Opinión / Columna
 
Enrique Hett 
Dos países en uno (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
18 de junio de 2009

  Como se dice a veces, y esta vez con razón, después de las últimas elecciones nada será como antes. Desataron una crisis que ha mostrado al mundo entero que hay dos Irán: un Irán que sueña con ser un país como los demás y un Irán que sueña, porque sólo puede ser un sueño, con seguir siendo una sociedad islámica intocada por el mundo exterior.

La división tiene también un componente social, en la medida en que los partidarios de la apertura de la sociedad son en general miembros de las clases medias urbanas, más educados y más modernos. Aunque, ciertamente, entre estos electores hay también muchos obreros y desempleados.

El otro Irán es el del clero más conservador y más político, de los altos funcionarios y de aquellos que se beneficiaron con el régimen, aunque no se hayan enriquecido como todos los miembros de los aparatos de seguridad. Pero sobre todo, es el Irán de las grandes masas rurales y también de las clases urbanas menos educadas y más pobres. Y más piadosas.

La apertura de la sociedad es la principal causa de la división. No tanto las ideas, porque, en principio, todos son buenos musulmanes y partidarios de la república islámica. Y tampoco realmente los candidatos. Aunque, es cierto que Amadinejab personifica todo lo que el Irán de la apertura rechaza

Mirhosein Musavi es también un conservador. Es lo que le permitió competir e hizo pensar que podría ganar y, sobre todo, que podría gobernar. Pertenece al clan de los "conservadores pragmáticos", es decir, de los que están dispuestos a cambiar algunas cosas, para que las cosas cambien lo menos posible.

En las elecciones pasadas, sus electores actuales se abstuvieron de votar por otro conservador pragmático. Cuatro años de Amadinejab parecen haberlos convencido que puede haber mucho peor que los viejos políticos conservadores pragmáticos.

Es cierto que Musavi hizo todo lo necesario para coincidir con la imagen de un político moderno y abierto, capaz de satisfacer a ese electorado. Fue lo que causó su pérdida. Su campaña electoral exhibió de la manera más espectacular, en sus temas, sus métodos y sus objetivos, todo aquello que el aparato conservador, y su cabeza, el Guía Supremo, Alí Jamenei, detestan más: la influencia del mundo exterior. Sobre todo la campaña que dio lugar a un derroche de atuendos femeninos, bailes y músicas prohibidas, como el rap.

El Guía y es lógico, le teme más que nada a esa cultura globalizada, en la cual percibe el elemento desintegrador de la cultura islámica de Irán. Desde su punto de vista, tiene totalmente razón. La cultura mundializada, que es esencialmente estadunidense -el famoso "poder blando"- es capaz de disolver cualquier tradición, cualquier estructura social que no le sea compatible. Incluso en EU.

Así que había que parar a Musavi. Amadinejab actuó con la sutileza que lo caracteriza y, claro, se le pasó la mano quitándole toda credibilidad a una elección que tal vez ganó. Un reconteo del voto, como lo ha decidido Jamenei cediendo a la presión, sólo confirmará una victoria, tal vez ficticia, de Amadinejab.

Los conservadores han ganado tiempo, pero es todo. Y lo han ganado a costa de envenenar una división del país que se revelará difícil de manejar. Ya hoy, los opositores parecen querer repetir el proceso final de la caída del Cha. Manifestar y manifestar, hasta ganar. Pero es evidente que la base social y política de los conservadores es mucho más importante que la del Cha de Irán.

Es obvio también, que el folclor globalizado que acompaña a dichas manifestaciones contribuye a profundizar la fractura y a oponer a los dos Irán, más allá de la oposición entre los electores que sienten que les han robado la victoria y los presuntos ladrones, es decir, el gobierno y los conservadores poco pragmáticos.

mehcbv@email.com
 
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