Opinión
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Arisco-Teles

Organización Editorial Mexicana
2 de mayo de 2009

Como lo canturreábamos hace ocho días, sigue el ritmo altisonante en el asunto de la epidemia y que ha provocado una emergencia de salubridad. En ese tenor, nuestro país ha pasado por otras circunstancias similares y sin tanto golpe en el atril (con menor infraestructura con la que se cuenta hoy) se resolvieron los asuntos de la poliomielitis, el paludismo y la fiebre aftosa, el siglo pasado con todo éxito al son de: "... te quero más que a mis ojos, pero quero más a mis ojos porque ellos te vieron".

Por lo anterior, podemos concluir que seguimos viviendo en el apremio y no en la prevención. Es decir, la falta de la cultura en la capacidad gubernamental y de la sociedad civil. Pues pensábamos que a partir del sismo de 1985 ya teníamos una cultura de la Protección Civil, sin embargo, vemos que las coplas al respecto resuenan a: "Tenía que suceder, al fin te has convencido que no puedes vivir separado de mí".

En ese sentido, debemos ser respetuosos de las autoridades del sector salud y contribuyamos a la solución del problema para liberar a la nación de este mal mortal que nos expondría a todos, sin distinción de ningún tipo. Este ejercicio nos serviría como entretenimiento, disciplina y para hacer conciencia nacional para erradicar otros males y salir adelante todos juntos, como lo dice el refrán "Unidos jamás seremos vencidos". Es decir, que cada quien cumpla por el bienestar y la salud de nuestros hijos, pues existen otras epidemias y pandemias que están en el saco roto: el asunto de la drogadicción, el alcoholismo, la trata de blancas, la muerte de migrantes, entre otros, y que nadie ha levantado la mano ni con el color azul de un cubrebocas con esa que dice: "El que escucha mi cantar dirá que estoy contento, yo canto por divagar esta pasión que yo siento, y que no puedo olvidar".

Por otro lado, regresando al asuntito de la epidemia, es claro que la omisión de algunos, la falta de información oportuna de quienes tuvieron conocimiento de la enfermedad no avisaron para tomar las medidas adecuadas han generado una responsabilidad que habría que investigar a fondo caso por caso para encontrar las causas y orígenes con versillos de: "Camioncito Flecha Roja, no te lleves a mi amor, mira cómo me dejas hecho pedazos el corazón... No se te olvide amorcito que me dejas en la estación, regresa pronto a mis brazos a calmar este dolor".

Pues con la vida de los mexicanos no se juega. Necesitamos saber cómo llegó y porqué creció de tal magnitud. La prevención ha sido nuestro talón de Aquiles, por ende, tenemos un problema serio de prevención, educación y cultura cívica, y si no que lo digan los versos de: "Mentira que me has visto llorar, pidiéndote un poquito de amor, yo nunca te he buscado, tampoco te he rogado, pidiendo compasión".

Que nos sirva de lección para salir de esta situación general. Esto es sólo el detonador de no atender a tiempo los problemas. Imaginemos qué pasará después de que pase esta fiebre sanitaria, que hay de la inflación, del desempleo, de la crisis económica, de la falta de propuestas serias electorales, de los insultos propinados con sopas de letras, de la impunidad del sexenio pasado, de la inseguridad y uno que otro asuntito que ha quedado en la flaca memoria de la mayoría de los que canturrean esa de: "Pensar que todo tengo y nada puedo yo tener, la vida me da flores, el sol me da luz".

Y ni hablar de la fiebre gubernamental capitalina en Ciudad de México, en donde fuera de cualquier protocolo sanitario se mandó cerrar los restaurantes y centros de comida, de donde dependen miles de personas económicamente hablando. Eso sí, las fritangas y la comida callejera que produce todo mal quedó libremente y contenta, pues estos últimos si generan sufragios, con esa que dice: "Hazme un mundo de caramelo, llena el aire con algodón, que los dulces caigan del cielo, las estrellas piñatas son, de repente las alegrías se me antojan de corazón".

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