Opinión
Everardo Moreno
¡Ah!, qué señoras, ¿y el señor?

Organización Editorial Mexicana
25 de abril de 2009

En la semana que está terminando, la señora Secretaria de Estado de los Estados Unidos, ante una de las comisiones del Senado de su país, intervino para solicitar que fluyeran con rapidez los recursos que se han aprobado para apoyar las tareas en contra de la delincuencia organizada en México.

Para fundamentar su solicitud, manifestó que era imprescindible hacer llegar esos apoyos, toda vez, citó casi textualmente, que los cárteles de la droga habían rebasado la capacidad de nuestro gobierno; que los delincuentes estaban mejor armados que las policías y el Ejército mexicanos; que era de importancia vital acabar con esos grupos; "aprehenderlos" "matarlos" (sic); que su gobierno, el del señor Obama, no podía dejar de solucionar este problema.

En términos generales, esas fueron las declaraciones de la señora Clinton.

Coincidentemente, se hicieron el 21 de abril, fecha en la que además de haberse fundado Roma, en el año 753 A.C., como mero dato cultural, también se conmemora la invasión de tropas estadunidenses al puerto de Veracruz en 1914, como mero dato dramáticamente anecdótico, y muy conveniente que no sea olvidado por nuestros políticos.

Pues bien, las declaraciones hechas ante el Senado Federal de nuestro vecino del norte, revelan de manera indudable, más que deseo de ayudar, deseo de intervenir, además de reflejar la manera en la que una extranjera califica nuestras instituciones. También dijo que el presidente Calderón de manera "heroica" desempeñaba sus funciones, al estar arriesgando cotidianamente su vida.

Esto es, México vive una situación, según esa funcionaria, de un peligro extremo.

Y ante esas declaraciones intervencionistas, alarmistas y nada corteses, la respuesta de la Señora encargada de nuestra política exterior, fue el silencio total. Ya que hablábamos de Roma, bien podemos decir que el que calla otorga.

Aceptamos entonces haber sido rebasados, y que nuestras fuerzas armadas son incapaces para derrotar a ese tipo de delincuentes, y que sólo con la ayuda de quienes se cobijan con la misma bandera que alguna vez, con sus barras y sus estrellas, ondeó en Veracruz, podemos salir adelante.

Por eso dije: "ah que señoras".

Pero, y el Señor Presidente, ¿también comulga con ese pensamiento? Ningún comentario o referencia para puntualizar y solicitar que en respeto a ese tan de moda pasado, concepto de la soberanía, se deje de meter, cualquiera que no sea nacional, en los asuntos que a nosotros nos incumbe resolver.

Por cierto, es oportuno y justo reconocer que los aseguramientos de estupefacientes que se han logrado materializar en esta administración, son de números cuya importancia no tiene precedente.

¿Entonces? ¿por qué? permitimos que nos consideren tan ineptos e incapaces.

¿Acaso no son dignos del mayor elogio los esfuerzos de quienes se encuentran en este combate contra la delincuencia organizada?

Por eso mismo, mal hizo la señora Clinton, pero para ella nada más podemos decir, porque siendo extranjera, ningún otro juicio podemos hacer.

Pero para la señora Secretaria de Relaciones Exteriores, como mexicano le exijo que cumpla con responsabilidad su encomienda, como también al señor que tiene el honor de ser nuestro Presidente, que responda con gallardía a esas afirmaciones irresponsables.

Mientras tanto, la vida de nuestro país transcurre con una preocupación más. La influenza que ha provocado, según algunos datos oficiales, más de cuarenta fallecimientos.

Esta enfermedad llevó al Gobierno a suspender las actividades escolares el día de ayer en todos los niveles, y al parecer, según corren algunas versiones, a mantener esa suspensión que podría extenderse a otros ámbitos, la próxima semana.

Confiemos que las medidas adoptadas por las autoridades sanitarias federales tengan el buen éxito que todos deseamos.

En lo personal, considero que así será. Confío plenamente en la capacidad profesional de los médicos mexicanos.
Columnas anteriores
Columnas

Cartones