Opinión
Todo lo Bueno
Edmundo Domínguez Aragonés
Sustancia, la oxitocina, aumenta la líbido en humanos

Organización Editorial Mexicana
6 de marzo de 2009

Es el cerebro de las y los humanos, y de todas las especies que lo poseen, el auténtico órgano sexual que poseemos y poseen.

La psique hace lo suyo y la piel es el órgano sensible que recibe los "toques" y envía la señal al cerebro para que éste ordene al hipotálamo fabricar, de modo natural, la hormona oxitocina, una sustancia bioquímica que es enviada a la sangre por la parte posterior de la glándula pituitaria, liberándose en el cerebro durante la actividad sexual de las y los, incluyendo a los animales.

Se calculan en más de trescientas las zonas erógenas en el cuerpo y cuya motivación lleva finalmente al orgasmo.

Ni el ser más lascivo, ella o él, se aplica a buscarlas y, habiéndolas descubierto, ponerlas todas en acción y es que no es necesario hacer tal repaso ya que con estimular una decena o docena, es suficiente para poner a la gente eléctrica y continuar hasta el final.

Estas zonas son descritas ampliamente en el Kamasutra, donde se recomienda irlas descubriendo y utilizarlas: la mente es la zona erógena por excelencia y sus funciones principales consisten en el pensamiento y la imaginación.

Lo que sucede es que las y los se acostumbran a activar aquellas que ya han sido probadas y que no es necesario buscarle tres pies al placer, como no se le buscan al gato que es cosa inútil.

Incluso durante lo que se nombra acto sexual, la imaginación y el pensamiento se acompasan a todo lo que va siendo corporal.

Lo que ocurre es que en el cerebro, y en la psique, está profundamente arraigado el que los esfuerzos y logros de las sucesivas generaciones se perpetúen en los genes de las generaciones futuras, y de ahí su incesante actividad como órgano sexual que mueve todo el resto.

Lo que en estos Soles explican los profesores Ignacio Morgado Bernal y Gareth Leng es que "La oxitocina liberada en el cerebro desempeña un papel en la conducta sexual, e incrementa la líbido. No es la hormona del amor, pues no hay ninguna sustancia que lo sea. Simplemente, al liberarse, puede facilitar conductas de vinculación entre sujetos, no únicamente entre hombre y mujer, sino también entre padres e hijos, o entre hermanos o individuos que se relacionen afectivamente".

Precisaron los catedráticos, Morgado Bernal profesor de psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona, y Leng de la Escuela de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Edimburgo: "En animales como los conejillos, su liberación durante la copulación parece influir de un modo crítico en la fidelidad sexual de la pareja, pero en seres humanos pierde potencia y sólo actúa como una especie de aceite que lubrica el engranaje, mucho más complejo que, gracias a la corteza y otros sistemas cerebrales, así como a la experiencia y cultura de los individuos, determinan los vínculos interpersonales y la fidelidad de los individuos".

La oxitocina así, está relacionada no sólo con la conducta sexual, sino también con el maternal y social en general. Se libera por contactos afectivos en general, no necesariamente sexuales: reír con sinceridad, amamantar al bebé, acariciar e incluso está relacionada con la conducta generosa de los individuos.

La oxitocina ayuda, a sabiendas que es la testosterona la que mueve la sexualidad. Y el cerebro ahí está en lo suyo. Vale.
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