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Opinión
![]() María Antonieta Collins
La fiebre porcina: el precio a pagar
Organización Editorial Mexicana
1 de mayo de 2009
Quienes conocen mi origen mexicano en las últimas horas están más que interesados por saber algo de mí: ¿Hace cuánto tiempo que fuiste a México? Mi franca respuesta los espeluzna... regresé el viernes pasado, y no traigo máscara, no estuve con nadie que pareciera sufrir de gripe, no siento que me vaya a enfermar, y nada más. Es que como millones, aunque una no quiera, la sola posibilidad de ser parte de los números que cada día aumentan, de gente con la mortal enfermedad, en verdad que quita el sueño y lo hace a uno leer para informarse de manera que, como millones también, mi vocabulario tiene más acepciones en otro tiempo inutilizables: influenza porcina, pandemia, pero de la de verdad, y qué sé yo cuantas cosas más. De lo nuevo que hay que hacer no me aterra volver a lo básico de la lavada de manos cada hora, que de esta forma me acuerdo de mi difunta abuela doña Raquel, la que nos desinfectaba con alcohol cada vez que abríamos una puerta que no se encontrara en casa, y en verdad que su remedio funcionaba para no enfermarnos de nada.
En fin, que la cosa no es tan sencilla pero no únicamente en referencia al contagio, en realidad hay otras cosas que me preocupan de la llamada gripe, influenza, fiebre porcina, que dicho sea de paso, se escucha mejor, o por lo menos diferente de la vulgar gripe, que mata igual o peor. Pero volviendo a mis preocupaciones, estas tienen que ver con pesos y dólares, es decir, con toda aquella reacción económica que surgirá a raíz de la epidemia y que son las consecuencias y repercusiones de todo tipo, por ejemplo, las migratorias. El brote sin lugar a dudas me dice un experto en el tema, hará que aumente la presión en el tráfico de indocumentados hacia los Estados Unidos, algo fácil de adivinar cuando en México se están cerrando fuentes de trabajo temporalmente y mientras tanto, las familias tienen que buscar como comer. Si la recesión norteamericana bajó la tasa de indocumentados mexicanos a lo más bajó en años, lo más probablemente es que la caída de la actividad económica mexicana vuelva a elevar la necesidad de buscar empleo donde sea y al precio que sea. La misma crisis podría jugar en contra de la reforma migratoria anunciada por la administración Obama y que parece inminente, porque los grupos anti-inmigrantes apostados a lo largo de la frontera con México, que ahora redoblan su tarea, como si haciéndolo sirvieran para detener el virus de la fiebre porcina, esos serán los primeros en oponerse ruidosamente a cualquier medida que propongan los congresistas. Pero preocupa más que la escalada de violencia aumente cuando pase la sorpresa y todo el mundo se acostumbre a usar la máscara, al subir al congestionado Metro, a los metrobuses, y los efectivos militares que están en plan de contingencia ayudando a la población, todavía no regresen a donde estaban patrullando y que era el escenario de la violencia. A Dios gracias México se adelantó a la tragedia y aceptó rápidamente tener el problema, algo que difícilmente se hubiera hecho en otro tiempo, tan a tiempo, y que abrió el camino a la solución. Ahora lo que quedará hacer cuando todo vuelva a funcionar, será la enorme tarea de relaciones públicas que asegure a los visitantes que en México no pasa nada, que fue un gran susto, pero que ya se fue. Entonces la industria turística, afectada hasta la raíz tendrá que hacer lo suyo, que dicho sea de paso, me ayudará enormemente con Luisito, el cartero de mi cuadra, el mismo que siempre entregaba a mano la correspondencia, y digo entregaba, porque del miedo al contagio de la fiebre porcina a manos de esta mexicana, el pobre hombre tiene una semana saludándome desde lejos, sin muchas ganas, y dejando el correo dentro del buzón. Columnas anteriores
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