Opinión / Columna
 
Miguel Angel Ferrer 
Desempeñar la palabra empeñada
El Sol de México
15 de mayo de 2009

  Frente a la amenaza de un virus desconocido que podía provocar una epidemia de decenas de miles infectados y algunos millares de muertos, las autoridades sanitarias y educativas decidieron correctamente, sensatamente, inteligentemente, suspender las actividades educativas, gastronómicas y recreativas. Y, así, mandaron a su casa a decenas de millones de estudiantes, maestros, funcionarios, empleados y trabajadores en general. Y se hizo conscientemente: sabiendo que tales medidas provocarían daños multimillonarios, sobre todo entre los sectores laborales más desprotegidos y sin ahorros para enfrentar la suspensión de actividades y la consecuente carencia de ingresos.

Ciertamente hubo críticas. Se habló de sobrerreacción, exageraciones y tremendismos. Pero es claro que en este caso el Gobierno mexicano actuó con sensatez y evitó males que en su momento aparecían como cataclísmicos.

Pues con la misma inteligencia y sensatez, en aras de impedir la entrada del virus de la nueva influenza a Cuba, el Gobierno de la isla determinó la suspensión temporal de los vuelos entre Anáhuac y la isla. Y entonces a Cuba le llovieron censuras desde México. Críticas tanto más injustificadas cuanto es clarísimo que los daños económicos de la decisión cubana fueron y son infinitamente inferiores a los provocados por las decisiones en la materia del Gobierno mexicano.

¿Cómo comparar siquiera las consecuencias de toda índole de la suspensión de unos vuelos (diez, cien, doscientos) que habrán afectado tanto en la isla como en México a algunos miles de personas, con la determinación mexicana que afectó a decenas de millones?

Y por lo que toca a la cuantía de las pérdidas, tampoco hay punto de comparación: poco significativas en el caso de la suspensión de vuelos frente a varios puntos porcentuales del PIB mexicano por la suspensión de actividades educativas y económicas.

Cualquier persona "con dos dedos de frente" entiende que resultan absurdas y del todo injustificadas las censuras mexicanas. Algo así como "ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio". De modo que no hay más camino que preguntarse sobre el porqué de esas críticas a todas luces fuera de lugar. ¿Pura tontería del Gobierno mexicano? ¿Pura incapacidad para el manejo de las relaciones internacionales? ¿O se pretendía crear una crisis artificial que sirviera de pretexto para cancelar la acordada visita de Calderón a Cuba y, consecuentemente, la recepción del mandatario cubano en tierra azteca, es decir, la fabricación de una excusa para desempeñar la palabra empeñada?

Las de otro modo incomprensibles críticas de la Cancillería mexicana a una decisión no sólo soberana, sino además sensata de Cuba fueron remachadas por el propio Calderón al decir que en virtud de la cancelación de vuelos entre la isla y México "a lo mejor ya no podría viajar" a la isla.

Cuba, como siempre, decidió no quedarse callada. Y en voz de Fidel respondió a las absurdas censuras acusando a Calderón de no haber informado a tiempo del brote de influenza hoy convertido en pandemia. El círculo se cerró. Calderón no irá a la isla y Raúl Castro no vendrá a México. Estos son los hechos, pero ¿cuáles habrán sido las motivaciones para haber creado esta crisis deliberada?

¿Una sugerencia del Presidente yanqui para que la acordada visita no se realizara, a fin de amarrar aún más a México a la inamovible política de hostilidad de Washington hacia La Habana? ¿Una condición de Obama para venir a México en abril pasado? Así que una de dos. O una tontería diplomática mexicana o una orden del imperio. Pero en cualquier caso, el deterioro innegable y permanente de las relaciones entre el Gobierno panista y la Revolución Cubana.

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx
 
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