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Opinión
![]() Miguel Angel Ferrer
Entre la bolsa y la vida
El Sol de México
8 de mayo de 2009
Como todo el mundo lo sabe, pero a veces algunos lo olvidan, para combatir eficazmente una enfermedad infectocontagiosa, existen varios instrumentos científicos. Pero debe distinguirse entre curar a un infectocontagiado y prevenir nuevos contagios.
Para el primer caso la ciencia médica cuenta con los antibióticos y los modernísimos antivirales. Se trata de terapéuticas que le devuelven la salud al enfermo. Y para el segundo caso -evitar nuevos contagios- se cuenta con las vacunas, las medidas higiénicas, la asepsia, la antisepsia, las técnicas del cerco sanitario y la cuarentena. El cerco o cordón sanitario es el aislamiento de individuos (o comunidades) enfermos o sospechosos de estarlo, en tanto que la cuarentena es el periodo de aislamiento al que se somete a las personas procedentes de zonas o países sospechosos de infección. Es claro que en lenguaje popular pueden usarse las expresiones cerco sanitario y cuarentena como sinónimos casi perfectos. Nada tiene de extraño, en consecuencia, que a raíz del reciente brote epidémico de un nuevo tipo de influenza en México o Estados Unidos y su conversión en pandemia, los gobiernos de muchos países hayan puesto en práctica la técnica del cordón sanitario. Y sólo una absoluta incomprensión de la necesidad de esta medida puede llevar a la censura de esos gobiernos. Las grandes mortandades de epidemias y pandemias del pasado remoto y reciente sólo pueden explicarse por el precario estado de la ciencia en esas épocas. Ignorancia que abarcaba, desde luego y en primer término, el desconocimiento del modo en que se propagaban las enfermedades contagiosas. Ejemplo clásico de esa ignorancia es la mortífera peste negra (o peste bubónica) que se llevó a la tumba a un tercio de la población de la Europa del siglo XIV. Y también la influenza española de principios del siglo XX que produjo 50 millones de muertos alrededor del mundo. Desde siempre, la propagación de esas patologías fue fruto de la ignorancia, las que sólo se combatían con rezos e imploraciones. Y huyendo de los sitios en que se había presentado la enfermedad, lo que contribuía a su mayor difusión. Otra habría sido la historia si entonces se hubiera sabido al menos que el aislamiento de los enfermos o de las poblaciones afectadas podía contribuir al control y contención de las epidemias. Quizá los críticos de las medidas del cordón sanitario tomadas por el gobierno de México y los de otros países desconocen o han olvidado esas trágicas lecciones de la historia. Pero esa ignorancia o ese olvido tienen remedio. Son abundantísimas y muy accesibles las fuentes científicas que documentan la imperiosa necesidad del cordón sanitario en casos de epidemia o de sospechas de ella. Consecuentes con el conocimiento científico actual, los gobiernos de China, Cuba y Argentina, entre otros, actuaron certeramente en defensa da la salud de sus respectivas poblaciones. Y esto en cuanto a las relaciones internacionales. Pero en lo interno, igualmente procedieron con acierto el gobierno federal, el del Distrito Federal y los de algunos estados. Hoy, a toro pasado, y sabiendo que la nueva cepa de influenza no es tan mortífera como lo han sido otras a lo largo de la historia, algunos pueden censurar los supuestos excesos, las presuntas sobrerreacciones, la pretendida paranoia. Pero lo cierto es que en lo futuro, frente a algún nuevo brote epidémico de cualquier patología, será inevitable acudir a la cuarentena. Y esto a pesar de las pérdidas económicas, casi siempre cuantiosas, fruto del cerco sanitario por la suspensión de las actividades económicas, incluso las fundamentales. Porque desde siempre y por siempre, entre la bolsa y la vida no hay disyuntiva razonable. www.miguelangelferre-mentor.com.mx Columnas anteriores
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