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Opinión
![]() María Antonieta Collins
Si tus miradas fueran puñales...
Organización Editorial Mexicana
8 de mayo de 2009
Hace años que no tarareaba aquello que decía: "Si tus miradas, fueran puñales, me matarían con solo mirar", la letra de la canción llamada "La joven mancornadora" compuesta por Chayito Valdés, y que por estos días canto a voz en cuello porque viene tan bien para describir, cómo la fiebre que ya no es porcina, sino "A" o peor aun H1N1, nos sigue "pegando" fuerte, -emocionalmente hablando- a los mexicanos que vivimos en el extranjero, porque la gente nos mira "sintiendo que biológicamente no somos muy seguros, hasta que se levante la alerta de epidemia mundial".
La cosa se pone más mala cuando una confiesa, como fue mi caso: soy mexicana y acabo de regresar de la patria, porque esto equivale por lo menos, a que los que no deciden alejarse rápidamente de tu entorno cercano, se la pasen pendientes de si toses o estornudas, que cualquier otra cosa que tenga que ver contigo. Pero soy afortunada porque regresé a mi casa en Miami el 24 de abril pasado luego de venir de la Ciudad de México justo el día en que el Gobierno mexicano puso en vigor las medidas severas del alto a las actividades comerciales y no después, porque la cuarentena sería "emocional", lo que no me ha librado en toda esta semana de que me vean con la reserva que encierra una pregunta que me hacen a menudo: y... ¿te sientes bien? ¿no te ha dado alguna gripa? "Mira que ese virus se incuba por días antes de aparecer". ¡Por supuesto que me siento mejor que nunca! les he respondido, y dejen de verme con esos ojos sólo por haber estado en México en la tan sonadamente porcina y gripal fecha. A Dios gracias lo de nosotros, los mexicanos en los Estados Unidos no es como lo que vivieron los compatriotas a los que materialmente "la cosa se les puso en chino" y los metieron en cuarentena en Asia, pero aun así es molesto tener que explicar en forma disimulada, es decir, "como que no quiere la cosa", la rutina diaria que sigo, para que los demás pierdan miedo y tengan confianza de reunirse para asuntos de negocios. Así es que me he encontrado explicando: "Me estoy lavando las manos como nunca desde que era niña y mi abuelita me obligaba a hacerlo" y de inmediato veo las miradas de alivio, y que me otorgan citas que estaban a punto de aplazarse por el temor a un posible contagio. Otras más que llegan a mi casa por estos días se sienten seguros porque, como en los mejores días de mi vida en Coatzacoalcos, tengo las ventanas de la casa abiertas para que corra el aire. "Así se van los virus que hay siempre en los ductos del aire acondicionado", explico a quienes lo piden sin palabras y que se sienten felices con mis medidas precautorias. Por lo demás, nada, que me emocioné al ver a mis compatriotas llegar en el avión mexicano y que Margarita Zavala los estuviera esperando sin miedo alguno, como una buena paisana más, en su regreso a México. Afortunadamente y aunque se sienta feo, aquí las cosas no han pasado de "miradas matasiete" y contra esas ya hallé mi antídoto: cantarles en voz alta "si tus miradas fueran puñales me matarían con sólo mirar". Y se acabó la música. Columnas anteriores
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