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Opinión
![]() Mireille Roccatti
El problema de la escasez de agua
El Sol de México
24 de abril de 2009
"nullius boni sine socio iucunda possessio est"**
Ante la amenaza ecológica que supone el deterioro del medio ambiente, en todo el mundo se han propiciado iniciativas orientadas a su recuperación y conservación, en virtud de que el medio natural y sus recursos son bienes patrimoniales universales. La protección al ambiente incluye a la atmósfera, el agua, el suelo, las plantas y los animales, además de los elementos inertes (minerales, rocas, gases, vapores, y otros) como componentes de los diversos ecosistemas que conforman nuestro planeta. Actualmente el planeta está expuesto a grandes problemas globales como el avance del efecto invernadero; el adelgazamiento de la capa de ozono; la pérdida de la biodiversidad; el cambio climático, y la escasez de agua dulce; para el consumo humano, lo que ha repercutido en fuertes sequías y hambrunas en diversas partes del mundo. La necesidad vital de contar con una adecuada disponibilidad de agua, ha sido una constante en diferentes reuniones mundiales convocadas por la Organización de las Naciones Unidas e incluso por otros Organismos Internacionales, como el Consejo Mundial del Agua. El agua, como recurso natural, es finita y su disponibilidad se altera con la transformación de los ecosistemas. Los diversos ecosistemas proveen bienes ambientales a la sociedad. En el caso del agua, son la generación de lluvias; la filtración de agua que recarga los acuíferos; los escurrimientos que fluyen por los cauces de los arroyos y ríos; la retención del suelo que evita la erosión; el transporte por medio del agua corriente, de nutrientes que alimentan los ecosistemas acuáticos y llegan a las lagunas costeras y al mar. El agua es un derecho universal de todos los seres humanos. Se define mejor como el derecho al agua segura. Generalmente, se define como agua segura el agua apta para el consumo humano, de buena calidad y que no genera enfermedades. Con frecuencia el agua que consumimos es agua que ha sido sometida a algún proceso de potabilización o simple purificación casera. Sin embargo, determinar que un agua es segura sólo en función de su calidad no es suficiente. El concepto de agua segura debe incluir otros factores como la cantidad, la cobertura, la continuidad, el costo y la cultura hídrica. Es la conjugación de todos estos aspectos lo que define el acceso al agua segura. En este tercer milenio, el agua tenemos que conceptualizarla como un bien de la humanidad, y se habrá de caracterizar por el carácter vital y estratégico agravado por su escasez, ya que si bien los volúmenes globales de agua prácticamente no se modifican es evidente que en muchas ocasiones la actividad del hombre ha deteriorado grandes regiones ahora desertificadas, o bien ha contaminado importantes volúmenes de agua en ríos, lagos y presas, por lo que el agua dulce disponible se reduce en varias partes del mundo, especialmente en los países en desarrollo, por lo que el tema del agua ahora se debe abordar como un asunto de Seguridad Global. En especial, el tema de las aguas internacionales exige una atención conjunta de los países limítrofes de cuencas y ríos compartidos, a fin de evitar conflictos mayores y que la afirmación de que en el futuro las guerras no se libraran por territorios o por mercados, sino por el control del agua, se vuelva una realidad. Por otra parte, el funcionamiento de la naturaleza nos hace ver la íntima relación que existe en el binomio de bosques y agua. Si bien tendríamos que decir conservación de ecosistemas naturales-agua, para incluir los diferentes tipos de vegetación e incluso las zonas de humedales que proveen la recarga de mantos freáticos, del agua para usos diversos y para la generación de humedad ambiental que se refleja en la retención de sólidos suspendidos hacia la atmósfera. Las consecuencias de la sobrepoblación y el consecuente cambio del uso del suelo, son diversas: sobreexplotación de cuerpos de agua, abatimiento de los niveles freáticos, hundimientos del piso como en le caso del Valle de México, que en algunas zonas alcanza hasta los 50 centímetros anuales afectando la infraestructura urbana y las construcciones; la disminución de los servicios ambientales que ofrecen los ecosistemas naturales y pérdida de la biodiversidad; afectación a la calidad del aire por generación de partículas suspendidas. Lo anterior tiene una importante repercusión en la salud, especialmente de niños y ancianos; en la sustentabilidad del desarrollo económico e incluso en potenciales conflictos por el agua. A lo que habría que sumar la poca capacidad de tratamiento de aguas residuales que, en círculo vicioso, contamina cuerpos de agua adicionales. La participación corresponsable y organizada de la sociedad y gobiernos federal y estatal, en coordinación con las autoridades municipales, pero sobre todo con una estrecha vinculación con la sociedad, sabremos cumplir el compromiso global que tenemos con el planeta, mediante el desarrollo de acciones locales para heredar un mundo mejor a las generaciones del porvenir. **"La posesión de un bien, si no es compartida, no causa gozo". Séneca mroccatti@itesm.mx *Profesora investigadora de la EGAP del Tecnológico de Monterrey. Columnas anteriores
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