Opinión / Columna
 
De cara al Sol 
Andrea Cataño Michelena 
Kafkife
El Sol de México
22 de mayo de 2009

  De veras, el licenciado Kafka hubiera superado su legado literario si en lugar de haber nacido en Checoslovaquia hubiera visto la luz primera en México. Sus obras destacadas como "La metamorfosis" o "El proceso", seguramente se habrían enriquecido muchísimo con el devenir surrealista de nuestro país. Decía el atormentado escritor: "A partir de cierto punto no hay retorno. Este es el punto que hay que alcanzar". Y tal parece que para allá va en más de un sentido el Kafkife (Instituto Federal Electoral de Kafkahuamilpa).

Hay principios absolutos, por ello todo intento por limitar la libertad de expresión es un acto de censura y no hay argumentos que lo justifiquen así estén motivados por las mejores intenciones. La reforma electoral recientemente aprobada por la Cámara de Diputados es un danzón dedicado con odio jarocho a los medios electrónicos, no tiene vuelta de hoja. En un país libre y plural, ¿por qué no ha de poder decirse que tal o cual candidato es un peligro para México?" El noble cometido de pretender que las campañas sean propositivas y "de altura" fue el sustento de ponerle cubrebocas a los mensajes de propaganda, igual que la esposa de Ávila Camacho le mandó poner calzones a la estatua de la Diana cazadora. Las buenas conciencias son abominables y consiguen exactamente el efecto contrario de lo que pretenden.

Aquí y en China, en la guerra electoral hay infinitas batallas de lodo. Cuando los contenidos se extralimitan, existen los mecanismos legales para que los aludidos se defiendan. Tampoco entiendo por qué un particular no puede contratar tiempos en radio o televisión para emitir un mensaje independientemente del contenido que quiera incluirle, siempre y cuando no viole la Ley de Radio y Televisión que tendría que ser la única a tomar en cuenta en este caso.

Las nuevas autoridades electorales no contentas con ejercer su triste papel de censoras, pretenden extender esas equivocadas atribuciones a internet, donde existe una total libertad y el usuario ejerce su derecho a ver o no cualquier video o página. Los partidos políticos y el público en general se han volcado a este medio justamente por esa libertad de poder decir cualquier cosa y también porque es hoy por hoy la más efectiva y económica manera de acceder a grandes audiencias especialmente de jóvenes. El peso de internet se ha vuelto trascendente desde que Barak Obama consiguió no solamente convencer a millones de electores de votar por él, sino recaudar cuantiosos fondos utilizando "Facebook" como plataforma para su propaganda electoral. Cabe recordar que tanto él como su opositora por la candidatura del Partido Demócrata, en su momento "se hicieron chop-chop" en cuanto medio tuvieron al alcance. Es parte del libreto de cualquier campaña. Sin embargo, pasado el momento, los ataques mediáticos quedaron atrás y ahora, la señora Clinton forma parte del gabinete de su otrora contrincante. Eso es madurez democrática.

El Kafkife se desgasta en tareas que no le corresponden, anda jugando al Big Brother y descuida sus funciones primordiales. El instituto que tanta credibilidad ganó cuando estuvo encabezado por José Woldenberg, no puede controlar los contenidos de internet. Si alguien pudiera hacerlo, debería en todo caso, quitar las páginas de pornografía infantil y echar mano del cibercrimen organizado, en lugar de pretender bajar de "You Tube" videos contra algunos gobernadores, como ha pedido el consejero Marco Gómez Alcántara, guardián de la inmaculada naturaleza de las campañas.

La publicidad que nos asestan sin piedad los canales de televisión abierta y las estaciones de radio, son infumables. Con excepción de alguno del Partido Verde, el resto está, como decía mi mamá, "más allá del desprecio". Tenemos el del luchador Místico, por el PAN, los del omnipresente Jesús Ortega y la niña achinadita y luego los del PRI que son los peores. Esas campañas, las encuestas lo confirmarán, no promueven el voto, no comunican las estrategias y lo único que dan son ganas de cambiar de canal. Las campañas sucias son parte de la política aunque a mí no me gusten, tal como sucede con la portada de El Gráfico que es uno de los diarios que más se vende, porque el morbo es parte de la naturaleza humana.

Los seres humanos tenemos la capacidad de discernir y no necesitamos que las autoridades electorales se conviertan en juez y parte y decidan qué sí se puede decir y qué, no. La ley que buscaba la equidad en la justa electoral ha servido solamente para hacerla un instrumento para volverla retrógrada, profundamente antidemocrática y lo único que promoverá será abstencionismo.

andreacatano@gmail.com
 
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