Opinión
Pedro Peñaloza
¿Dónde está la agenda del país?

Organización Editorial Mexicana
17 de agosto de 2006

Babilonia, con toda su desolación, es un aspecto menos horrible que el de algunas mentes humanas en ruinas. S. B. Davies

¡Caramba!, uno debería estar escribiendo de una gran cantidad de temas que atraviesan preocupaciones, vidas enteras y perspectivas de existencia. Sí, deberíamos aprovechar este magnífico espacio para hablar, por ejemplo, de nuestro obsoleto sistema universitario, que es una gigantesca fábrica de desempleados potenciales y una cadena interminable de muchachos frustrados, por no ingresar a él o por tener que abandonarlo en los primeros años; o de que sólo cuatro entidades del país absorben la mitad de las remesas provenientes del vecino del norte, Michoacán, Guanajuato, Jalisco y Estado de México, que el 80 por ciento proviene de California, Texas, Arizona, Illinois y Nueva York, pero este volumen de recursos no modifica estructuralmente las condiciones de marginación de los receptores; ¿por qué no? También podríamos hablar de la "juvenalización" de la pobreza y el empleo, pues casi uno de cada cinco jóvenes del mundo subsiste con menos de 1 dólar al día y casi 50 por ciento vive a duras penas con menos de dos dólares diarios. El problema afecta más a las mujeres: sólo trabaja 24.2 por ciento de las mujeres de entre 15 y 19 años, 40.8 por ciento de las que tienen entre 20 y 24 años. En México los jóvenes de ambos sexos sufren el mayor nivel de desempleo abierto en el país, con una tasa de 4.6 por ciento, equivalente a 456 mil personas, que se traduce en que 17 millones de mujeres jóvenes no tengan acceso a ninguna oportunidad laboral. ¿Qué les parece la enfermedad de Fidel Castro y su impacto en la nomenclatura de la burocracia cubana, así como la euforia en las comunidades anticastristas residentes en Miami? Cuba, centro adorado de místicos y olvidadizos, que luchan por la democracia en México, pero se quedan calladitos cuando se les recuerda el sistema autoritario y despótico que ejerce el convaleciente Castro y sus revolucionarios vestidos de verde olivo. ¿Acaso se puede hacer abstracción de la cadena de ejecuciones que los cárteles del narcotráfico están practicando en gran parte del territorio? El profundo daño que produce el crimen organizado en el tejido social y en las capas juveniles tiene un efecto multiplicador, que pulveriza la solidaridad comunitaria y desaparece el sentido de pertenencia, con lo que la violencia se convierte en el inquilino permanente en la vida cotidiana de amplios segmentos de la población mexicana. Y ¿por qué no? Nos refrescamos la mente y colocamos un dato demoledor: en México se practican 850 mil abortos al año; como se sabe, en nuestro país cada año ocurren 4 millones 200 mil embarazos, de los cuales 1 millón 700 mil se pierden en sus etapas tempranas, y de ese total la mitad son abortos inducidos. Cada año mueren mil mexicanas debido a la práctica de abortos mal realizados. Sí, recordemos que el aborto no es un gusto, es el último recurso. La falta de educación preventiva e intercambio de información entre los padres, sector salud, las escuelas y entre todos ellos juntos, deja a las mujeres (especialmente a las jovencitas) en condiciones de indefensión y de vulnerabilidad insultante.

Pero no, no podemos desarrollar los temas arriba descritos, la polarización postelectoral y la radicalización creciente no pueden pasar desapercibidas para quienes queremos un país vivible y medianamente razonable.

En este compás de espera ninguna fuerza política está planteando alguna propuesta que nos conduzca a un puerto seguro y visible. Ante este vacío, López Obrador continúa imponiendo una agenda que se aleja de los reclamos electorales y se inserta en otra dinámica, que poco tienen que ver con los tiempos legales y jurídicamente aceptados por todos los actores que decidieron participar en las elecciones del dos de julio.

La dinámica del excandidato perredista puede ser la crónica de una ruta al precipicio, que ha venido avanzando paso a paso y que se ha ido configurando en sus homilías diarias y semanales en el Zócalo. Ahora, van directo a la confrontación, a darle la espalda al veredicto final del Tribunal Electoral. ¡Ver para creer! Un partido legalmente reconocido se opone a los resolutivos legales, contradicciones elementales de quienes creen en las elecciones sólo cuando obtienen el triunfo. Infidelidad democrática.

La ruta está puesta: diputados enfrentados a las fuerzas policiales, lenguaje crispado y tensión extrema, lo que sigue es subirle el tono al enfrentamiento, distorsionar la verdadera lucha de la izquierda democrática y sacar la bandera del martirologio. Perfecto. Todo listo: los que se opongan al bloqueo de calles y a los plantones son "objetivamente" traidores, tal como razonaba Stalin contra quienes pensaban distinto. El los mandó a asesinar, ¿qué harán los fundamentalistas mexicanos?

El tabasqueño ha dicho recientemente "prepárense para lo peor". ¿Qué significa esto en lenguaje terrícola? ¿Oaxaquizar el país? ¿Favorecer salidas autoritarias y represivas? ¿Impedir físicamente que el Presidente electo (por supuesto, en el caso que no sea él) asuma legalmente el mandato? Esto, en términos entendibles y llanos, significa llevar al país a una confrontación de incalculables consecuencias. ¿Esta es la agenda que un partido legal le propone a la nación?

pedropenaloza@yahoo.com
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