Opinión / Columna
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De cara al Sol
Andrea Cataño Michelena
El Club de la Pelea
El Sol de México
5 de junio de 2009
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Aunque nunca pude terminar de ver la película cuyo título he empleado hoy para este artículo -tal cantidad de violencia es, como dice mi amiga Lines, "un demasié" para mi sensibilidad-, en la arena política, los principales líderes de los tres partidos políticos importantes están hoy como los más beligerantes socios de una agrupación aficionada al catorrazo y la zancadilla.
En la disputa por los votos de la elección intermedia que está próxima, a nadie extraña la serie de artimañas de las que uno y otro se valen para intentar hacerse todo el daño posible. Esto, como ya he dicho en otras ocasiones, es una conducta normal universal en la lucha por el poder. Aquí se ha tratado por todos los medios de purificar y santificar las campañas electorales con una especie de Santa Inquisición en que se ha convertido al IFE, encargada de censurar y castigar a quienes cometan herejías. El resultado ha sido pueril y ridículo, pero tal vez sea parte del precio que tengamos que pagar por aprender a vivir en un régimen democrático, lo que no ocurre de la noche a la mañana, como piensan algunos ingenuos.
Hace unos días nos despertamos con la noticia inédita de la detención de mandos policíacos y funcionarios de primer nivel del gobierno de Michoacán que encabeza el perredista Leonel Godoy. La acción levantó toda clase de opiniones encontradas. Destacan dos: la posible motivación electoral de la medida y la relativa a la "etiqueta" política. Aunque la primera es indudablemente la más sobresaliente, la segunda es preocupante, porque va más allá de las apariencias que, ya lo dice el dicho, engañan más y mejor que un gigoló.
El Manual de Carreño, cuyo título original es (respire profundo para que pueda leerlo de corrido, por favor) "Manual de urbanidad y buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos en el cual se encuentran las principales reglas de civilidad y etiqueta que deben observarse en las diversas situaciones sociales, precedido de un breve tratado sobre los deberes morales del hombre" (¡Oh, sí), escrito por el venezolano Antonio Carreño, no incluye un capítulo dedicado a la etiqueta político-electoral. El libro, que era un "must" ("fashionistas" dixit) de la gente bonita de la segunda mitad del siglo XIX, decía cosas maravillosas como ésta: "has de lavarte los pies una o dos veces al mes". Desafortunadamente esa edición fue tomada como préstamo indefinido de la biblioteca de mi madre y es una de esas pérdidas irreparables para gloria del humorismo involuntario. Pero volvamos al meollo de este artículo: el club de la pelea en el que andan todos los partidos. Ojalá fuera gracioso poder irrumpir en el palacio de gobierno de otro estado sin anuncio previo. Las consecuencias de estos operativos pueden llegar fácilmente a la confrontación violenta.
Independientemente de que el operativo sea o no una maniobra política con tintes electorales (ya saben la historia de que lo que camina, nada y grazna como pato es un pato), aquí inquietan dos cosas: Primera, ¿no son acaso los estados de la Federación libres y soberanos? Segunda, ¿que la figura del arraigo no se parece más a un secuestro de la autoridad contra un ciudadano que ante este hecho queda literalmente desamparado? Supuestamente, ante la ley somos inocentes mientras no se demuestre lo contrario, pero en el caso de los arraigos, el tratamiento contraviene este principio fundamental de respeto a las garantías individuales. En otras palabras, el arraigo es un "te amarro por cualquier cosa". Traspasar la línea entre la legalidad y el atropello al estado de derecho es más delgado que un cabello en ambos casos.
La batalla contra el crimen organizado es loable y merece reconocimiento y apoyo, pero el presidente Calderón debe cuidar las formas y el fondo de las acciones. No hacerlo pone a los ciudadanos de a pie a merced del autoritarismo característico de los regímenes fascistas. Y otra llamada de alarma que hay que escuchar es la que tiene que ver con el respeto al federalismo. ¡Aguas!
El Club de la Pelea, tal como está operando va a traer consigo un altísimo abstencionismo y, entre los que decidan ir a votar, habrá miles de sufragios anulados. Los partidos tendrían que tomar muy en serio el rechazo de la gente, que con cada voto anulado dirá: "ninguno de ustedes convence ni merece confianza", y esto es infinitamente más preocupante que votar por "el menos pior". Los mexicanos cada vez estamos más conscientes y despiertos en lo político; poco a poco vamos dejando atrás la apatía y la resignación. Así tiene que ser.
andreacatano@hotmail.com