Opinión / Columna
 
Enrique Hett 
Una situación inédita (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
23 de junio de 2009

  Se ha creado una nueva situación en Irán que rebasa ampliamente los acontecimientos iniciales que desataron la protesta masiva, y aún no se ve claramente lo que puede pasar.

El hecho más importante fue el sermón del viernes del guía supremo. Fue una clara desestimación de la demanda de la oposición, un rechazo simple y autoritario de los tres candidatos quejosos y de las muchedumbres que se han manifestado para apoyarlos. Alí Jamenei confirmó sin la menor reserva el resultado de las elecciones, consagrando la "victoria" de Ahmadinejad, y conminó a los manifestantes a irse a su casa.

Dada la autoridad del guía Jamenei, y su función eminente en la estructura del poder iraní, su sermón no puede dejar de tener consecuencias graves. Las primeras son ya visibles. Obliga a la oposición a modificar su estrategia. Mirhosein Musavi pidió a sus partidarios abstenerse de manifestarse el sábado. Al mismo tiempo, ninguno de los tres candidatos opuestos a Ahmadinejad ha aceptado desdecirse o cesar su protesta. De cierta manera, como en el virreinato, lo que dice el guía "se acata, pero no se cumple".

El endurecimiento de Jamenei parece haber transformado el conflicto de una especie de guerra de movimiento en una guerra de posiciones. No es menos ambiciosa, pero es más lenta. Pero, sobre todo, el objeto del conflicto, que los manifestantes estén conscientes o no, ha cambiado necesariamente. Ya no puede invalidarse la elección, puesto que ha sido validada por el guía personalmente. Es difícil imaginar que alguien en su posición pueda desdecirse sin perder toda credibilidad. Por ello, inevitablemente, el objeto de la protesta se ha vuelto el guía mismo, aunque, desde luego, esto no se puede todavía decir abiertamente en Irán.

Musavi fue muy lejos en este sentido al decir que la pretensión que, porque el fraude sería tan enorme, es imposible que haya acaecido, eso demostraría que la "el Islam es incompatible con la República". El condicional fue obligatorio, pero el mensaje muy claro. Y muy osado. Porque quien expresó esa pretensión fue el guía.

Los observadores afirman que la gran generalidad de los iraníes está muy apegada a la República islámica. La mayor parte de los manifestantes -y sobre todo los tres candidatos de oposición- exige que se respete la verdad del voto, pero en todo lo que han hecho y pedido han respetando el sistema de la República islámica. Es una de las fuerzas del movimiento de protesta y una de sus limitaciones. Fuerza, porque no se cortan del resto de la población. Una limitación porque, una vez que el sistema se ha expresado por la boca del guía supremo de la Revolución, no hay, en principio, gran cosa que decir.

Por ahora. Porque Jamenei tomó claramente partido por Ahmadinejad contra millones de electores. No es su función, su función es la de un árbitro supremo que debe tratar que todos se pongan de acuerdo para que la República islámica funcione lo mejor posible conforme a sus principios. Esta toma de partido es un primer error que lo fragiliza.

Pero, además, para incontables iraníes mintió vulgarmente. Es cierto que es difícil de imaginar que una personalidad tan altamente situada en una estructura religiosa sea capaz de enunciar una mentira evidente para millones de electores. Es una declaración que pone en tela de juicio su autoridad de guía, que es religiosa y moral antes de ser política. Que sólo es política, porque es, ante todo, religiosa y moral. Segundo aspecto de su intervención pública que lo fragiliza.

Así, irónicamente, el primero que ha asentado un golpe feroz al sistema de la República islámica ha sido su personaje más importante: el guía supremo Alí Jamenei.

No tiene nada que ver, pero es imprescindible: por un lapsus imperdonable cambié los nombres del señor Barroso, que no se llama Fernando Enrique, sino José Manuel.

mehcbv@email.com
 
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