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Opinión
![]() De cara al Sol
Andrea Cataño Michelena
Artero-clerosis
El Sol de México
24 de abril de 2009
La Iglesia católica anda de cabeza y a últimas fechas no ha dejado de lloverle en su milpita. El papa Benedicto XIV parecería aislado por los muros del Vaticano y por una incapacidad de ver la realidad y mientras la grey a la que comanda merma y se confunde ante los ejemplos de disipación de sus pastores que andan con las sotanas demasiado sueltas y alborotadas.
Habrá ciertamente cientos de miles de sacerdotes verdaderamente santos que respetan sus votos y llevan vidas ejemplares. Sin embargo, la misma iglesia poco informa de ellos y, como desgraciadamente las buenas noticias no venden, nos enteramos de las ovejas descarriadas que también abundan y a las que se publicita muy ampliamente. Alguna vez fui creyente y católica practicante. Pero se me quitó hace mucho. Un cura idiota -el alzacuello no viene con dotación neuronal extra- acabó con mi fe en una discusión en la que la ignorancia y la imposición del dogma fueron las únicas armas para debatir con una adolescente inquiriente, la ley del karma para explicar las terribles injusticias y desgracias. El juicio final, el cielo, el infierno, el sufrimiento como camino a la redención y otros conceptos de la religión sucumbieron finalmente ante mi lógica cuestionadora. No obstante, respeto y hasta envidio a los que tienen una fe inquebrantable y creen a pie juntillas todo lo que dice el Credo católico. Los diez mandamientos por sí solos son suficientemente difíciles de observar. Los ministros de la iglesia, ordenados mediante sacramento, están obligados a guardarlos, además, de los votos de pobreza, obediencia y castidad a los que se comprometen de por vida en el momento de su ordenación. Para que los clérigos cumplieran diariamente con estos votos tendrían que ser almas privilegiadas cercanas a la santidad. La misma cabeza de la Iglesia incumple el primero de estos votos. El Papa y los altos prelados viven con opulencia, mientras que otros ministros lo hacen en condiciones de gran pobreza, porque esta institución no es nada equitativa, aunque sabemos que la caridad por la casa empieza. En nuestro país, sin ir más lejos, tenemos el caso de don Onésimo Zepeda, sibarita y bon vivant que se da una vidorra de magnate gracias a su "profesión", por llamarla de algún modo. Otro cura del mismo estilo, es Guillermo Schullemburg, quién todo se lo debe a la Virgencita de Guadalupe, a la que para colmo ya "desnegó", como diría la Chimoltrufia, causando con ello un escándalo mayúsculo. Si nada más fuera el pecado de la avaricia el predilecto de los sacerdotes, no sería finalmente tan grave. La riqueza impúdica palidece ante la lujuria y las desviaciones repugnantes como la pederastia. El padre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, es quizás el emblema perfecto del poder y la impunidad que se esconden bajo las sotanas poderosas para cometer el crimen imperdonable de robarle a un niño su inocencia y marcarlo para siempre. Los clérigos pedófilos están más allá de cualquier posible justificación, mientras que los alegres de sus cuerpecitos, merecen capítulo aparte. Ojalá algún lector ilustrado consiga desasnarme un poco en cuanto al origen de ese mandato contra natura que es el celibato. El impulso sexual, que es por principio de cuentas un instinto de sobrevivencia, no es algo que se pueda reprimir así como así. La sexualidad es inherente al ser humano y cuando no canaliza de manera normal, provoca toda clase de trastornos de personalidad con graves consecuencias. Como dije anteriormente, de los tres votos que hacen los curas al momento de profesar, quizá sea el de castidad el que menos se respeta y es solamente porque atenta contra la naturaleza. No es de extrañar que haya muchos hombres de la iglesia de sotana muy distraída, como Fernando Lugo, actual presidente de Paraguay, a quien le brotan más hijos que granos a un adolescente, concebidos todos cuando era obispo. En la Iglesia católica Ortodoxa, por ejemplo, los sacerdotes se casan, lo mismo que en las denominaciones cristianas y protestantes y en la religión judía, cuyos rabinos tienen familia, por eso los casos de pederastia o promiscuidad son mucho menos frecuentes. La Iglesia católica está en decadencia. Prelados como Maciel o Lugo solamente contribuyen a aumentar su desprestigio. Si quiere sobrevivir necesita una reforma muy a fondo que empiece por debatir la imposición absurda del celibato, la postura ante los anticonceptivos, el condón, el divorcio y otros temas en los que ha permanecido intransigente mientras el mundo le pasa de largo. Es difícil que algo cambie mientras viva el Papa actual, pero señalar la necesidad de modificaciones es un asunto que no podemos negar. andreacatano@gmail.com Columnas anteriores
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