane.
Es decir que no lo dejará cobrar su jugosa quincena ni las "buscas" que son tradicionales en la delegación más sucia y productiva de la ciudad capital.
El candidato del Peje y del PT, renunció al PRD el 3 de diciembre de 2008, "por el despojo de la presidencia del partido a Alejandro Encinas"; es discípulo aventajado de Gerardo Fernández Noroña, por lo que es experto en organizar marchas y plantones, de provocar riñas y enfrentamientos con la policía.
Durante su "protesta" como candidato del PG, perdón del PT, a la jefatura delegacional de Iztapalapa, tuvo que murmurarle su nombre a AMLO, ya que el caudillo sólo lo conoce con el sobrenombre de Juanito. Se dedica al comercio ambulante.
En el evento en que el Peje "resolvió" el problema de Iztapalapa, se evidenció la ascendencia que tiene el tabasqueño sobre Marcelo Ebrard, a quien tácitamente le ordenó que propusiera a Clara Brugada como jefe delegacional de Iztapalapa ante la Asamblea Legislativa.
¿Marcelo Ebrard acatará las instrucciones de AMLO? ¿Jesús Ortega le perderá el miedo a López Obrador y ordenará su expulsión de las filas del PRD? ¿El gobierno de la ciudad, le cancelará "el subsidio" mensual al Peje?
¿Los dirigentes del PRD, esperarán que pase la jornada electoral del 5 de julio, para expulsarlo? ¿Andrés Manuel volverá a recurrir a los bloqueos de calles, para buscar la represión?
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