Opinión / Columna
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Federico Ling Sanz Cerrada
La soledad
El Sol de México
20 de junio de 2009
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Desde que nacemos y somos separados de nuestra madre al comienzo de nuestra vida, sentimos la soledad. Si pudiéramos recordar esos momentos, probablemente no serían memorias agradables; más bien sentiríamos una especie de angustia. Los bebés incluso la llegan a sentir y demandan la presencia de la madre (o de ambos padres) constantemente.
Conforme vamos creciendo, nuestros padres tienen que volvernos seres humanos capaces y autosuficientes para hacer frente a los retos y desafíos de la vida. De otro modo no podríamos sobrevivir.
Pero el ser humano siempre busca con qué llenar ese enorme vacío y ese enorme hueco que siente desde temprana edad. Las niñas se rodean de amigos y los varones de niños. Los papeles se invierten después. Pero siempre hay una búsqueda constante.
Los jóvenes buscan diversiones constantes, experiencias límite que les haga olvidar el vacío y la soledad que sienten o que pueden llegar a sentir. Dicho en otras palabras, el miedo a la soledad es terrible. Es un motor que nos hace pensar y hacer muchas cosas que de otra manera no haríamos.
El miedo a quedarnos solos, con el enorme vacío y el abandono es un sentimiento sumamente poderoso. El miedo es, sin duda, un instinto primario que nos mueve o nos paraliza, según el caso. Ahora bien, el miedo a la soledad es un temor mucho más sutil. Menos violento que el miedo a que nos roben o nos asalten o el miedo que se siente en una situación de peligro inminente.
El miedo a quedarnos sin absolutamente ninguna compañía es un motor mucho más fino y poderoso que cualquier otro. El ser humano no está hecho para vivir solo, y sin embargo, paradójicamente vive solo. Por esta razón existe la comunidad, existe el contrario social, existen las sociedades, existen los acuerdos entre parejas, etcétera.
Y es también este motor el que mueve, en muchas ocasiones, las acciones en la política. La política es un reflejo de la vida humana y personal de los ciudadanos. El Estado es un reflejo de la sociedad, decía Hegel. Por tal motivo, podemos suponer que la política es también un lugar donde tienen lugar los grandes miedos y temores que los seres humanos enfrentamos; pero también, donde coinciden los grandes sentimientos que neutralizan a nuestros miedos. La política es, por tanto, un reflejo de nuestros mayores temores y nuestra más grade nobleza.
Por razones como ésta, es que existen líderes carismáticos como Barack Obama, capaces de transformar el miedo a la soledad que sentimos en lo más profundo de nosotros y dar esperanza de que las cosas no son así. Cuando la soledad no puede ser llenada en la vida personal o bien, el temor nos invade poco a poco, la presencia de un líder que nos haga sentir acompañados, que nos haga sentir protegidos, será sumamente bien recibida.
Un político que promete y le dice a sus electores que "no están solos", que "tengan confianza", que "vamos juntos" o frases similares, sencillamente está apelando a este temor del que estamos hablando.
Cuando México le pide ayuda a Estados Unidos para combatir el crimen organizado, también está apelando a este sentimiento y también busca la compañía para hacer frente a sus males. La política internacional también es un reflejo de la vida personal.
No obstante lo anterior, debemos recordar que la soledad es un sentimiento personal. Tengo la impresión de que la mejor forma de hacerle frente a este miedo a quedarnos solos no es llenándonos de experiencias que nos lleven al límite. Al final de cuentas, después de estar al borde del abismo, seguiremos estando solos. Mejor sería trabajar dentro de nosotros para abatir este miedo. La soledad siempre será interna. La soledad siempre será un sentimiento que viva dentro de nosotros y no fuera. Por ello resulta mejor trabajarnos a nosotros mismos, para entonces sí, una vez que estemos preparados, rodearnos de amigos, de vecinos, de una pareja, de la sociedad, o de quien sea que queramos.
La pregunta y el reto es si podremos lograr lo anterior también con nuestra política, con nuestro país, con el Estado. En la medida en que nuestra actitud y pensamiento logren trabajar internamente la soledad, estaremos listos para voltear hacia fuera y cosechar los frutos de la compañía: ya sea un amigo, una pareja, una sociedad u otro país. El reto espera dentro de cada quien.
federicoling@gmail.com
* Maestro en Ciencia Política y Medios de Información