Opinión / Columna
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Enrique Hett
Más que un discurso (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
6 de junio de 2009
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En El Cairo, Obama utilizó magistralmente su talento, mezcla personal de retórica tradicional, conocimiento de la comunicación actual y carisma para trasmitir un mensaje de conciliación y amistad a "los musulmanes". Parte del discurso, fue afirmar lo contrario que Bush en casi en cada punto mencionado.
La sustancia del mensaje, a saber, que Estados Unidos no es enemigo del Islam, que está dispuesto a actuar para resolver el problema israel-palestino y árabe-israelí, y que la tolerancia y la comprensión son las bases de la convivencia entre grupos y naciones, fueron expresados con claridad y aparentemente, en lo que cabe, recibidos favorablemente. Hasta Hamas le encontró aspectos positivos, aunque criticó la falta de reconocimiento de su legitimidad democrática. Si, más allá de la retórica, su discurso fue un éxito, desgraciadamente, sólo lo sabremos más tarde.
Obama reiteró que los nexos de su país con Israel "son inquebrantables" pero también que, como Israel, los palestinos tienen derecho a la seguridad y a la paz. Pero, Obama no dejó de rechazar las posiciones del Gobierno israelí, tanto en lo que toca a la colonización, como la solución de los dos estados, la situación dramática de Gaza y evocó la opresión, las humillaciones y todo lo que llamo la situación "intolerable" de los palestinos. El gobierno israelí se limitó a publicar un comunicado, en el que no comentó el discurso, para reafirmar que la seguridad sigue siendo su preocupación prioritaria.
La voluntad de Obama de ser equilibrado fue constante. Es encomiable, porque busca la conciliación en una región desgarrada por la violencia y minada por los antagonismos. Es útil, porque, si Estados Unidos no es la causa, en todo caso, es parte de todos los problemas regionales.
Obama reiteró todas las posiciones tomadas hasta ahora, lo cual es excelente, porque al ser reafirmadas en una ocasión solemne y ante los interesados, cobran el carácter de compromisos totalmente ineludibles. Por eso, fue más que un simple discurso.
Obama encomió la civilización musulmana. Desgraciadamente, sin embargo, algunas de sus otras evocaciones históricas son más discutibles. Estaban obviamente aderezadas para sostener las tesis del discurso.
Hubo otros puntos criticables. Obama no se abstuvo, de dar lecciones. Pero, hay que admitir que evitó ser selectivo y sermoneó a unos y otros, a los árabes como a los israelíes, a los europeos y hasta a los estadunidenses.
En cambio, hizo un elogio irrestricto de la religión, o más bien de las religiones. Pero, no hay que olvidar que, si Estados Unidos es un país secularizado, lo es de una manera sumamente peculiar. La religión permea la totalidad de su vida pública. Sólo que esa religión o más bien esas religiones de referencia, son las se basan en el antiguo y el nuevo testamentos. Fue una prueba de buena voluntad, pero también de osadía, que Obama añadiera la religión musulmana a la lista.
El enemigo declarado, no es el islamismo, si no "el extremismo" violento musulmán. Esté dato permite comprender a qué punto ha cambiado la óptica estadounidense. Parecen haber olvidado toda ambición de cambiar al Medio Oriente. Perciben que la fuerza ascendiente es el islamismo, y están dispuestos a entenderse con él. Aún que este, lejos de ser un impulso original del islam, es un proceso de reislamización iniciado hace aproximadamente 20 años, que prospera sobre el lamentable fracaso de los regímenes laicos surgidos del nacionalismo y del panarabismo.
Lo irónico del caso, es que esta adaptación de Washington a las tendencias regionales, no obsta para que perpetue de su alianza con lo que queda de aquellos regímenes laicos, todos más o menos dictatoriales o monárquicos. Es una piedra más sobre la tumba del progresismo árabe.
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