Opinión / Columna
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Enrique Hett
Un jalón hacia atrás (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
25 de junio de 2009
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Obama adoptó una postura ligeramente más crítica de las autoridades iraníes en su conferencia de prensa de este martes, pero se mantuvo, sin embargo, en actitud de espera. Después de evocar la ausencia de observadores internacionales en los comicios del 12 de junio, afirmó que no se puede saber lo que pasó en las casillas de todo el país. Concedió solamente una obviedad neutra: "lo que sabemos es que una parte importante de la población iraní estima que esas elecciones no son legítimas".
Afirmó que la estrategia que consiste en utilizar a terceros países como chivos expiatorios ya no iba a funcionar. La declaración iba dirigida desde luego a Teherán, pero también a Washington, a quien le dijo implícitamente que, contrariamente a las administraciones pasadas, va a abstenerse hasta de declaraciones que tratan de dar la impresión que se está interviniendo. Empero, se plegó al ritual de la compasión, afirmando que Estados Unidos estaba afectado por la violencia y los arrestos en Irán.
Con todo, es cierto que Obama reculó, hasta cierto punto, en su estrategia iraní, al parecer unirse al coro de gobiernos y medios felices de tener una oportunidad de escandalizarse y desgarrarse las vestimentas ante el horror de un país como significa Irán.
Aunque tal vez la reserva relativa de Obama se deba también a que no puede olvidar los horrores heredados de Bush, respecto de los cuales asumió una terrible responsabilidad al no ponerles fin, ya sea porque no ha logrado reunir el valor político necesario o porque no ha encontrado la correlación de fuerzas que le permitiría terminar con dichas prácticas que condenó sin ambages durante su campaña y el principio de su presidencia.
Actualmente, todos los que en gran medida cerraron los ojos sobre lo que hacía su país, se felicitan de verlo poner un pie en el sendero de las condenas de lo que hacen los demás. Pero no es gratuito, porque en su sinuosidad conduce a otro sendero, el de la guerra. Se felicitarían si poco a poco Obama se va cerrando el camino de la paz, que pasa por la solución del conflicto israelo-palestino.
Así que la prensa, los senadores estadunidenses y los gobiernos europeos, siempre dispuestos a hacer gargarismos de buenos sentimientos, jalan a Obama hacia atrás. Pero lo jalan también los sectores más conservadores, más duros, más cerrados de la nebulosa del poder iraní. En resumen, todos aquellos que no quieren que Israel se vea obligado a concluir la paz sobre la base de cualquier cosa que se parezca a un Estado palestino viable en las fronteras de 1967.
Por eso no cesan en su esfuerzo para obligar a Obama a repetir lo que sus predecesores siempre hicieron, es decir, criticar sin fin y sin matices al régimen iraní para que éste pueda cerrarse, afirmando, con alguna verosimilitud, que se le ataca.
La política de Obama es lo suficientemente nueva como para que encuentre toda suerte de obstáculos y lo suficientemente conforme a la realidad para provocar todo tipo de hostilidad, porque choca con intereses muy reales. Pero no sólo es la política de Obama. Es, ante todo, la política de una parte considerable del establishment intelectual, político y militar estadunidense.
Qué decir ante esto, sino que en Washington como en Teherán, las últimas elecciones iraníes provocaron una agravación de la lucha que, en cada una de estas capitales, enfrenta a facciones que se oponen sobre cuestiones fundamentales: los intereses de su país tal y como lo conciben, pero sobre todo, el mantenimiento de guerras de baja y alta intensidad y una paz que no instaurará una comarca totalmente pacífica el día que será firmada, pero que, al cabo de algún tiempo, establecerá realmente una región pacificada donde los intereses se contrapondrán por medios que no sean las armas y la opresión.
mehcbv@email.com
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