Opinión / Columna
 
Enrique Hett 
El país de las diferencias (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
4 de junio de 2009

  Es un país que, al mismo tiempo, es un compendio de los conflictos de la región y un país diferente de todos sus vecinos. No lo va a visitar Obama, pero ya envió a Hillary Clinton y a Biden a apoyar a los partidos favorables a Estados Unidos.

Si, en ese país hay partidos abiertamente favorables a Estados Unidos. Es una de las excepciones de Líbano. Otra de ellas, es que practica una forma particular de democracia representativa desde hace muchos años. En cambio, debido a su única homogeneidad, que es que todos sus habitantes son árabes, no conoce conflictos étnicos, contrariamente a Israel o sus vecinos que albergan poblaciones kurdas.

Otra plaga que no sufre Líbano, es el choque de civilizaciones, aunque la diversidad religiosa libanesa sea tal vez la mayor de toda la región. Cristianos y musulmanes se alían y se disputan, colaboran, se agreden y se matan, a causa de posiciones políticas y no de diferencias religiosas.

Las comunidades sunitas y chiítas son sumamente numerosas. También es excepcional la importancia demográfica y política de los cristianos, en particular de los maronitas, porque los cristianos están divididos en varios cultos de occidente y oriente. Otra minoría sumamente importante, son los drusos, peculiar variante del chiísmo.

Como sucede frecuentemente con poblaciones divididas, las subdivisiones no faltan. En este caso toman la forma de cacicazgos familiares, esto es, hereditarios. De una manera o de otra, todos los conflictos, que sean de origen interno o externo, se encarnan en enfrentamientos confesionales y de clanes.

Está, para comenzar, el conflicto israelo-palestino que difunde altas tensiones en la región. A Líbano no lo afectan sólo en su frontera, aunque un fragmento de su territorio sigue ocupado por Israel. En el verano de 2006, este último, juzgó provocador un ataque de Hezbolá y lanzó una ofensiva feroz durante la cual bombardeó el sur de Beirut y el sur de Líbano, provocando cuantiosísimas destrucciones y muertes.

Pero, Líbano está afectado por dicho conflicto también interiormente, a causa de la presencia en su territorio de muy numerosos refugiados palestinos. Su inserción en la política libanesa, originó una guerra civil en los años 70 que desembocó en la invasión israelí de 1982.

Actualmente, los refugiados son una manzana de la discordia entre los sunitas que preconizan que se les otorgue la nacionalidad libanesa y los chiítas que se oponen a hacerlo. El interés de los primeros es aumentar el número de votantes de religión sunita, el interés de los segundos es evitarlo, aduciendo que ello anularía indebidamente la deuda que Israel tiene con los refugiados palestinos.

El otro conflicto que divide al mundo árabe es la oposición entre sunitas y chiítas, en el cual se monta otro conflicto: la lucha por la preponderancia regional entre países sunitas, en particular Arabia Saudita y Egipto e Irán, país chiíta aliado a Siria, país sunita, dirigido por una minoría aparentada al chiísmo. Ese conflicto lo vive Líbano también a través de sus distintas facciones internas.

Por ejemplo, en las elecciones legislativas del domingo. Oponen a dos grandes coaliciones: una alianza de la mayor parte de los sunitas, gran parte de los cristianos y los drusos, que cuenta con el apoyo de Arabia Saudita, Estados Unidos y Francia contra una alianza, apoyada por Irán y Siria, de los chiítas de Hezbolá y de otro movimiento, Amal, y de una parte considerable de los maronitas.

Todo indica que la coalición que gane, triunfará por escaso margen. Al parecer, los libaneses tendrán que seguir conviviendo conflictivamente sobre las mismas bases que ahora. El cambio, puede provenir de fuera, si la política de Obama no se limita al discurso que debe pronunciar hoy en Cairo.

mehcbv@email.com
 
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