Opinión
Pedro Peñaloza
¿A dónde va el PRD?

Organización Editorial Mexicana
24 de agosto de 2006

El hombre llega novato a cada edad de la vida; cada edad tiene su aprendizaje. Sébastien Roch Chamfort

Otra vez, como si nada hubiera pasado en la historia mundial, los acontecimientos del país nos están obligando a rediscutir temas aparentemente superados, o sólo reivindicados por pequeños grupos de fanáticos portadores de estandartes que emiten un fuerte olor a naftalina.

Sí, nos referimos en concreto al papel que juega la lucha democrática en las transformaciones sociales. Específicamente al papel de la izquierda en el proceso de transformación de la conciencia del mayor número de segmentos de la población.

Ahora López Obrador y sus seguidores están haciendo todo lo posible para que los sectores duros e intolerantes, que siempre han estado en los circuitos del poder, reaparezcan y se presenten como los únicos "salvadores" de la polarizada fase postelectoral.

Por ello decir que no se reconocerá el dictamen final del Tribunal Electoral es una apuesta al vacío, es llevar a los perredistas a un callejón sin salida y es volver a caminar en la doble moral, aquella que transita entre la legalidad y la ilegalidad. Esta postura es un exquisito manjar para quienes han satanizado y reprimido históricamente a las fuerzas democráticas de izquierda.

La izquierda democrática en México y en América Latina ha logrado conquistas inimaginables; la primera y la más importante es que se le reconozca su derecho a existir legalmente, lo cual se ha hecho en un horizonte accidentado y lleno de obstáculos de distinta naturaleza.

La izquierda democrática ha tenido que enfrentar a dos grandes enemigos: por un lado a gobiernos intolerantes, autoritarios y excluyentes, que diseñaron la ingeniería estatal para monopolizar el poder y que se encargaron de sólo presentar a las opciones vinculadas y simpatizantes del orden establecido. Sobre este expediente hay mucha tinta de por medio, que narra las sinrazones y los atropellos que se cometieron en contra de una opción que ha venido planteando otra mirada para encarar los problemas de desigualdad, marginación e inequidad.

La otra vertiente enemiga se incubó y desarrolló en la propia izquierda, nos referimos a las expresiones que simpatizaban con la lucha armada y las acciones ejemplares y foquistas. Y usamos el término enemiga porque así se veía desde la óptica guerrillera a quienes no simpatizábamos con la concepción de los grupos armados.

Por supuesto que la opción hacia la ilegalidad no puede justificarse, pero sí exige una explicación, la cual tiene que ver con las condiciones objetivas en que se desarrollaron y conformaron los regímenes latinoamericanos, especialmente militares, quienes conculcaron y restringieron la participación libre de la sociedad.

Ahora, dar un triple salto mortal a la historia y comportarse como si viviéramos en la época dorada del autoritarismo priísta, es, además de una deshonestidad intelectual imperdonable, dinamitar los impresionantes logros que ha tenido la izquierda legal en México.

Confrontar la decisión del Tribunal Electoral es una muestra evidente de la carencia de vocación democrática de esa izquierda, que hoy está prisionera del discurso lopezobradoriano.

¿Sabotear el Informe Presidencial? ¿Tratar de impedir que reciba la constancia de Presidente electo alguien distinto al tabasqueño? ¿Impedir que al Presidente electo se le coloque la banda presidencial? ¿Es esta la ruta aceptable para un México como el de hoy? ¿O estamos en presencia de la reaparición de una coalición política irresponsable y aventurera, que extrajo de las catacumbas el recetario para caracterizar al diazordasismo y su génesis represiva?

¿Qué sigue? Por un lado legisladores perredistas inmiscuidos en sus tareas inherentes en el Congreso, y por otro un grupo de feligreses realizando acciones de protesta ante un posible dictamen adverso a su candidato. Muy bien, viva la doble moral: lo que se haga en el Poder Legislativo es legal; en contraste, las acciones de los otros dos poderes son espurios, huelen a traición y trabajan de espaldas a la historia.

¿Es esta la izquierda que puede captar el interés de millones de personas? No, parece que de lo se trata es construir una izquierda dogmática, confrontacionista (pero no de ideas) y supeditada a un caudillo. Sí, tirar la cubeta, el agua y el niño. Irresponsables.

pedropenaloza@yahoo.com
Columnas anteriores
Columnas

Cartones