Opinión / Columna
 
Enrique Hett 
Participación minoritaria (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
9 de junio de 2009

  La primera observación sobre las elecciones al Parlamento Europeo del domingo, es que la tendencia a la abstención ganó más de dos puntos. La segunda, que la derecha confirmó su dominación. En otras palabras, durante la crisis, las tendencias de fondo persisten.

Son muchos los que piensan que la gente debería votar por la izquierda en tiempos de crisis, porque la crisis muestra los graves defectos de las políticas de derecha que la causaron. Poco importa, los que votan, eligen diputados europeos de centroderecha.

Lo que explica lo anterior, es sin duda que la izquierda no tiene gran cosa que proponer. Todas sus ideas, se las ha expropiado la derecha en el poder. Todo lo que podría proponer la izquierda en materia de regulación, intervención, subvención, expropiación, lo practica la derecha.

Aquí entra en juego el otro déficit de la izquierda, que es su incapacidad para atraer y conservar electores de las capas populares. La derecha no tiene ningún empacho en combatir, con grandes declaraciones, la inseguridad, que la izquierda combate también, pero con mala conciencia. Tampoco tiene la derecha ningún reparo en combatir duramente la inmigración, contrariamente a la izquierda que la combate, también con mala conciencia. No tiene la derecha ningún prurito que le impida halagar el nacionalismo y en algunos casos hasta la xenofobia de su electorado popular para, reconfortarlo de su dura suerte, lo que la izquierda no hace. Y, es el problema, porque las capas populares son las que sufren más de la inseguridad cotidiana, de los problemas que provoca la inmigración y son las que están más apegadas a su identidad nacional.

Por eso la derecha parece, más pragmática, más consciente de los problemas y más decidida a resolverlos. Por otra parte, sobre todo ahora que se ha convertido al neokeynesianismo, pocos identifican a la derecha con el neoliberalismo.

Sin embargo, esto no explica que la abstención sea mayoritaria y que la tendencia alcista no se altere a pesar de que se supone que la crisis ha aproximado a los ciudadanos a Europa. En efecto, la mayor parte de la gente piensa que, sin la UE, la situación de su país hubiera sido bastante más ardua.

Por eso, tal vez haya que añadir otra explicación, que, conjugada con el gigantismo del parlamento, su carencia de mayoría y minoría claras y de derecha e izquierda que se opongan y su tendencia a funcionar más como una organización internacional en busca de consensos transpartidarios, que como un parlamento a base de mayorías partidarias, pueda explicar por qué no quieren votar los europeos.

Tal vez la tendencia al aumento de la abstención se explique, paradójicamente, por el aumento de las funciones y facultades del parlamento europeo. Dicho aumento trata de convencer a los ciudadanos europeos que su voto cuenta, porque el parlamento decide de algunas cosas. Decide cada vez más asuntos, en realidad. Y ¿si fuera esto lo que perpetúa y aumenta la abstención? ante los defectos señalados en el párrafo anterior, el que el parlamento tenga funciones y prerrogativas reales, en vez de incitar al voto, disuade. En efecto, un elector puede sentirse más desposeído de su facultad de influir con su voto, cuando, a causa de dichas deformaciones, no puede reconocerse en el resultado de su voto en un parlamento con funciones y prerrogativas reales, que cuando se trata de un parlamento puramente simbólico.

De ser así, sólo votarán los ciudadanos, cuando se logre que el sistema electoral desemboque en un verdadero parlamento que legisle realmente, con una mayoría y una minoría claras. La solución de ir aumentándole funciones para atraer a los electores, pero sin cambiar el sistema electoral, lo único que logra, es promover la abstención.

mehcbv@email.com
 
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