Opinión / Columna
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Alto Poder
Manuel Mejido
6 de junio de 2009
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El pueblo mexicano no sólo padece el encono por la desigualdad social; de poderosos y desposeídos; de militares y civiles; de mandatarios y mandantes; de buenos y malos. Cuando el IFE presentó el mapa electoral del 2 de julio de 2006, se confirmó otra gran realidad. Se creó una línea imaginaria que partió por la mitad a la Nación.
En la epidermis del mapa político, el norte de México (hasta la zona del Bajío) lucía el azul panista, en el sur se remarcó el amarillo perredista. El candidato presidencial del tricolor no ganó ningún estado. Pero en la dermis, los municipios y los Congresos, la parte más diminuta y vital de la estructura del Estado, el PRI mantuvo su poder.
Pertenecer, o por lo menos votar, por el PAN, PRI o PRD, es motivo de diferencias entre los electores. La incompatibilidad de las plataformas políticas de cada partido se acentúa al momento de gobernar y al legislar cada uno pretende imponer su ideología y someter (que en México no es lo mismo que gobernar) a los mandantes.
Cuando un ciudadano coincide ideológicamente con el PRI, es visto como alguien retrogrado, corrupto y tranza. En caso de que sea el PRD el partido predilecto, se le describe como una persona pobre, conflictiva y violenta. Pero si se inclina por el PAN, se le advierte como un mexicano adinerado, intolerante, ultraconservador, arrogante y rapaz.
El resto de los cinco partidos, no representan a nadie, sólo defienden el dos por ciento de los votos para mantener su registro y se convirtieron en franquicias familiares o de líderes gremiales.
Los políticos se dirigen al pueblo en mítines desolados, alejados de los electores desde un templete y con discursos llenos de promesas, siempre abordando el tema de moda, que no necesariamente es el más importante ni el que demande una pronta solución.
Cuando el presidente Felipe Calderón prefirió borrar el empleo de su proyecto de nación y comenzó a hablar de inseguridad, todos lo siguieron como ratas al flautista de Hamelin. Lo mismo ocurrió cuando prefirió olvidar la crisis económica y financiera para que el duopolio televisivo impusiera en la opinión pública la epidemia de la influenza humana, que dejó 97 muertos, miles de empresas quebradas y millones de desempleados.
* A mayor lista nominal, menor participación
El pueblo aprendió que el peor castigo para los políticos es la pérdida del poder, de escaños en el Senado y curules en la Cámara de Diputados, de gubernaturas, alcaldías y, sobre todo, de la Presidencia de la República. Por ello, el abstencionismo creció considerablemente en las últimas dos décadas.
Los comicios intermedios son los que menos importan a los electores. En 1991, en la lista nominal habían 36 millones de empadronados, pero sólo votaron dos terceras partes. Para 1997, se reportaban 51 millones de registrados (la lista creció considerablemente porque desde entonces la única identificación oficial fue la credencial de elector) y la mitad acudió a las urnas.
En el 2000, Acción Nacional llegó a Los Pinos. Desde ahí pretende ejercer todo el poder para tener al electorado a su favor y conseguir la mayoría absoluta en el Congreso, con lo cual las reformas presidenciales (todas privatizadoras, extranjerizantes y empresariales) pasarían por ambas Cámaras como mero trámite y se consolidaría el presidencialismo panista, como ocurrió durante 70 años con el priísta.
En 2003, cuando el fracaso del foxismo en Los Pinos era más que evidente, el IFE tenía un registro de 64 millones, pero sólo sufragaron 37 millones. Con esas cifras ninguna nación, salvo la mexicana, puede presumirse democrática.
Como en toda elección, hubo un ganador. En el 2003 el PAN consiguió ser la primera mayoría, pero en las urnas perdió la mitad de los votos obtenidos tres años atrás, gracias al ranchero Fox y su equipo de campaña.
A pesar de no contar con la mayoría absoluta en el Congreso, el blanquiazul tiene la Presidencia, que lo convierte en el partido oficial y le otorga el control de las instituciones encargadas de interpretar las leyes, incluidos los tribunales electorales y la Suprema Corte. Pero, sobre todo, tiene al Ejército de su lado y las arcas de la Nación abiertas.
Aún no se ha consolidado el proyecto neoliberal panista porque el pueblo se lo ha impedido, al través de las urnas.
* El PRD rebasó al PAN por la izquierda.
Otro campo de batalla importante para los políticos son las calles. El partido que cuenta con poder de convocatoria a tumultuarios mítines y con la infraestructura para movilizar a grandes grupos de inconformes con el sistema (o de acarreados en busca de la legalización de un predio invadido, de placas del servicio público o cualquier otro beneficio personal) siempre será una oposición importante.
El PRD, conformado desde sus orígenes por diversas organizaciones sociales como las costureras sobrevivientes del sismo de 1985, de vendedores ambulantes o taxistas "piratas", además de intelectuales y personajes de izquierda, representa a los movimientos populares.
En el 2005, cuando Vicente Fox intentó desaforar al entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, los perredistas consiguieron llenar la Plaza de la Constitución en tres ocasiones y demostrar lo que podría ocurrir en caso de que el panista concretara sus intenciones.
Ese mismo poder de convocatoria y de movilización social convirtió al perredismo, ante el electorado, en un partido violento, en constante desacato a la autoridad, transgresor y cooptado por diversas tribus capaces de enfrentarse entre sí con tal de no ser desplazados.
La primera elección federal en la que aparecieron las siglas del PRD en las boletas fueron las intermedias de 1991, posterior al fraude electoral cometido tres años atrás en contra de su líder moral Cuauhtémoc Cárdenas. En esos primeros comicios, alcanzaron el tres por ciento.
Para 1994 se lleva al cabo la elección presidencial. El PRI recibió lo que llamaron "el voto de confianza" y el triunfo de Ernesto Zedillo fue indiscutible. El partido del Sol Azteca consiguió el 16 por ciento de los votos, nueve puntos menos que el PAN que llevaba cuatro décadas luchando en la oposición.
El repunte más significativo para el PRD fue en el 2006, cuando López Obrador hizo temblar al panismo al quedar a sólo 243 mil 934 sufragios por debajo de Felipe Calderón. Desde entonces a la fecha, aunque han pasado por momentos difíciles, los perredistas retienen el Gobierno de las calles.
* En la mafia y en la política uno es mejor que tres
Al PAN nada le importan las manifestaciones y bloqueos. Están empecinados en controlar el Congreso. Por tal motivo, su principal adversario es el PRI, el partido que ha recuperado electores en las últimas elecciones y con enormes posibilidades de ganar la mayoría absoluta el 5 de julio próximo.
Para tener una idea clara del poder que conserva el tricolor es necesario saber que cuenta con 18 gubernaturas; tiene el 56 por ciento de las alcaldías y controla 19 de los 32 Congresos locales. Esto lo convierte en el partido de mayor fuerza.
Chiapas es la única entidad no gobernada por el PRI pero con dominio en el Congreso local. Ese fue el motivo por el que desde Los Pinos se ordenó iniciar la limpia de supuestos funcionarios vinculados con el narco. No se quería desestabilizar los pocos bastiones panistas.
En caso de que la Cámara de Diputados o el Senado aprueben cualquier reforma constitucional, deben ratificarse en 17 de los 32 Congresos o de lo contrario se desechan. La urgencia de controlar todo el país obligó a Germán Martínez Cázares, presidente nacional del PAN, y al Gobierno nacional a dirigir sus ataques en contra del PRI. Intentan desacreditar al tricolor a toda costa, antes del 5 de julio.
Mientras unos defienden el Gobierno de la República, otros el de las calles y, el tercero, los Poderes estatales y municipales, el pueblo espera que los políticos se acuerden de sus electores.
Entre los mafiosos sicilianos se asegura que "tres pueden guardar un secreto, si dos están muertos". Los panistas ya mataron a los perredistas y ahora pretenden hacer lo mismo con los priístas.
* De buenas, malas y peores
Algo malo pasa en el municipio de Tantoyuca, Veracruz, donde la encargada del Registro Público de la Propiedad, Leolvigilda Flores López, retrasa el mayor tiempo posible los trámites que realizan los notarios, con el único fin de obligar a los quejosos a que realicen su trámite en la notaria de Leovigilda Flores. Las autoridades deben investigarla porque en poco tiempo ha hecho una jugosa fortuna. *** Buena labor realizan los funcionarios del Servicio de Administración Tributaria comandado por Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, quien decidió enviar a la sección sur de la Ciudad de México a Martha González, que sabe cumplir con su obligación de asistir al contribuyente.
Lo peor es tratar de realizar un trámite en el Instituto Nacional de Derecho de Autor (Indautor), encabezado por Manuel Guerra. El pésimo trato de quinto mundo que ofrecen sus burócratas ahuyenta a los autores y retienen el trámite de cualquier registro de obra. La Secretaría de Educación Pública, a la que rinde cuentas el Indautor, debe poner especial cuidado en quienes tratan con los contribuyentes, porque prevalecen los malos tratos y el "tortuguismo".
La próxima semana, nos leeremos en este mismo espacio.
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